p'ijyo'tan

pedagogías indias

Marco Teórico

 

 

¿ES POSIBLE LA CONSTRUCCIÓN DE PEDAGOGÍAS INDIAS?

Planteamiento

 

Si aceptamos que la pedagogía tiene un origen histórico en la modernidad, es decir, en una tradición cultural específica, y que su origen está ligado con intereses religiosos (católicos y protestantes), económicos (capitalismo, feudalismo), políticos (liberalismo, conservadurismo) y sociales (sociedad urbana, sociedad rural) particulares; y que su estado actual hay que entenderlo a partir de que procedió, para su construcción, siguiendo más o menos los cánones del método científico de corte positivista o por los intentos de tomar distancia de estos; entonces. ¿qué posibilidad habría de emplear el término “pedagogía” para el desarrollo de teorías y prácticas educativas desde la cosmovisión mesoamericana (Pedagogías Indias); la cual pertenece a tradiciones culturales, necesidades y proyectos de nación diferentes de aquellos en los que la pedagogía tiene su origen y de aquellos en los que sus discursos y prácticas (racionales o post-racionales) siguen siendo vigentes?

Presentación.

En este bloque presentamos algunas consideraciones sobre la posibilidad de hablar de pedagogías indias. Planteamos algunos cuestionamientos a esta pretensión, pero al mismo tiempo aportamos argumentos y evidencias de la necesidad de llevar a cabo esta tarea.

            A partir del análisis de algunas alternativas se propone la construcción de pedagogías indias a partir de cuatro escenarios posibles; sin embargo, en este bloque nos interesa resaltar la posibilidad de construir modelos pedagógicos autonómicos para cada uno de los pueblos originarios; de modo que esta actividad pueda favorecer la educación intercultural horizontal y no sólo la interculturalidad vertical; indispensable para satisfacer necesidades específicas relacionadas con los movimientos de reivindicación y de liberación de los diferentes pueblos de México.

            Se mencionan brevemente algunas de las perspectivas teóricas y metódicas que podrían aproximarnos al conocimiento de los pueblos originarios y a sus maneras de ver el mundo; lo anterior para poder crear andamiajes pedagógicos de tránsito cultural; de recepción y de salida, en función de los tránsitos culturales que se decidan y se puedan hacer.

            El propósito principal de estos tránsitos culturales propuestos por pedagogías indias no sólo busca el entendimiento intercultural, sino la formación cósmico-eco-humanista, de modo que cualquier persona pueda tener acceso a la diversidad cósmico-eco-humana que ha producido la especie humana a lo largo de su historia.

 

 

I. Filosofía y pedagogía: diferentes interpretaciones e imposibilidad de reducción cultural de un universo a otro.

 

            Una característica que distingue a la pedagogía de otras disciplinas es que nunca asimiló en su constitución como campo especializado de conocimiento el concepto de logos como la psicología, la sociología o la antropología; y aunque en su origen intenta constituirse como “ciencia de la educación” de acuerdo con el modelo racional de conocimiento, mantuvo y mantiene hasta la actualidad una diversidad de posibilidades epistémicas de construcción teórica sobre el fenómeno educativo.

            Hay que agregar que el hecho de no haber incorporado lo que supone el logos en la palabra “pedagogía”, por la misma raíz etimológica de la que ésta deriva y por el uso originario de la palabra en el ámbito educativo (que se refería sólo a guiar o llevar al niño a la escuela), no implicó que históricamente los practicantes y profesionales de esta área del conocimiento hayan dejado de lado la idea de hacer de la pedagogía una ciencia; es decir, un conocimiento basado en la observación, formulación de hipótesis, experimentación, contrastación, refutación o verificación de las hipótesis sobre el fenómeno educativo, para la construcción de teorías sustentadas en las regularidades sobre dicho fenómeno, encontradas mediante la investigación científica.

            Lo anterior contiene, a grandes rasgos, la mayor parte de los matices que debe tener el conocimiento científico, racional, basado en la racionalidad del logos, modelo epistémico privilegiado por la cultura occidental.

            Hacer de la pedagogía una ciencia fue idea de Kant, quien impartió el primer curso de pedagogía a nivel universitario, al mismo tiempo que alababa el trabajo experimental de Basedow, en Suiza. Posteriormente, Herbart, su discípulo, intentó desarrollar el programa propuesto por Kant, y llevó a cabo el primer intento de construir la pedagogía desde el pensamiento ilustrado, que atribuía a la razón la capacidad de liberar al ser humano de todos sus prejuicios y supersticiones; de ese modo, se inicia un largo camino de la pedagogía en dirección hacia su transformación en ciencia, de manera similar a como se había desarrollado la psicología, la sociología, que emulaban el estilo de conocer de la física y de las llamadas ciencias exactas; sin embargo, al hacer un balance histórico de la pedagogía hay que reconocer que el pensamiento ilustrado no venció del todo al Romanticismo, otra corriente de pensamiento con la que la ciencia del siglo XVII debatía por el tipo de educación y de teorías pedagógicas que deberían garantizar la formación del ser humano, del europeo.

