Con p’ijyo’tan germina la idea de
construir teorías y prácticas pedagógicas desde la perspectiva
de los pueblos originarios, en las
cuales pueda desplegarse el entramado de valores, el
conocimiento, los esquemas de acción, los estilos de vida, entre
otros aspectos, de las cosmovisiones de los pueblos de México,
para traducirlos en contenidos formativos y prácticas educativas
ubicadas histórica y socialmente, de modo que sea posible el
diálogo intercultural y el tránsito a hacia diferentes
universos culturales.
Hemos
tomado una palabra extranjera,
del maya-tseltal,
para referirnos al sentido del
tejido
que intentamos hacer con este proyecto.
Las
palabras que se toman de otras lenguas las
llamaremos palabras-intersticio, pues las
vemos como
puertas
que nos abren la posibilidad de tránsito en dirección y a través
de otras culturas, como resquisios
por donde han de fugarse, hacia mundos posibles, nuestros
anhelos de modos de vida distitnos, nuestros deseos incolmados
de otros estilos de pensar y de sentir; pero, sobre todo,
nuestras posibilidades de continuar existiendo.
P'IJYO'TAN,
una metáfora filosófico-pedagógica.
P'ijyo'tan
deriva de una inquietud
que surgió al entrar en contacto con los pueblos tsotsil,
tseltal, tojolabal y chol, y
se expresó en la
indagación,
a través de sus lenguas,
de
los contenidos de
algunos conceptos relacionados con categorías pedagógicas y
psicológicas, así como las prácticas formativas que estos
implican. Esta inquietud se nutrió y se transformó en vivo
interés en el diálogo con estudiantes universitarios hablantes
de esas lenguas. Muy al principio le resultó difícil a la
mayoría de los estudiantes encontrar en sus lenguas palabras
como: "formación", "educación", "enseñanza", "aprendizaje".
Después de algunos
meses de diálogos y de reuniones de trabajo más sistemático, fue
apareciendo un conjunto de índices y señales que nos revelaron
que la dificultad
para
encontrar palabras equivalentes a los conceptos que buscábamos
no estaba en el nivel de las palabras; es decir, en la
traducción literal de los conceptos, sino en el de las
representaciones culturales y en el de las relaciones que estas
palabras desplegaban al interior de dichas culturas; pero, sobre
todo, en el contraste con el uso que de éstas se hace en el
discurso y las prácticas pedagógicas escolarizadas
vigentes.
Así
fueron saliendo conceptos como p'ijubtesel
(formación,
educación, enseñanza),
p'ijilwinik y p'ijilants
(hombre
y mujer sabios, inteligentes) nopjun, nopel (educación
que se recibe a través de los libros, en la escuela).
Al mismo tiempo buscamos en algunos diccionarios palabras
relacionadas con los conceptos que nos interesaban. Por ejemplo,
en el Vocabulario
Tzeltal
de Bachajón
de M. Slocum y colaboradores (1971) encontramos los siguientes
significados de esta familia de palabras:
P'ij:
entendido, sabio.
P'ijyo'tan:
entendido, inteligente, sabio.
P'ijilo'tanil:
inteligencia, sabiduría.
P'ijubel:
aprender.
P'ijubtesel:
el aprendizaje, la enseñanza.
P'ijubtesel:
enseñar.
Hubo
otras aportaciones para ampliar el sentido de p'ijyo'tan;
por ejemplo,
Mariano,
un profesor
tsotsil
dedicado a la investigación de la enseñanza y del aprendizaje de
lenguas indígenas, nos dijo que en
la variante del
tsotsil de Carranza la palabra p'ij significa
“bonito”,
“bello”.
También hubo señalizaciones en el sentido de que la palabra
estaba emparentada semánticamente con "bondad", con "lo bueno".
Poco a poco la palabra comenzó a enriquecer sus posibilidades de
significación.
Recientemente el profesor Felipe Gómez Santiz, originario de
Oxchujk, añadió los significados de honestidad, integridad y
auntenticidad.
