p'ijyo'tan

pedagogías indias

Marco Metódico

 

  

 

 

 

INTRODUCCIÓN

Pedagogías indias es, más que un objeto de estudio, una constelación de objetos o, mejor dicho, una trama tejida de manera diversa y compleja de valores, prácticas, intenciones, conceptos, proyectos formativos y de vida que se genera, surge, se mantiene y se transforma en contextos de diversidad cultural...

1. CONSTRUCCIÓN METÓDICA

Entendemos por construcción metódica del problema de investigación el diseño del andamiaje conceptual, metódico, técnico e instrumental que nos permitirá aproximarnos a un ámbito de estudio de interés para su exploración, descripción, interpretación, explicación,

2. DIMENSIONES DESDE LAS QUE SE ARTICULA EL PROCESO DE INVESTIGACIÓN

En el proceso de problematizar sistemáticamente el mundo; es decir, en el proceso de investigación, la dimensión metódica se articula con otro tipo de dimensiones que hacen posible el conocimiento y que le dan cierto sentido, a saber: la óntica, la epistémica, la social y la eco-humanística.

3. ANÁLISIS CRÍTICO DEL ENFOQUE CUALITATIVO
La clasificación de los métodos en cualitativos y cuantitativos reproduce, en cierta forma, una lógica de polaridades excluyentes entre cualidad y cantidad. Sin embargo, creemos que la inquietud que dio origen a esta polaridad ha generado alternativas para concebir la realidad y procedimientos para conocerla, que consideramos conveniente analizar para la construcción metódica del problema desde los aportes de esta perspectiva.

4. CONSTRUCCIÓN METÓDICA DESDE LO CUALITATIVO

Podemos precisar, a manera de ejemplo, algunas de las afirmaciones hechas anteriormente con el fin de ganar claridad en esta discusión y desglosar algunos elementos que sería conveniente tomar en cuenta en la construcción metódica del problema desde la aproximación cualitativa. En caso de que este enfoque nos aporte elementos para esta tarea, podrá justificarse de este modo su incorporación.

5. LA CUALIDAD, UNA ALTERNATIVA PARA LA
INDAGACIÓN DE LO REAL
COMPLEJO/DIVERSO

Si se quisiera retomar lo cualitativo para avanzar en la construcción metódica del problema de investigación, entonces habría que sacarlo del contexto de uso que nos es familiar; algo que trató de iniciarse en las secciones anteriores de este apartado.
 

6. EL RAZONAMIENTO APROXIMADO COMO ALTERNATIVA PARA LA INDAGACIÓN DE LO REAL COMPLEJO / DIVERSO

Al revisar históricamente las formas en las que las distintas versiones de la cultura occidental generan y organizan el conocimiento, se podría tener la impresión que los desarrollos teóricos y metódicos más recientes, en distintas áreas del saber, se han aproximado en cierto modo a estilo de conocer y de usar el conocimiento de algunos pueblos mesoamericanos.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 


      

 

Introducción

    Pedagogías indias es, más que un objeto de estudio, una constelación de objetos o, mejor dicho, una trama tejida de manera diversa y compleja de valores, prácticas, intenciones, conceptos, proyectos formativos y de vida que se genera, surge, se mantiene y se transforma en contextos de diversidad cultural y, por ello, en colaboración con otros proyectos; al mismo tiempo, en debate permanente por su legitimidad, viabilidad histórica, política y educativa con otras propuestas educativas.

    Pedagogías indias construye en el borde, en zonas de tránsito entre universos culturales diversos; aproximarnos al conocimiento de esta constelación de objetos y de prácticas demanda la elaboración de alternativas metódicas que nos permitan: a) la revisión crítica de nuestros modos habituales de concebir lo real y de conocer desde la tradición occidental, b) el diseño de alternativas metódicas desde el horizonte cultural de procedencia (en este caso la versión mexicana de la cultura occidental), que nos permitan acercarnos a la manera de ver el mundo y de conocerlo de los pueblos mesoamericanos y c) la propuesta de modos de conocer y de usar el conocimiento que nos posibiliten el tránsito cultural; es decir, la construcción de andamiajes epistémicos y pedagógicos que nos ayuden a acceder al modo de conocer y de usar el conocimiento de los pueblos mesoamericanos, y desde ahí, producir discursos y diseñar prácticas pedagógicas desde ese horizonte cultural.