            En México nos sorprendió el discurso posmoderno, cuando todavía discutíamos las posibilidades de hacer de la pedagogía una ciencia al estilo de las ciencias de la modernidad, época en la que esta disciplina, como muchas otras, tiene su origen. Nos estamos refiriendo al siglo XVI, cuando aparecen las primeras obras pedagógicas en las que se relaciona a la educación con los proyectos expansionistas y con la emergencia del capitalismo en la Europa renacentista.

            La crisis del pensamiento racional y del sistema de vida creado y promovido por la modernidad, de la que todavía no terminamos de enterarnos en el país, llevó a soluciones poco afortunadas para referirnos al fenómeno educativo desde una actividad de construcción teórica sobre el mismo, por ejemplo, en lugar de pedagogía se empieza a hablar de “ciencias de la educación”, de “ciencias pedagógicas” o, en singular, de “ciencia de la educación”.

            No obstante, estas designaciones, que hacen más complicada, que no compleja, la justificación epistémica del conocimiento sobre el fenómeno educativo, retoman por una vía más directa, por medio de la ciencia, las pretensiones de las disciplinas que desde su origen incorporaron a su nombre la idea de racionalidad expresada por el logos, y que ahora, con la emergencia de nuevos paradigmas intentan sacudirse o por lo menos ponerla en perspectiva crítica.

            Si aceptamos que la pedagogía tiene un origen histórico en la modernidad, es decir, en una tradición cultural específica, y que su origen está ligado con intereses religiosos (católicos y protestantes), económicos (capitalismo, feudalismo), políticos (liberalismo, conservadurismo) y sociales (sociedad urbana, sociedad rural) particulares; y que su estado actual hay que entenderlo a partir de que procedió, para su construcción, siguiendo más o menos los cánones del método científico de corte positivista o por los intentos de tomar distancia de estos; y si agregamos lo señalado brevemente en los párrafos anteriores, entonces ¿qué posibilidad habría de emplear el término “pedagogía” para el desarrollo de teorías y prácticas educativas desde la cosmovisión mesoamericana (Pedagogías Indias); la cual pertenece a tradiciones culturales, necesidades y proyectos de nación diferentes de aquellos en los que la pedagogía tiene su origen y de aquellos en los que sus discursos y prácticas (racionales o postracionales) siguen siendo vigentes?

            Un problema similar se plantea Carlos Lenkersdorf (2002: 12) en su libro Filosofar en clave tojolabal. El mismo título es una expresión del cuidado que el autor muestra hacia los detractores de la diversidad y de la divergencia del pensamiento humano; pues, para evitar suspicacias renuncia a un título más contundente como “Filosofía Tojolabal”, “para no causar provocaciones y malos entendidos inútiles”.

            Seguimos brevemente la línea argumentativa del autor para afirmar la existencia de una filosofía tojolabal, y al mismo tiempo enfatizar el tacto con el que debate con la tradición científica europea, con lo cual no pretendo agregar otro ejemplo del cuidado que el autor tiene respecto a otras tradiciones, sino resaltar el peso y la carga que representa el pensamiento occidental europeo con su ortodoxia de hacer filosofía cuando se trata de producir conocimiento desde otras tradiciones culturales.

            La pregunta inicial, es “si en efecto hay filosofar o una filosofía entre los tojolabales”, pregunta que podría ser equiparable con la de nuestro interés sobre si hay una pedagogía tojolabal[1] y, en general, si es posible hablar de pedagogías indias como esquemas transitorios hacia una pedagogía tojolabal, por poner un ejemplo.

            La conclusión de Carlos Lenkersdorf es la siguiente: Sí existe “una filosofía bien pensada, bien reflexionada y muy consciente por parte de los tojolabales”.

            Para afirmar esto, nos dice, es necesario ir “más allá de aquello que se suele llamar filosofía en el contexto occidental”, sobre todo porque “la filosofía desde su nombre y por milenios parece pertenecer al mundo occidental”; además, muchos estudiosos de distintas disciplinas “son de la opinión de que la cuna de la cultura se encuentra en la Grecia antigua”, de modo que pareciera “como si existiera un maridaje entre filosofar y occidente” y, con estas ideas, sería imposible afirmar que fuera de esta tradición existiera la posibilidad de un filosofía que no se nutriera de las raíces griegas, que es la crítica principal que se ha hecho al trabajo de León Portilla, por poner un ejemplo, cuando trata de equiparar el pensamiento nahua con el desarrollo del pensamiento griego y de la filosofía occidental.

            Otros argumentos en contra de una filosofía tojolabal, que presenta el autor, son: “les falta capacidad crítica, tan típica en el filosofar occidental”, y que para aceptar su existencia, habría que demostrar que “su pensamiento se desarrolla conforme a la razón y no conforme a mitos. Que su argumentación se desarrolla según reglas lógicas y no arbitrarias. Que tienen reglas de pensamiento crítico.”