Es muy probable
que p'ijyo'tan
haga referencia a conceptos
como "entendimiento", "sabiduría", "inteligencia" y, muy
probablemente, a las ideas de "belleza", "bondad"
"integridad" y "honestidad".
Desde el año
2001, cuando comenzamos a indagar sobre estos conceptos,
hemos seguido
preguntando a los hablantes nativos sobre la manera en la que
ellos interpretan y significan esta palabra.
La mayoría la
traduce como "inteligente"; en una traducción más literal, otros
la interpretan como "de corazón inteligente", pues la palabra se
compone de p'ij, entendido, sabio, inteligente; de y,
indicador
de pertenencia para la tercera persona, y de o'tan,
corazón.
El
diálogo
que llevamos a cabo
con un grupo
de estudiantes tsotsiles, tseltales,
ch'oles y tojolabales,
con quienes nos reuníamos una vez por semana durante el primer
semestre del año 2001,
se vio enriquecido, entre otros, con los valiosos trabajos de
Antonio Paoli (2003), de Carlos Lenkersdorf (2002), y de una
variedad de textos literarios y académicos de escritores y
profesionales de distintos pueblos originarios.
A
continuación presentamos
algunas ideas sobre las primeras aproximaciones a
p'ijyo'tan
tomadas de las fuentes mencionadas, las cuales
no pretenden
agotar las posibilidades de interpretación del concepto y de las
actitudes o valores que hay detrás de él, y que seguramente
se irán
modificando en la medida en la que ganemos en comprensión de las
culturas mayances; pero que consideramos pueden guiarnos al inicio
de esta tarea. Antes de poner a consideración algunos
acercamientos analíticos a
p'ijyo'tan,
echemos un ojo al siguiente relato:
La
sapiencia tseltal.
“El
tseltal sabe muchísimas cosas sin que nadie se las haya
enseñado. Lleno de admiración contempla las estrellas y todo lo
que pasa por el cielo, así como también lo que se oculta en el
interior de una gran poza. Sus sabios oídos entienden lo que
dice el canto de los pajaritos cuando amanece y cuando el sol se
pone; sabe también lo que dicen las cuerdas que atan los postes
de su casa cuando las mece el viento. Al despertar conversa con
quien desee escuchar sus palabras, e inclina sus oídos a quien
le habla. Cuando despierta ha aprendido muchas cosas, pero su
boca permanece bien cerrada (acerca de ello). Durante el día,
sus ojos permanecen fijos en la tierra y se esfuerza por
aguantar sobre sus espaldas el calor de nuestro santo padre (el
sol). Tú puedes saber lo que hay en su cabeza y en su corazón, y
quizá logres darte cuenta de todo lo que encierran y de todo lo
que guía sus pasos. Sin embargo nadie sabe quién le concedió ese
hermoso regalo. Cuando el tseltal suspira, habla a solas con su
corazón; cuando se agacha para sembrar los granos de semilla,
recoge puñados de tierra con sus manos encallecidas por el
machete, y su corazón se regocija. Terminadas sus labores,
dirige sus pasos a casa y se tiende bocarriba sobre la tierra,
sabiendo que ella es su amiga del corazón. Nuestro santo padre
que atormentó su espalda durante todo el día, es el único que
sabe esto, pero no se lo comuniques a nadie. Tú podrás pensar lo
que quieras, pero si deseas conocerlo en verdad, nunca se lo
preguntes.”
(Avelino Guzmán, Bachajón, 1975)
Tomado de Maurer, Eugenio, (1984). Los tseltales. México:
Centro de Estudios Educativos.
Expresión plástica del proyecto
Sabiduría,
entendimiento, inteligencia, belleza, bondad, honestidad son,
entre otros, algunos de los sentidos asociados con el
significado de
p'ijyo'tan.
Sin embargo, no es recomendable pensar en estos conceptos de
manera abstracta, si queremos aproximarnos a ellos desde la
perspectiva maya-tseltal; por el contrario, hay que
visualizarlos anidados en nichos cósmico-eco-humanos
donde
germina
la vivencia cotidiana.