    En lugar de “Metodología de la investigación” planteamos la cuestión sobre los métodos, técnicas e instrumentos de investigación desde la fórmula: “Construcción metódica del problema de investigación”, lo anterior no sólo es un cambio de palabras, sino la propuesta de una manera distinta de entender y llevar a cabo la investigación.

    En esta propuesta se ubica el problema en el centro del proceso de investigación; suponemos, pues, que investigar es equivalente a la construcción de un problema; dicha construcción avaza del núcleo problemático en dirección hacia su solución o intento de solución en forma de espiral, e incorpora en dicha construcción, de manera articulada e interrelacionada, la construcción teórica, la construcción metódica, la construcción técnica e instrumental y la construcción empírica del mismo.

    Dependiendo del ámbito, del aspecto o del propósito de la investigación, variará el núcleo problemático; en algunos casos se ubicará en la parte teórica; en otros, en la parte metódica; o en la parte empírica o, inclusive, en la parte técnica e instrumental.

    En este documento intentamos construir el problema desde una perspectiva metódica, la pregunta que guía dicho planteamiento es la siguiente ¿qué tipo de enfoques y procedimientos metódicos nos pueden facilitar el acceso y el tránsito a universos culturales diversos?

    Se trata, pues, de llevar a cabo la investigación a partir de un sistema-problema que articula varios niveles de complejidad, tanto en el contexto socio-histórico donde situamos la problemática a investigar como en los ámbitos filosófico, teórico, metódico, técnico e instrumentos con los que se realiza la investigación.

    La discusión metódica, entendida como reflexión crítica sobre los métodos, técnicas e instrumentos de investigación o de implicación pedagógica[1], así como sobre sus alcances y limitaciones en la producción de conocimiento sobre esta trama compleja y sobre la práctica educativa, requiere afinar las herramientas, hacer más precisos y eficaces los procedimientos de construcción o de selección de las perspectivas metódicas que nos permitan entender, comprender y tratar la diversidad y la complejidad de la constelación de aspectos tomados en cuenta en la construcción de Pedagogías indias.

    A partir de esta caracterización de la construcción metódica, podemos hacer una distinción entre la lógica de producción de conocimiento o investigación y la lógica de implicación pedagógica o práctica formativa y educativa. Ambos aspectos están comprendidos en lo que entendemos por construcción metódica; toda vez que es posible relacionar dichas prácticas y ubicarlas dentro de una continuidad lógica y conceptual en sus modos de operación; además que entre las dos se da una retroalimentación continua y mutua para el logro de sus propósitos: la producción de conocimiento y la implicación pedagógica.

    La relación entre el conocimiento y la implicación pedagógica la podemos entender a partir de la manera en la que en este proyecto se ve la teoría, a saber: como una interpretación de lo real que implica, de manera no causal, un esquema de acción. Así, la teoría que se produce por medio de la investigación y la implicación pedagógica; es decir, la teoría y la práctica educativa y formativa son sólo dos momentos de la actividad teórica y de la actividad práctica que realiza el ser humano, en el intento de crear y comunicar significados dentro de los diferentes ámbitos que le son relevantes para la conservación y cuidado de la vida.

     Podría decirse, en este sentido, que quien sólo tiene el producto de la actividad teórica y no tiene la actividad práctica, sólo tiene la mitad de la práctica; pero quien sólo se dedica a la actividad práctica y deja la actividad teórica, solo tiene la  mitad de la teoría.

     La construcción metódica del sistema-problema, que nos planteamos al intentar el diseño de prácticas y discursos pedagógicos desde la perspectiva de los pueblos mesoamericanos, tiene como uno de sus principales propósitos enriquecer nuestros modos de interpretar lo real y de tratar con la diversidad y la complejidad cultural en las que nos realizamos como seres humanos y en las que desempeñamos nuestra práctica profesional.

     En este texto de carácter introductorio nos ocuparemos, pues, de la discusión sobre la lógica y los procedimientos metódicos relevantes para la construcción de conocimiento desde el proyecto de Pedagogías Indias. Es una propuesta flexible, que puede ser modificada y adaptada a las necesidades y particularidades del contexto donde se desee llevar a cabo proyectos de investigación y de implicación pedagógica a partir de esta propuesta.

     Así pues, en este primer bloque se ponen a consideración los compromisos metódicos de carácter más general del proyecto de Pedagogías Indias, y se inicia el proceso de construcción metódica del sistema-problema que aborda dicho proyecto. Como se dijo, más que propuestas terminadas, ponemos a consideración esquemas tentativos para aproximarnos al conocimiento de lo real complejo / diverso, los cuales podrían ser un tipo de andamiaje metódico y pedagógico para el tránsito cultural; es decir que, una vez cumplida su finalidad, deberán suspenderse para dejar emerger las formas de conocer de los pueblos mesoamericanos.