            Lo mismo podríamos decir en el caso de la pedagogía india, para afirmar su existencia es necesario ir más allá de lo que se llama pedagogía y de sus actividades teóricas y prácticas en la tradición occidental.[2]

            La tesis principal de Lenkersdorf para afirmar la existencia de una filosofía tojolabal es la siguiente: “las lenguas encierran en sí mismas cosmovisiones que explican las particularidades de las estructuras lingüísticas, las expresiones idiomáticas y, en total, la idiosincrasia de idiomas determinados. De esta manera se extienden por todas las ramificaciones de las lenguas y conforman lineamientos para el filosofar (...) En resumidas cuentas, la presencia de la cosmovisión en todas las bifurcaciones de las ramas de una lengua, conforman de manera diferentes el filosofar de una nación o cultura cualquiera.”

            En otras palabras, Lenkersdorf, sustenta su tesis en la relación que hay entre lengua y cultura con la cosmovisión de un pueblo; así pues, “todos los pueblos por tener una lengua están filosofando a su modo de filosofar”.

            Sin embargo, si aceptáramos esta línea de argumentación (así como la presentamos) para trasladarla a la pedagogía india, y sacáramos la misma conclusión, estaríamos cometiendo un error de razonamiento. Sería algo así como decir que por el hecho de que los pueblos indios hayan educado a sus hijos e hijas a lo largo de la historia, y sólo por ese hecho, es posible hablar de la existencia de una pedagogía india o, en plural, de pedagogías indias; es decir, de una sistematización teórica de los conocimientos y prácticas que tienen los pueblos originarios.

            Obviamente, Carlos Lenkersdorf no incurre en un razonamiento de este tipo. Por el contrario, afirma que “la presencia casi ubicua del concepto (nostros, por su peso filosófico para el pueblo tojolabal) caracteriza no solamente el filosofar en clave tojolabal, sino una filosofía bien pensada, bien reflexionada y muy consciente por parte de los tojolabales. Pero no se ha cristalizado en tratados elaborados.”

            En este punto es donde el trabajo del autor se torna relevante, pues su tarea, desde 1972, ha consistido precisamente en cristalizar “en tratados elaborados” la lengua, la filosofía, la espiritualidad, la cultura y el modo de vida tojolabal.

            Como se habrá advertido, aquí nos estamos refiriendo a filosofía de dos maneras distintas, y Lenkersdorf lo deja ver de manera más clara cuando afirma que sí hay filosofía, pero que ésta “no ha cristalizado en tratados elaborados”; y, al parecer, lo mismo ocurre con la pedagogía y otras áreas de conocimiento de algunos de los pueblos mesoamericanos.

            Veamos algunas respuestas que da el Dr. Maughn Gregory, de la Universidad Estatal de Montclair, a la pregunta ¿Qué es filosofía?, para comprender mejor la manera en la se habla aquí de ésta.

 

a) "Un verdadero sentido de lo maravilloso; una búsqueda de sentido más intensa que la curiosidad ociosa, una mezcla de emoción, entusiasmo y malestar, ansiosa de encontrar un significado mayor, más claro, amplio y más profundo.

b) Un campo de investigación sobre preguntas como “¿Qué es la justicia? ¿Qué es la belleza? ¿Qué es real?” Un despertar a las dimensiones filosóficas de la experiencia; por ejemplo: la dimensión lógica, la ética, la política, la estética.

c) Un método de investigación sobre dichos cuestionamientos, que siempre incluye la investigación sobre sus propios métodos. La dimensión cognoscitiva: la búsqueda de buen razonamiento. La dimensión social: la investigación cooperativa con una interacción humana crítica y creativa. La auto-corrección.

d)  Una categoría o un tipo de literatura mundial que registra siglos de este tipo de investigación. El canon filosófico, con ramificaciones, que incluyen la epistemología, la estética, la ética, la política, la lógica y la metafísica.

e)  Una disciplina académica: Una comunidad de profesionales bastante exclusiva, dedicada a preservar el canon, perpetuar el método y la práctica de la filosofía; es decir, en la búsqueda de cuestionamientos relevantes y trascendentales.

f) Un pasatiempos de aficionados, entusiasmo compartido, un pasatiempo individual y social: círculos de lectura, grupos de discusión, Cafés Sócrates, discusiones de sobremesa, en tabernas, cafeterías; reflexiones privadas en el bosque, en el sillón de lectura.”

 

            Al parecer, Lenkersdorf afirma que los tojolabales, y en general los pueblos originarios del mundo, filosofan en los sentidos indicados en los primeros tres incisos, y tal vez en el último sentido, y su tarea, con éste y sus otros trabajos así como ahora con su práctica docente en la UNAM, será no sólo “descubrir el filosofar correspondiente, sino (...) indicar dónde y cómo se manifiesta”; esto es, avanzar en la construcción de una filosofía como se concibe en los incisos D y E.

 

 

            De manera similar, es posible hacer algunas distinciones respecto a la comprensión que tenemos y a la manera de referirnos a los distintos contenidos y prácticas que comprende la pedagogía. En la literatura y en la acción educativa es posible distinguir la pedagogía de la siguiente manera:

 

I.1. Pedagogía vista como práctica educativa.