El
relato de cómo transcurre la vida de un tseltal y su sabiduría
nos arrebata y nos mete en una espiral o, mejor dicho, en el
movimiento serpenteante que nos eleva y nos sumerge
en
las profundidades, para volver a elevarnos,
y así sucesivamente.
El relato nos
presenta trece cíclos donde el flujo transita a través de la
unión íntima de los opuestos, flujo po(i)ético.
La
sabiduría, los afectos, las emociones, los movimientos, la
cognición, las actitudes hacia sí mismo, hacia los otros y hacia
el cosmos se entretejen y desparraman
en las
actividades y vivencias cotidianas. El movimiento y la cadencia
del relato nos lleva del cielo, al sol, a las estrellas y luego
nos hace descender al mundo subterraneo; del viento y del canto
de los pajaritos a la casa y a los pilares que la sositienen;
del trabajo arduo en el campo al descanso en la casa, sobre la
tierra, "amiga de corazón". El relato
nos permite acompañar el recorrido que va desde el diálogo
consigo mismo, que pasa por el escuchar atento y el hablar que
se activa por el interés del otro, es decir, en el diálogo
intersubjetivo, hacia la comunicación reverente e ininterrumpida
con la tierra, la semilla, el sol, el cielo, en un ciclo
continuo que se renueva cada día. Del mismo modo, podemos seguir
el trayecto que va del sueño reparador y nutriente a la vigilia
llena de colorido y de matices en las actividades, en los
encuentros.
Parece que
nada aquí
tiene principio ni final,
todo fluye
por las espirales como metáforas del flujo de la vida,
que
se desborda
a través de
las manos
encallecidas;
de
la actitud reverente con la que se toma y deposita la semilla;
de
los suspiros cuando se habla a solas con el corazón;
del
regocijo del corazón al contacto con la tierra;
de
los ojos que llenos de admiración contemplan las estrellas y
todo lo que pasa en el cielo;
del
esfuerzo que tiene que hacerse para aguantar sobre las espaldas
el calor de "nuestro santo padre el sol",
y se
derrama en la sensibilidad
y en el vínculo intersubjetivo de la comunidad.
El
tseltal aparece como
el punto de
unión en el cual se comunican las profundidades de la tierra con las alturas
del cielo; y, entre sí, todos los seres que los habitan. En el
mismo momento que el sol quema las espaldas, la mano toma la
semilla y se la regresa
a la tierra, que la nutre y la hace germinar. Todo su ser está
implicado de distintos modos en el flujo de la vida; es decir,
en el conocimiento, en el diálogo y en la cooperación con todos
los seres para mantenerse en la existencia:
sus
ojos, sus oidos, sus manos, sus pies, su espalda, su mente y,
principalmente, su corazón.
Sin
embargo, esta inmensurable sabiduría lo obliga a callar.
Bastantes canales percetivos y de comunicación están abiertos al
mundo, como para hacer venir a la palabra en auxilio de lo que
se expresa y adquiere significado en las vivencias y relaciones
cotidianas. Pero, acaso, no sólo por eso, sino por la veneración
y el respeto que se tiene al dador de dicha sabiduría; quien
trabaja mejor cuando la conciencia cede y se afloja en el sueño.
Calla para
resguardar el secreto y evitar la posibilidad de
fuga
de ese fluir místico a la conciencia y a las palabras, lo cual
podría significar una degradación y una trivialización de lo
inefable. Por ello, si se quiere saber,
“nunca
se lo preguntes”.
Con todo ello,
la sabiduría no pertenece al tseltal, está distribuida en el
gran nicho cósmico-eco-humano;
el tseltal sólo
se hace
partícipe, coopera con sus sentidos, su mente, su corazón y su cuerpo para
dejar que esa sabiduría se manifieste, para dejarla
rezumarse en ese gran nicho, para dejar
moldear(se) por
ella, como
en el caso de
la mano que se modifica por el uso de la herramienta
y se hace callosa,
la cual
lo comunica,
a su vez,
con la savia de la sabia tierra; pero, sobre todo, la sabiduría
del tseltal participa de la sabiduría del todo, en el sentido de
que es parte de todos los seres que se
comunican, cada uno según su medida. El entendimiento y la
inteligencia están anidados en cada nicho, entretejidos
estéticamente, formando la trama colorida de la vida. Tal vez,
pero sólo tal vez, en eso consiste la "Sapiencia tseltal".