     En primer lugar trataremos de caracterizar lo que entendemos por construcción metódica del problema de investigación. En esta sección se propone un esquema para el desarrollo y el análisis de perspectivas metódicas, el cual se articula en varias dimensiones: la filosófica, teórica, metódica, técnica e instrumental; se propone hacer una distinción en la manera de abordar la cuestión del método entre lo que convencionalmente se conoce como metodología de la investigación y construcción metódica del problema, se anotan las ventajas y las desventajas de este reemplazo y se señalan algunas posibilidades que pueden generarse para el tránsito cultural a partir de este enfoque.

     Dentro de esta misma sección, se introducen algunos rasgos que permitan entender mejor las diferentes dimensiones desde las que se articula el proceso de investigación; se trata de consideraciones generales, que están relacionadas con nuestro ámbito de estudio, la educación en los pueblos mesoamericanos y la posibilidad de construir prácticas y discursos pedagógicos desde sus tradiciones culturales y maneras de ver el mundo.   Estas dimensiones se presentan para hacer explícito el tipo de compromiso que adoptamos con el ser de lo que investigamos sobre las posibilidades de conocerlo como lo concebimos; sobre los procedimientos que convendría seguir para producir conocimiento sobre el mismo; sobre el compromiso social que adquirimos al elegir uno u otro procedimiento de investigación y sobre los compromisos cósmico-eco-humanos que subyacen a la investigación del ser de lo que investigamos.

    En otras palabras, se hacen explícitos los compromisos óntico, epistémico, metódico, social y eco-humano que adquirimos cuando realizamos una investigación, pero sobre todo cuando ésta la hacemos en universos culturales diversos, como es el caso de Pedagogías Indias.

    La propuesta de alternativas metódicas para la indagación de lo real diverso / complejo, sólo la podemos entender en el marco de una revisión crítica de las perspectivas metódicas que se han empleado en el conocimiento y trato con la diversidad y complejidad cultural. Dicha revisión nos ha revelado que hay un uso privilegiado de los enfoques cuantitativos y cualitativos; lo anterior da la impresión de que tales posturas son incuestionables y que funcionan como un a priori metodológico de la investigación en ciencias sociales y humanas, incluyendo en éstas a la investigación pedagógica.

    A partir de esta primera aproximación crítica a los enfoques mencionados, y desde una perspectiva de pluralidad metódica, nos planteamos la siguiente pregunta para abrir el debate: ¿Es posible la discusión metódica para superar esta dualidad y generar concepciones y procedimiento diversos para la construcción de problemas; vías alternativas de comprensión del mundo y de nuestro lugar en él; caminos distintos para producir conocimiento sobre los fenómenos sociales y culturales, entre ellos la educación en contextos de diversidad y complejidad cultural?

    En la segunda sección, y para avanzar con la construcción metódica de nuestra constelación de problemas de investigación, se hace una revisión crítica de los enfoques cuantitativo y cualitativo; para llevar a cabo esta tarea desagregamos la sección en varios apartados.

    En primer lugar, el análisis se introduce utilizando, de manera crítica, algunos elementos de la doctrina de las categorías para cuestionar esta polaridad y reducción metódica a sólo dos categorías; sin embargo, este ejercicio tiene también el propósito de contrastar el modo de ver y enunciar el mundo de la cultura occidental con el modo de ver y enunciar el mundo de algunos pueblos “indígenas”, que está detrás de la doctrina de las categorías. Se señalan algunas limitaciones de este enfoque para el diálogo y el tránsito cultural, pero se reconoce en éste, después de todo, uno de los rasgos de la cultura occidental, en particular de la lógica y de la lengua, que nos identifica al mismo tiempo que nos distingue de los pueblos mesoamericanos.

    En segundo lugar se plantea que la manera como se abordan las categorías de cantidad y cualidad, en algunos textos de metodología de la investigación, puede generar dificultades de tipo lógico, metódico, epistémico y cultural para la investigación en contextos de diversidad cultural; pues la forma en la que se interroga lo real y se organiza el conocimiento que se deriva de la doctrina de las categorías es distinta en otros universos culturales. Se ponen algunos ejemplos para ilustrar esta situación problemática, y se abre la posibilidad para hacer adaptaciones para poder incorporar estas categorías como alternativas para la indagación de lo real diverso / complejo.