           

            En este caso, pedagogía y educación se refieren al mismo tipo de práctica: “En su sentido clásico, ‘pedagogía’ –conducir al niño, acción de cuidarlo, de formarlo, de desarrollarlo- y ‘educación’ –crianza, desarrollo, y al mismo tiempo conducción, llevar a la madurez- venían a expresar en el fondo la misma actividad conductiva, en relación con el crecimiento y la maduración.” (A. Sanvisens, 1987:5) En esta dimensión, pedagogía y educación son una y la misma práctica, lo anterior se puede constatar cuando encontramos situaciones donde se dice que se requiere de ‘pedagogía’ para tratar a los niños(as), lo cual puede interpretarse como la activación de un conjunto de acciones y actitudes para conducir al educando, cuidarlo, formarlo, desarrollarlo; actividades que son comunes, en este caso, con la acción educativa.

            En esta primera dimensión, pedagogía y educación coinciden, pues ambas se refieren a la misma actividad. Tal vez por ello resulta difícil, en algunos contextos, distinguir entre la disciplina (pedagogía) y el fenómeno que ésta estudia (educación), pues a la acción pedagógica también se le llama con este nombre, pedagogía. En cierto modo podríamos hablar de una cierta intuición pedagógica en las prácticas educativas de padres o de madres que educan a los hijos sin haber estudiado esta disciplina.

 

I.2. Pedagogía vista como filosofía de la educación

 

            La práctica pedagógica o educativa la realiza la familia y la comunidad de manera espontánea, en sociedades donde la división del trabajo no es tan marcada o todavía no se han especializado las actividades productivas y de servicios; en la acción educativa participa toda la comunidad y la formación que se recibe es, en cierto modo, sólo la necesaria para reproducir (conservar) las actividades productivas y el sistema de valores que le dan sentido a la vida comunitaria.

            En cambio, en sociedades más complejas, es necesario hacer explícitos los fines, los medios, los contenidos, los métodos, las instituciones y los agentes de la educación; sobre todo por que la función educativa se delega a personas o instituciones especializadas en esa tarea. Por lo general el grado de complejidad puede entenderse desde diferentes fuentes: una mayor especialización y distribución del trabajo, el crecimiento demográfico de un pueblo, o el desplazamiento del territorio o de la comunidad; es decir, por fenómenos migratorios, de expulsión o simplemente por buscar alternativas para reconstruir la comunidad.

            Cuando este cambio ocurre en una sociedad, es posible hablar, además de la práctica educativa, del pensamiento pedagógico que la orienta. La educación se convierte, en cierta forma, en una práctica que obedece a los proyectos de conservación y reproducción del modo de vida de un pueblo, de acuerdo con la propia cultura e historia. En esta dimensión la educación se refiere a la práctica y la pedagogía al pensamiento o reflexión sobre los fines y contenidos de la educación. Cuando esto sucede, la pedagogía es vista como una filosofía de la educación, aun cuando ésta no se haya expresado sistemáticamente en documentos y en teorías.

            La pedagogía, en este sentido, se concentra en el ideal formativo que una cultura propone para los miembros de la comunidad, sobre todo a la actitud crítica para proponer modos alternativos de realizar el proyecto histórico y cultural de un pueblo. La pedagogía es vista como paideia (o p’ijubtesel, en tseltal), es decir, como formación de acuerdo con el ideal de ser humano que tiene una cultura o un pueblo en un momento de la historia, y no sólo con la trasmisión de los conocimientos técnicos e instrumentales que posibilitan la producción material de la vida.

 

I.3. Pedagogía vista como arte y como técnica.

 

            La téjne (técnica) es una de las formas de proceder del artesano, quien sabe lo que hace en la medida que lo hace, es la aplicación de conocimientos en la realización de una concepción artística determinada; en ese sentido es un “saber hacer” guiado por reglas, propio de un oficio o arte. Sin embargo, el arte es más que la pura téjne, porque en la actividad artesanal hay un elemento intuitivo, sensible, espontáneo, casi ciego, del que no siempre se puede dar cuenta y es difícil de comunicar. Este elemento es la “inspiración” del artista que hace de su obra algo único e irrepetible; pero para tener completo el concepto de arte se requiere de los dos elementos: la inspiración y la téjne, y es en este sentido que en el surgimiento de la pedagogía se le interpretaba, y se le interpreta en cierto modo hoy, como arte, con sus dos elementos constitutivos: inspiración y técnica (téjne).

            En esta perspectiva, además del aspecto intuitivo y sensible de la inspiración (por cierto relativamente descuidado en el discurso y práctica pedagógicos), la pedagogía es vista más como un procedimiento guiado por reglas para la enseñanza o la instrucción. La técnica (téjne) tiene la característica de un “saber hacer” que puede comunicarse, pues se basa en una secuencia de pasos y en reglas de ejecución más o menos fija, y generalmente se deriva de un conocimiento sobre la estructura de la actividad; del conocimiento del ámbito al que se aplica, así como de la relación que hay entre su aplicación y los efectos deseados.

