Planteamiento
El término “cultura”
subyace a las reflexiones y prácticas “multicultural”, “intercultural” y
“transcultural”, así como a los conceptos de “aculturación”, “inculturación”
y “transculturación”. Su significado e impacto dependen en gran medida de lo
que se entienda por cultura.
Independientemente del
origen y de los aspectos que comprenda su definición, “cultura” ha comenzado
a significar algo plural, diverso; de modo que resulta complicado hablar de
ésta en sentido unívoco o de una caracterización normativa propuesta desde
una matriz cultural única.
La apropiación de los
discursos y prácticas creados a partir de la multiculturalidad y de la interculturalidad en el país puede ser un indicador bastante confiable del
desarrollo desigual y diferenciado en la producción teórica y en la
comprensión de situaciones donde convergen pueblos con matrices culturales
diversas.
Esto se ve de manera más
clara en la legislación, en las políticas culturales, pero sobre todo en los
sistemas económicos y educativos; se tiene una percepción de incongruencia e
incluso de contradicción entre el discurso del grupo gobernante y lo que
ocurre cotidianamente en contextos de diversidad cultural.
Ante este hecho, podría
pensarse que sería mejor no introducir la discusión sobre
“transculturalidad” ahí donde todavía no se han asimilado los planteamientos
del multiculturalismo y de la interculturalidad o donde todavía no se ha
logrado traducir en leyes, políticas públicas, planes de formación docente y
programas escolares los compromisos teórico-metódicos de estas propuestas;
sin embargo, consideramos pertinente avanzar hacia lo transcultural, toda
vez que este enfoque cuestiona los supuestos del multiculturalismo y de la
interculturalidad así como su entendimiento de la cultura.
Ni el multiculturalismo
ni la interculturalidad han logrado superar las visiones que suponen una
relación jerárquica entre culturas: culturas de primer mundo y culturas
“marginales”, las cuales esconden los sistemas económicos neoliberales y
neocoloniales que las animan y a quienes conviene que haya culturas
“inferiores” para legitimar “éticamente” las prácticas ancestrales de saqueo
y explotación de los países “culturalmente más atrasados”.
Hemos propuesto en este
sitio hablar de “interculturalidad
horizontal” como momento de tránsito conceptual y metódico hacia la
transculturalidad; sin embargo, éste puede resultar un contrasentido, pues
se supondría que la interculturalidad debería garantizar la equidad y
reciprocidad entre las culturas; no obstante, nos encontramos con prácticas
sociales que suponen la existencia de una “interculturalidad vertical”
excluyente.
Tanto el
multiculturalismo como la interculturalidad vertical tienden a la
asimilación y al integracionismo de las culturas “inferiores”, “retrasadas”
a los núcleos “culturalmente fuertes” o, mejor dicho, a los núcleos
tecnológicamente avanzados o núcleos de economías hegemónicas.
Estas modalidades de
tratar con la diferencia buscan, no siempre de manera encubierta, la
disolución cultural del otro, reemplazan los núcleos ideológicos profundos
de las culturas (cosmovisión y lógica de construcción de mundo) por los de
la economía de mercado y el individualismo; en otras palabras, ocultan en
las políticas de desarrollo y educativas el núcleo cultural de los pueblos
para privilegiar las manifestaciones externas, casi siempre de tipo
folclórico como las expresiones artesanales y gastronómicas o festividades
ya desarraigadas de la comunidad, tipo espectáculo.
Podría decirse que el
multiculturalismo y la interculturalidad vertical le dan prioridad a la
pertenencia sobre la identidad; es decir, descuidan intencionalmente los
procesos de construcción de identidad de las culturas consideradas
“inferiores” para privilegiar los rasgos externos y estereotipados de
pertenencia e identificación.
La transculturalidad
supone que las culturas no existen de manera aislada, encerradas en sí
mismas, sino que, como núcleos, están decoradas en su interior con
prácticas, objetos y palabras de otras culturas; que dan pie a síntesis
culturales dinámicas y cambiantes: identidades culturales, sistemas abiertos
en constante transformación.
La transculturalidad
resalta la parte activa, propositiva y la estrategia de intercambio y de
conformación de horizontes culturales diversos que están en contacto; en
contraste con el multiculturalismo y la interculturalidad vertical, donde se
enfatiza la parte pasiva, receptiva y adaptativa de las culturas
consideradas “inferiores”, como criterio de éxito de los programas creados
en este sentido.
¿De qué manera puede
ampliar y enriquecer la transculturalidad el debate pedagógico en la
construcción de Pedagogías Indias? Esta es una de las preguntas que guía la
exploración de esta perspectiva; sin embargo, hay que aclarar que este
enfoque por sí mismo no garantiza que puedan superarse los grandes
desajustes entre las políticas culturales y los discursos y prácticas
pedagógicas en contextos de diversidad cultural; lo que nos puede ayudar a
entender es la manera como se van formado "transculturalmente" los pueblos
con sus individuos en el transcurrir del tiempo.