La
cualidad del tseltal que se nos presenta en el relato es la de
ser p'ijyo´tan, " de corazón sabio, entendido e
inteligente". Además de este modo de distribuirse la sabiduría
danzando en la
constelación
infinita de lo cósmico-eco-humano,
podemos ver, de igual modo, la inteligencia anidada y
distribuida en actitudes y modos de ser cotidianos, que articulan
y cohesionan la dimensión comunitaria con la personal. La íntima
conexión con el universo, el cielo, la tierra, la comunidad no
podría pensarse si no fuera por el logro de una presonalidad
fuerte en la cultura india.
Quien haya leído la narrativa india habrá notado la forma tan
fina de tejer las tramas; las complicaciones en las que se
encuentran los personajes se resuelven, por lo general, en dos
sentidos: uno en el sentido de la ética y el otro en el sentido
del ingenio. Por un lado, aparecen las figuras que plantean, al
mismo tiempo, un problema moral y un problema de sensibilidad y
de pensamiento, que exigen una solución ingeniosa.
Ambos problemas
serán resueltos con éxito por personajes a quienes no se les
reconoce socialmente grandes dotes de inteligencia; o bien, son
resueltos por personajes que gozan de cierto prestigio y
reconocimiento al interior de las comunidades, pero que son
"menospreciados" por la cultura dominante. En este caso ser
p'ijyo'tan significa, como lo dice A. Paoli (2003), que cada
quien "encontrará maña para hacer las cosas"; se trata de que
cada quien será de modo personal hábil, ingenioso y capaz para
resolver las situaciones que se le presenten. Cada quien
desarrolla un estilo propio, original de enfrentar y solucionar
los problemas. A. Paoli nos dice que cada uno "toma de sí mismo
las capacidades que él mismo como individuo tiene"; dispone de
un modo personal de apropiarse y de administrar los recursos
propios. El que es p'ijyo'tan se manifiesta como alguien
"con capacidad y poder", que actúa con autonomía, pero en el
sentido de la comunidad. Transita de nuevo por la unión interior
de
los opuestos, cuando manifesta "iniciativa
personal y articulación colectiva". Ser p'ijyo'tan
significa, además, tener la capacidad para "llegar a consensos
dentro del marco de la comunidad". Actúa intersubjetivamente,
pues en su actuar se expresa el "sujeto individual y colectivo".
Lo
anterior nos indica que ser p'ijyo'tan implica "una
síntesis y una armonía personal";
el que es
p'ijyo’tan
sabe que el poder que tiene está dirigido, antes que nada, hacía
la autorregulación,
hacia la "autovigilancia", pues, después de todo "actúa desde su
interioridad, desde sí mismo". Ser p'ijyo'tan
implica, incluso, tener "poder para definir el propio estado de
ánimo", "opera según la causa de su propia integración"; por
ello tiene confianza en sí mismo y en la comunidad.
Ser
p'ijyo'tan, como lo sugiere A. Paoli, supone no sólo
adaptarse a las condiciones existentes, sino "poder generar
buenas condiciones de vida, generar un buen futuro"; el que es
p'ijyo'tan "causa los acomodos futuros". Por todo lo
anterior, ser p'ijyo'tan implica una actitud de profundo
respeto y genuino cuidado hacia el medio, hacía la comunidad y
hacia sí mismo.
Para
la cultura del maíz no podría haber otra metáfora más acorde con
este
estilo de vida que la "germinación" para referirse a la
formación.
Podemos hacer una distinción tentativa entre nopjun y p'ijubtesel,
palabras tseltales que traducen la de educación.