 

 

I. 4. Pedagogía vista como ciencia

 

            Otro de los formatos en los que se presenta históricamente la producción y comunicación de conocimiento sobre el fenómeno educativo es el de ciencia o el de disciplina científica. Es común encontrar en libros de texto definiciones de pedagogía como “ciencia de la educación”; sin embargo, esta afirmación puede considerarse como una noción de sentido común, si no se explora el sentido y significado de la misma, así como sus alcances para la producción de conocimiento y la formación y el ejercicio profesional.

            Cuando nos referimos a la “ciencia”, como sucede con otras construcciones simbólicas que hace el ser humano para adaptarse y trascender la naturaleza, no nos referimos a un concepto cerrado, aunque por mucho tiempo se dijo que la única ciencia válida y de prestigio era la ciencia de corte positivista. Cada vez y con más argumentos se consolidan versiones de la ciencia más flexibles, de modo que la actitud crítica que preside el surgimiento de la ciencia moderna frente a otras formas de conocimiento y su posición de auto-corrección sobre sus propios logros, son algunos de los elementos que nos permiten emplear del término de “ciencia” como otra dimensión comprensiva e interpretativa de la pedagogía.

            En este caso, podemos hablar de la pedagogía como una ciencia que vuelve de manera crítica sobre la práctica que está implícita en las teorías de la educación. Si la teoría puede verse como una interpretación de lo real que implica de manera no causal un esquema de acción; entonces la teoría científica es una interpretación que se construye de manera sistemática y que crea los procedimientos e instrumentos para valorar la pertinencia de dicha interpretación así como el esquema de acción que implica; tiene la pretensión de poder relacionar la interpretación del fenómeno educativo con el tipo de acción que realiza de acuerdo con un modelo final o causal; sin embargo, no deja de ser una manera más de interpretar la pedagogía, que como las otras tiene sus ventajas y desventajas.


I. 5. Pedagogía vista como tecnología educativa.

 

            La técnica artesanal (téjne) es perfeccionada a partir de los conocimientos científicos sobre un evento, proceso o estado de cosas, lo cual da lugar al surgimiento de la tecnología. La técnica no sólo es un modo de intervenir en el mundo, es también una forma de conocimiento, por ello es posible considerar la tecnología como un ámbito relativamente independiente y autónomo respecto de la ciencia, en cuanto a la manera de ver el mundo y de relacionarse con él, que subyace a su lógica de construcción y de aplicación del conocimiento.

            Juana Ma. Sancho (1998: 7) define la tecnología como el  “conjunto de saberes que nos permiten intervenir en el mundo, como el conjunto de herramientas físicas o artefactuales, psíquicas o simbólicas y sociales u organizativas, que nos están refiriendo a un saber hacer, que bebe de las fuentes de la experiencia, la tradición, la reflexión sobre la práctica y las aportaciones de las diferentes áreas del conocimiento.”

            Estas reflexiones sobre la tecnología pueden aplicarse a la comprensión de la pedagogía como una tecnología educativa, no sólo por valerse de recursos tecnológicos sino porque crea y ejecuta dichos recursos tomando en cuenta las teorías y las prácticas pedagógicas.

 

            Si tomamos como referencia estas cinco formas de entender la pedagogía, y procedemos de manera similar como se hizo con el caso de la filosofía, podemos afirmar que sí es posible suponer la existencia de  la pedagogía entre los pueblos mesoamericanos.

            Podríamos afirmar que existe como práctica educativa, pues, la educación ha acompañado al ser humano desde su origen como especie; y tenemos evidencias de procedimientos educativos muy complejos e integrales en algunos pueblos originarios, entonces, como actividad educativa, decimos que sí es plausible hablar de pedagogías indias.

            Pero también se puede decir que ésta existe como arte y técnica, pues en los pueblos mesoamericanos es común que la educación se realice de manera artesanal con el fin de preparar a los hijos para realizar las tareas y oficios que les permitirán reproducir la cultural y asegurar las condiciones de vida.

            También es posible reconocer la interpretación de la pedagogía como tecnología, pues en la enseñanza y en el aprendizaje se aplican recursos instrumentales de carácter técnico para lograr con éxito la educación, además muchos de los contenidos y de los procedimientos que se aprenden tienen una organización de tipo tecnológico.

            Si seguimos el estilo de argumentación de Carlos Lenkersdorf respecto a la filosofía, es decir, si modificamos y hacemos más flexible nuestra manera de enfocar la situación, que procede de nuestra mirada occidental mexicana del conocimiento, entonces diríamos que hay también la posibilidad de ver la pedagogía como filosofía de la educación entre los pueblos mesoamericanos; pero como en el caso general del filosofar que propone Lenkersdorf, esta filosofía de la educación tampoco estaría todavía sistematizada en tratados o libros de texto, sino que existiría diluida e informando las prácticas cotidianas de formación de los pueblosde México.