    En un tercer momento se presenta por separado un análisis crítico del enfoque cualitativo. A partir de la revisión de varios autores que tratan sobre esta perspectiva metódica se pudo inferir que bajo este enfoque se agrupan una variedad de corrientes filosóficas y teóricas, que por el origen común de sus planteamientos proponen procedimientos de investigación muy similares; sin embargo, para nuestros propósitos, consideramos más conveniente y recomendable ubicarse en una corriente filosófica, por ejemplo, la fenomenología; luego adoptar críticamente alguna de las corrientes teórica que se derivan de ésta, como el interaccionismo simbólico, y a partir de ahí diseñar los métodos, técnicas e instrumentos de investigación que sean congruentes con los planteamientos en todos los niveles de concreción del proceso de indagación (filosófico, teórico, metódico, técnico e instrumental). Del mismo modo, inferimos que la especificidad de este enfoque metódico no es la “cualidad”, sino al carácter interpretativo de los diferentes enfoques que se llaman a sí mismos cualitativos.

    En una cuarta parte avanzamos con esta discusión, pero precisamos postulados derivados de la fenomenología, del interaccionismo simbólico y de la teoría de construcción social de la realidad para proceder de manera congruente en la indagación desde este enfoque, del mismo modo concretamos algunos de los procedimientos que habría que tener en cuenta para realizar investigación desde este ajuste conceptual y metódico que se hizo. Del mismo modo se hacen explícitos los compromisos ótnico, epistémico, metódico, social y eco-humano de lo que si así se desea, podría seguirse llamando enfoque cualitativo, con ello pensamos haber adaptado este enfoque a nuestras necesidades.

    En la quinta parte retomamos el enfoque cualitativo y lo proponemos como una alternativa para la indagación de lo real complejo / diverso, manera en la que concebimos nuestro objeto de estudio. Consideramos que hay por lo menos tres maneras de retomar este enfoque para nuestros propósitos. El primero se expuso en la sección anterior. El segundo consiste en retomar la categoría de cualidad como una manera de interrogar al mundo, que interroga por un aspecto diferente de aquel por el que preguntamos cuando empleamos la categoría de cantidad; es decir, la cualidad nos permite interrogar un aspecto de la diversidad del mundo y, además, nos brinda la posibilidad de organizar y comunicar nuestro conocimiento del mundo de una manera más sistemática.

    En el intento de aclarar y justificar esta opción se retoma el análisis de la falacia categorial en la que incurren la mayoría de los autores que tratan estos enfoques, y proponemos que, una vez superada esta falacia, es posible retomar la cualidad, probablemente en un marco modificado o actualizado de la doctrina de las categorías; además, señalamos que con la polarización de estas categorías, del modo en que se hace en la mayoría de la literatura correspondiente, estamos construyendo un obstáculo para el tránsito hacia otros universos culturales y a su manera de concebir y producir conocimiento sobre lo real, como es el caso de los pueblos mesoamericanos, donde no hay una separación en las lenguas de cualidad y de cantidad.

    En otro apartado se hace un tratamiento similar del enfoque cuantitativo; sin embargo, no nos detenemos mucho en este enfoque, pues consideramos que los compromisos óntico, epistémico, metódico, social y eco-humanista son poco favorables para la construcción de nuestro problema; además de que estos podrían representar obstáculos para aproximarnos a la forma de ver, de conocer y de usar el conocimiento por parte de los pueblos mesoamericanos. Sin embargo, es conveniente añadir, que el análisis crítico de este enfoque nos permite reconocerlo, como en el caso de la doctrina de las categorías, como otro rasgo que identifica un modo privilegiado de la cultura occidental de ver el mundo, de producir conocimiento, de comunicarlo y de hacer uso del mismo.

    Del análisis por separado de estos dos enfoques y de las distintas interpretaciones y prácticas de investigación generadas desde estas perspectivas metódicas derivamos algunos lineamientos para la indagación en el marco de Pedagogías Indias;

    A continuación, se ponen, en bloques separados, tres enfoques alternativos para la indagación de lo real complejo / diverso. Podríamos decir que se trata de tres tipos de pensamiento, pensamiento aproximado, pensamiento modal y el pensamiento relacional. Estos tipos de pensamiento pueden darnos las bases para acercarnos de un modo diverso a la complejidad que representan los pueblos mesoamericanos y al intento de generar discursos y prácticas pedagógicas desde los contenidos y valores culturales de estos pueblos.