P'ijubtesel
se usa entre los tseltales para referirse al proceso por medio
del cual el sujeto se vuelve "único germinal",
deviene “único su corazón”
(A. Paoli 2003:101).
Nopjun
se usa en la traducción de la Ley general de educación
y
se refiere a la
educación escolarizada oficial, y da la idea de un proceso por
medio del cual el individuo busca la manera más adecuada de
aproximarse al texto, al libro,
para aprender.
Si se ve la cultura
tseltal como punto de partida, la palabra nopjun podría
verse como una palabra-intersticio; es decir como una puerta
hacia otras
expresiones
culturales;
por ejemplo, hacia la
versión mexicana de la cultura occidental y
hacia otras culturas
del mundo.
Esta idea también se encuentra en tsotsil, donde escuela se dice
chana vun, expresión que se compone de tres vocablos “chan
indica aprender, na casa, vun libro. La escuela es
donde se aprenden ‘papeles’ o libros. En este caso la escuela es
vista como una casa donde los niños de la comunidad comienzan a
tener contacto con la cultura escrita en la lengua española como
instrumento básico que les permite jam sat, abrir los
ojos, lo que indica el proceso para percibir cosas escritas que
hay fuera del entorno del niño. Este proceso está acompañado por
otro, es decir, jam ye, abrir la boca o sea adquirir la
capacidad de hablar según las letras escritas en los libros. El
otro es jam chikin, abrir los oídos, y se refiere a la
capacidad de escuchar y entender lo que dicen los libros”.
(Elías Pérez P. 2003: 83)
Podemos decir, entonces, que
p'ijubtesel y nopjun
son palabras-intersticio; las dos son al mismo tiempo puertas de
entrada y de salida.
P'ijubtesel
es la entrada para los que deseen encaminar sus pasos al mundo
tseltal por la puerta de la pedagogía,
de la formación desde la perspectiva de esta cultura;
y, al mismo tiempo es una puerta de salida de las prácticas de
la cultura oficial para quienes deseen explorar nuevos mundos y
tener vivencias
desde la perspectiva de la diversidad cultural.
Lo mismo ocurre con
nopjun, es una puerta
de entrada a otros universos culturales y la puerta de salida de
los pueblos indios de su propio universo cultural. Este aspecto,
si se nos permite avanzar en nuestro acercamiento a la palabra
que da nombre a este tejido desde una perspectiva intercultural,
nos hace añadir otro rasgo para la comprensión de p'ijyo'tan,
a saber: capacidad
para
hacer este tetramovimiento a través de las culturas.
Hemos introducido de manera implícita, al hablar de este
tetramovimiento a través de las culturas, las
ideas
de diversidad,
de crítica,
de estética y de ética.
Las palabras-intersticio mencionadas implican un doble
movimiento
doble.
Salir
de una cultura, quiere decir tomar una distacia crítica respecto
a la misma; entrar a un universo cultural diverso, implica, a su
vez, un modo
de entrar
crítico, ético y estético; pero al regresar a la cultura de
donde se salió, ocurrirían de igual modo estos dos movimientos
de la misma manera. Suponemos que estas
puertas no se cierran al salir ni al entrar,
quedan
abiertas para el próximo desplazamiento crítico,
ético y estético
a través de las culturas.
Ser p'ijyo'tan, desde
estas exploraciones podría querer decir, construirnos
trans- e intersubjetivamente
a partir de los valores de la diversidad cultural
y mediante estos
tránsitos a través de las culturas.
Estos
son sólo
algunos de los rasgos derivados de las primeras aproximaciones a
p'ijyo'tan; sin embargo, sabemos que hay que profundizar
y ampliar la
comprensión de este concepto, así como preguntarnos por la
posibilidad de transferir esta metáfora y sus implicaciones a
estilos de vida que se construyen en escenarios urbanos (otro
tipo de nichos cósmico-eco-humanos) y a partir de otro modo de
relaciones y de actividades para la conservación de la vida
digna; escenarios que son, cada vez más y con mayor frecuencia,
los lugares donde se tiene que resolver la existencia de muchos
de los pueblos originarios.