            Lo mismo podría ahora decirse de la pedagogía como ciencia, seguramente no se trata de una ciencia de corte positivista como a la que estamos acostumbrados; tal vez tampoco se encuentre escrita en tratados, pero sí podemos asegurar que hay teorías implícitas que orientan a los pueblos para llevar a cabo la educación de sus hijos e hijas. Teorías que permiten juzgar la pertinencia de los contenidos, los procesos y los resultados del proceso educativo que llevan a cabo los pueblos mesoamericanos.

            Con la línea argumentativa seguida hasta ahora podemos aportar algunos elementos de respuesta a la problemática que nos hemos planteado.

            Como se ha podido ver, no ha sido necesario salirnos del pensamiento y de los conceptos heredados de la tradición occidental para postular que sí es posible,  y hasta hemos podido sugerir en qué medida, hablar de pedagogía entre los pueblos originarios, por ello, podemos tender un puente entre este hecho y la intención de construir pedagogías indias, como lo hizo Lenkersdorf con la filosofía.

            Si se ha podido lograr esta conclusión ha sido porque se han adoptado posturas e interpretaciones más flexibles e inclusivas del lo que entendemos por filosofía y pedagogía; y a su vez, por ciencia, tecnología, arte, técnica y práctica pedagógica.

 

 

            Podemos inferir de esta exposición que sí existen en los pueblos originarios contenidos, prácticas y un conjunto de valores que pueden designarse como filosofía y como pedagogía.

            Sin embargo, si fuéramos más críticos en nuestra forma de razonar, entonces tendremos que decir que lo único que hemos dicho es que esas prácticas, contenidos y valores de la educación entre los pueblos mesoamericanos, a las que nos hemos referido, sí pueden ser interpretadas y traducidas a nuestros conceptos de filosofía y de pedagogía, pero tal vez no se ha dicho que sea posible la construcción sistemática de teorías pedagógicas y de filosofías “indias” desde la perspectiva mesoamericana de producir y usar el conocimiento.

            Podríamos dejarnos llevar por la fantasía, y suponer entonces que los pueblos mesoamericanos podrían proceder del mismo modo como lo hicimos nosotros y afirmar que: “en la “cultura occidental” sí hay una práctica educativa, que ésta se puede interpretar y realizar de acuerdo a los modos de producir y comunicar el conocimiento de los pueblos originarios y que, además, es posible ver que eso llaman pedagogía podría ser equivalente a  p’ijubtesel.

Este juego de espejos puede redundar en un callejón sin salida; pero, en sentido estricto sería muy difícil que en la cultura mesoamericana hubiera algo parecido a eso que occidente llama pedagogía. Y que igualmente difícil sería que en la cultura occidental hubiera algo que, por ejemplo, en tseltal, se llama P’ijubtesel”; en todo caso se trataría de contenidos y prácticas equivalentes, pero sin posibilidad de reducir (traducir) una a la otra.

            Pero se podría descartar un razonamiento de tal naturaleza, pues éste supondría una aislamiento o un cierre muto de las distintas tradiciones cultural; y sabemos que éstas no existen en estado de aislamiento; sino en interacción dinámica y creativa.

El reto teórico y metódico de pedagogías indias es poder construir teorías y prácticas pedagógicas desde los modos de observar, describir, interpretar, orientar y evaluar las prácticas educativas de los pueblos mesoamericanos, tal vez este sería el primer paso de pasar de pedagogía indias a una pedagogía maya-tseltal, por poner un ejemplo.

            Así pues, con el razonamiento anterior hemos llegado a justificar racionalmente la posibilidad, “¡qué va!”, la necesidad de construir pedagogías indias. Pero como partimos de una actitud de autocrítica, suponemos que si esto fuera posible y viable, entonces habría que preguntar legítimamente, ¿cuál sería la estructura de Pedagogías Indias, si estas se construyeran desde la manera de ver, conocer y educar de los pueblos originarios?

            Lo que se ha expuesto no es trivial, si es que queremos explorar a fondo la constelación de problemas que nos plantea el propósito de esta investigación, la construcción de pedagogías a partir de la cosmovisión y proyecto de reconstrucción de cada pueblo de México.

            Como ya se dijo, lo que hemos demostrado hasta ahora es que el universo cultural mesoamericano nos parece que es interpretable y puede hacerse comprensible para nosotros traduciéndolo en categorías más flexibles y abiertas del pensamiento occidental, pero con ello no nos  hemos movido ni un ápice de un apostura etnocéntrica y colonizadora típica de la forma de mirar de occidente en dirección de lo diferente, y con mayor razón si esto diferente es lo que nos habituamos a llamar “pueblos indios”.

            Una actitud crítica ante nuestro propio planteamiento sería suponer que en cualquier momento podríamos escuchar o leer un argumento parecido al que expusimos por parte de cualquier habitante o por parte de cualquier pueblo mesoamericano. Pero tal vez para muchos esto suene a mera especulación, veamos un caso, que se acerca a lo que acabamos de decir.

