Tal vez esta pregunta no tenga sentido para los
que ya han resuelto, de algún modo, la pregunta por la
trascendencia.
Este caso sería el de los que afirman que "Dios"
(y todo lo que esté asociado a esa idea) no es necesario para
organizar y conducir la vida humana; y, por lo mismo, dicha
cuestión ya no es legítima. En lugar de solución, se dio una
disolución del problema.
Pero también es el caso de los que afirman la
"existencia de Dios" sin admitir cuestionamientos a sus
creencias. Es aún más difícil que esta pregunta sea
significativa para los que, cobijados por una institución
eclesiástica o por cualquier tipo de religión, creen asegurado
el acceso a la trascendencia a través de la adhesión a los
dogmas y de la práctica de los ritos mediadores.
La pregunta puede ser significativa para los que
todavía no resolvemos de manera definitiva esta cuestión que
consideramos propia del ser humano.
La interrogante planteada discrimina, de entrada,
dos modos de abordar la pregunta por la trascendencia, que se
relacionan con las dos soluciones ya mencionadas.
Un modo de entender la pregunta puede verse con
nitidez en la forma como se ha planteado el problema. Así, una
respuesta apresurada sugeriría que si le quitásemos cada una de
las manifestaciones históricas y culturales a la Religión no nos
quedaría nada: ni Dios ni ser humano. Lo cual implica que tanto
Dios como el hombre son una producción histórico-cultural; es
decir, producciones de la actividad humana.
Al parecer este es el camino que siguen algunos
de los que han disuelto, mas no resuelto el problema de la
trascendencia; sin embargo, también es, en parte, el camino de
los estudiosos (antropólogos, sociólogos, filósofos, teólogos
naturales) que ven en la religión un fenómeno cultural digno de
ser estudiado, pues permite analizar en la era de la razón y con
los instrumentos de la razón un momento en la "evolución" de la
especie humana, y por lo mismo transitorio y superable (A.
Comte).
Este modo provocador de plantear la pregunta
quiere dejar ver una actitud de búsqueda más profunda, al
enfocarla desde el aspecto histórico-cultural. Pues suponemos
que es posible que aun cuando las religiones reveladas afirman
que la religión no es una iniciativa del ser humano sino de
Dios, éstas se hayan valido de recursos humanos para trasmitir
los contenidos de la revelación. Recursos que podemos ubicar en
el tiempo y en una tradición cultural específica.
Así pues, el problema de la "fe" se trasladaría
de la fe en Dios a la fe en las instituciones depositarias de
los contenidos de la revelación y en las personas mediadoras de
la trascendencia. Es posible que algunos de los que han disuelto
el problema de la trascendencia en su vida hayan llegado a esta
conclusión y, por lo mismo, confundieron el medio con el fin, el
camino con el destino. Pero también es el caso de muchos que
afirman que es posible la religión sin institución o la
comunicación con Dios sin mediación de las iglesias.
Como se puede ver, el problema se hace más
complejo de lo que parecía. La búsqueda por la trascendencia
tendría que ir más allá o a través de las manifestaciones
culturales y momentos históricos particulares. Nadie puede negar
que los mismos recursos que nos sirven para esclarecer la
cuestión nos la puedan ocultar u opacar.
En esta búsqueda no nos anima un espíritu de
confrontación o de polarización en uno o en otro sentido, más
bien partimos del reconocimiento y valoración de la diversidad,
tanto de los que disolvieron la cuestión como de los que ya han
encontrado de algún modo una respuesta satisfactoria a esta
pregunta.
Dentro del estudio de la diversidad ésta es una
de las cuestiones que pueden aproximarnos a otros universos
culturales; la sensibilidad religiosa es un elemento fundamental
que genera de manera diversa la alteridad; pero más allá de este
interés, esta sección se construye a partir de una necesidad y
búsqueda personales. En siguientes entregas intentamos avanzar
en la construcción del problema esbozado en la pregunta inicial.