 

“Hay algunas costumbres que hay que cambiar –pero en todas partes, en todos los estratos sociales. Pero a partir de qué se cambia. A partir de la educación. Entonces nosotros tenemos que trabajar la educación. Pero una educación que sea acorde a la realidad de las comunidades y los pueblos indígenas, inclusive a la nación mexicana. Porque los contenidos que ahora se manejan ni siquiera son de acuerdo a México. Al país pluricultural que existe en México. […] No necesitamos que nos vayan a alfabetizar, que nos vayan a enseñar a leer y a escribir el español y el contenido sea el mismo, sea el occidental nada más, eso no tiene que ver con las comunidades indígenas, ni siquiera en el país existe una verdadera educación bilingüe ni bicultural, que eso es lo que debiera ser.”

(Virginia Pérez, de Servicios del Pueblo Mixe. La Jornada, 27 de marzo, 2001.)

 

 

            Lo que pretendo establecer en este momento es precisamente el hecho de que la construcción de pedagogías indias, desde una perspectiva de diversidad cultural, implica una serie de consideraciones previas que tienen que realizarse, por lo menos como ejercicio metódico (lo que se intenta hacer en los bloques de construcción metódica), antes de arriesgarse a proponer la construcción de un proyecto de este tipo.

             Suponer que la diversidad cultural implica la existencia de universos diversos, con sus mundos, sus versiones, variaciones y variantes; es decir que habitamos mundos diversos, donde no es posible reducir los contenidos y valores culturales de un universo a los valores y contenidos culturales de otro; como se intentó hacer en la primera parte de la exposición. Podríamos postular el principio de inconmensurabilidad entre universos y entre mundos actuales o posibles.

            Lo anterior implica la construcción de un sistema de traducción e interpretación de un sistema cultural (en este caso, filosófico y pedagógico) a otro; es decir, un sistema de traducción de las categorías occidentales al universo cultural mesoamericano y otro sistema de traducción de las categorías mesoamericanas a la cultura occidental. Pero para lograr esto sería conveniente desarrollar perspectivas teóricas y metódicas que nos aproximaran hacia las fronteras de ambos universos culturales, de modo que la comprensión se moviera desde los bordes de contacto hacia los núcleos de las distintas tradiciones culturales y, sobre todo, a partir de los entramados de significados tejidos (con hilos de las dos tradiciones culturales) en las relaciones cara a cara y en las mediadas institucionalmente y que parecen no problemáticas y que, además, se tiene la creencia de que permiten el entendimiento muto.

            Para lidiar con estas tres consideraciones previas se propone la lógica modal, para tratar la diversidad de mundos, variaciones y versiones culturales dentro del mismo universo cultural y ente universos culturales diversos, como el caso que nos ocupa. Este mismo enfoque, el de la modalidad, como se puede ver en la construcción metódica, nos permite crear un procedimiento para la traducción e interpretación de contenidos culturales y decidir el significado de éstos en un mundo y entenderlos en otro.

            Por medio de la modalidad es posible no sólo construir equivalencias en varios mundos de contenidos culturales; sino derivar implicaciones pedagógicas para la formación del ser cósmico-eco-humano; toda vez que, no sólo se trataría de obtener una fórmula de equivalencias culturales que nos permitan entender el significado de un objeto cultural en su universo de procedencia y, posteriormente contrastarlo con el significado del universo de procedencia de otra persona para que pueda haber entendimiento intercultural y convivencia respetuosa, sino que se trataría sobre todo de formarnos y ser competentes en ambos universos culturales.

            Además de esto, que ya es valioso para la educación intercultural, este método nos permite ampliar conceptualmente nuestra interpretación y comprensión del mundo, de los demás y de nosotros mismos, pues, permite el acceso a la pluralidad de significados que la especie humana ha creado respecto a un objeto simbólico o físico a lo largo de su historia y desarrollo cultural. Esto es lo que podría ayudarnos a avanzar en la construcción de Pedagogías Indias desde una perspectiva no etnocéntrica.

            Otro elemento que proponemos para crear condiciones favorables para la construcción de Pedagogías Indias es retomar lo que llamamos pensamiento aproximado que es, al parecer, uno de los modos de pensamiento cultivado por los pueblos originarios. Este tipo de razonamiento lo encontramos sistematizado  en las lógicas difusas (L. A. Zadeh 1975), de acuerdo con el cual, la calidad de nuestros pensamientos es borrosa, vaga, difusa; y al parecer así también es el conocimiento que podemos tener de lo real.

            Este tipo de pensamiento se construye a partir del mundo, que también se puede ver como un universo incierto, de límites borrosos; de modo que sería difícil afirmar la existencia de categorías cerradas, por ejemplo, desde esta lógica, sería difícil establecer dónde termina lo “indígena” y comienza lo “mestizo”; dónde la comunicación es comprensible y dónde ya no; dónde empieza el universo cultural mesoamericano y dónde termina el universo cultural de occidente, o los bordes de sus versiones, variaciones o variantes.

            Con este estilo de pensamiento, que suponemos es cercano al modo de pensar y de conocer de los pueblos mesoamericanos, evitamos la tentación de pretender lograr pedagogías indias precisas, ciertas, válidas para la diversidad de mundos actuales y posibles, que se refieran o tengan como destinatarios unilateralmente a dichos pueblos.

            Además de este tipo de consideraciones, pensamos que es conveniente ver las diferencias culturales como un momento característico de la evolución de la especie humana diversa, cuya procedencia común le exige reconocer su unidad en la diferencia; de modo que, la construcción de pedagogías indias evita la falacia de la referencia externa, la cual consiste en pensar que el otro es el que necesita de la educación, que el otro; por ejemplo, el “indio”, es el que tiene problemas de aprendizaje y de adaptación, cuando en realidad todos, como especie, somos parte de los problemas o parte de la solución de lo que aqueja al ser cósmico-eco-humano.

            De este modo, nos auxiliamos de la lógica de relaciones y del pensamiento complejo, para suponer, que desde estas teorías podemos aproximarnos al conocimiento de la diversidad de los pueblos mesoamericanos de una manera no habitual, pero disponible en algunas variaciones de la cultura occidental.

            Pensar en la educación de los pueblos originarios no es una acción que genera un sujeto sobre un objeto, sino pensar en la necesidad de la coeducación de la especie humana, en cada una de sus variaciones culturales, por insignificantes que pudieran parecernos.

            Con estas consideraciones previas, entonces, tal vez entonces, estaremos dispuestos para el diálogo intercultural pedagógico. En una segunda etapa de construcción filosófica y pedagógica desde la diversidad (o de transculturalidad), haríamos explícito que en algunos casos es difícil traducir los contenidos culturales de un universo a otro, cualquiera que fuera la dirección de la traducción. Entonces se trataría no de traducir, sino de enriquecer nuestras representaciones conceptuales y nuestros modos de vida con los contenidos filosóficos y pedagógicos de las diversas tradiciones culturales que tomemos en consideración para nuestro análisis y para nuestra práctica educativa.

            Así, el sistema de equivalencias culturales y las diferencias serían parte fundamental de los contenidos que el ser cósmico-eco-humano tendría que aprender para participar de la riqueza de experiencias y maneras de ver y de enunciar el mundo de distintos universos culturales. Par este fin es que se pretende la construcción de Pedagogías Indias.

            Sin embargo, para que lo anterior sea posible es necesario no perder de vista que la diversidad cultural no siempre encuentra expresión política, económica, social, educativa, etc., en las sociedades dependientes en las que vivimos. Por ello, la intención de construir pedagogías indias está acompañada de un fuerte deseo de que esta empresa se lleve de manera crítica, pero un tipo de crítica transcultural que nos permita identificar no sólo en la cultura de procedencia sino en la cultura meta aquellos obstáculos que impiden la construcción de un mundo plural en el que todos tengan las mismas oportunidades para realizar su ser cósmico-eco-humano, lo anterior como un proceso de solidaridad y compromiso ético trasnacional.

            Antes de presentar brevemente los escenarios alternativos para el desarrollo de pedagogías indias, y para ampliar las notas de otras secciones, vamos a hacer un breve análisis de algunos instrumentos de defensa de los derechos humanos de los pueblos indios, en particular del derecho a la educación. El análisis se hizo pensando en la generación de prácticas y discursos desde los pueblos mesoamericanos, poco a poco se fueron perfilando otros modelos pedagógicos, a partir de tres interpretaciones derivadas de este análisis.

 

[1] Para filosofía sí es posible el verbo filosofar; en el caso de pedagogía no es posible. La observación es relevante pues al poder caracterizar la filosofía como equivalente a una acción, filosofar, se está diciendo que la acción de filosofar ocurre aun cuando no hubiera un sistema o tratados sobre filosofía tojolabal. Con ello se está indicando que la filosofía es una práctica significativa y vital, es una forma de ver y de transformar el mundo; lo mismo pensamos de la pedagogía. La pedagogía aporta una interpretación del mundo y aporta procedimientos para su comprensión y transformación, aun cuando no exista un verbo como en el caso de filosofar.

[2] No hay que perder de vista que al hablar de tradición occidental estamos refiriéndonos a realidades muy diferentes. No es lo mismo hablar de la tradición occidental europea o de la tradición occidental de los Estados Unidos, que hablar de la tradición occidental mexicana y menos de la tradición occidental con la que entraron en contacto por primera vez los pueblos originarios o con la que ahora les toca convivir en su existencia cotidiana. Lamentablemente, a la gran mayoría de los pueblos indígenas del mundo les ha tocado entrar en contacto con la parte más vulgar y degrada de la cultura occidental; donde la agresión, la violencia, el engaño, la mentira, el desprecio por la vida humana y de la naturaleza son los modos habituales de “salirse con la suya” de muchos de los representantes de la así llamada cultura occidental. Esta distinción por lo general no se hace y creo que es muy importante hacerla, pues detrás la generalización de que detrás de todas las dificultades e impedimentos para el desarrollo autónomo de los pueblos indios está “la cultural occidental” puede contener un razonamiento falaz.