    Aunque estos tipos de pensamiento están relacionados en cierto modo con la doctrina de las categorías, nosotros intentaremos ir más allá de esta doctrina; así pues, los tratamos como esquemas metódicos que articulan las dimensiones filosófica (en particular tres tipos de lógica: difusa o borrosa, modal y de relaciones), teórica, metódica, técnica y la instrumental.

    Dichos enfoques no sólo nos permitirán generar herramientas más finas para producir conocimiento sobre universos culturales diversos; sino que suponemos, al mismo tiempo, que pueden contener algunos rasgos del modo de conocer de la mayoría de los pueblos mesoamericanos; es decir, con esta propuesta iniciamos lo que puede ser un largo camino de reconstrucción de lo que podríamos llamar el paradigma mesoamericano de conocimiento, basado en un sistema tetrádico, de cuatro dimensiones.

    En el primer bloque de esta sección, hacemos una presentación general del pensamiento aproximado (o razonamiento aproximado), derivado éste de la lógica difusa y de la teoría de conjuntos borrosos, y la proponemos como la primera alternativa para la indagación de lo real diverso / complejo.

    Este enfoque nos permite aproximarnos de una manera no habitual al conocimiento de los pueblos mesoamericanos, pero al mismo tiempo, sirve de puente para el entendimiento intercultural, pues suponemos que el pensamiento aproximado es una manera muy parecida al estilo de ver el mundo y de producir conocimiento sobre el mismo de dichos pueblos.

    Se reconoce que las semejanzas no deben de hacernos olvidar las diferencias, pues ambos universos culturales han llegado a puntos similares por diferentes rutas y con propósitos diferentes; pero, consideramos que este enfoque representa, aunque sea sólo bajo ciertos aspectos, una manera de aproximarnos al modo de conocer de estos pueblos. Pero, además, nos permite una aproximación diferente a los pueblos mesoamericanos.   

    En el segundo apartado de esta sección proponemos la categoría de modalidad puede ser una alternativa para la indagación de la diversidad, toda vez que dentro de un universo cultural pueden existir infinidad de modos de ser y de hacer las cosas; pero, además, dicha categoría sería más pertinente si asumimos la existencia de mundos paralelos, actuales o posibles donde esta diversidad se desparrama en la variación, variedad, distinción y diferencia que dichos universos diversos representan.

    La categoría de modalidad se construye, de acuerdo con Kant, a partir de los siguientes valores posibilidad-imposibilidad, existencia - no existencia, necesidad-contingencia y despliega, además, la idea de construcción de mundos posibles o versiones diversas de mundos conocidos. Aunque se parte de la doctrina de las categorías, también en este caso partimos de algunas versiones actuales de las lógicas modales, las cuales sirven como columna vertebral para el desarrollo de este enfoque metódico.

    La modalidad representaría, de igual modo, un método para acceder a los mundos diversos sin correr el riesgo de reducir la pluralidad de mundos a uno sólo, o el significado de los componentes de un mundo a los significados de otro.

    La categoría de relación, por su parte, se construye a partir los siguientes valores: inherencia, subsistencia, causalidad, dependencia, comunidad. Y representa, para varias corrientes actuales de pensamiento, el objeto de estudio y el procedimiento por medio del cual se construye lo real, al respecto se afirma “todo cuanto es significativo proviene de las relaciones, y es en el interior de este vórtice donde se forjará el futuro” (K. J. Gergen, 1996: 13).

    La categoría de relación puede ser una alternativa para el estudio de la complejidad en la medida en que ésta se entienda como una trama tejida de manera densa, en la que todas las partes están interrelacionadas, sin que por ello el método derivado de la categoría de relación implique dar cuenta del todo.

    Para enfrentar las objeciones que se hacen a la doctrina de las categorías, procedemos del mismo modo como se hizo con el enfoque metódico del pensamiento aproximado. En este caso partimos de la lógica borrosa, luego Zadeh (1975) propuso la teoría de conjuntos borroso y, posteriormente, propone el método que llama razonamiento o pensamiento aproximado. De esa manera se articulan los niveles filosófico, teórico y metódico, necesarios para la producción de conocimiento dentro de un área del saber humano; esquema, que por otro lado, consideramos mínimo para poder hablar de una alternativa metódica.

    En el caso de la modalidad procedemos por analogía, y retomamos la lógica modal, luego proponemos una teoría de la diversidad, y posteriormente derivamos un enfoque metódico para el acceso a mundos paralelos, actuales o posibles. En el caso de la relación proponemos lo mismo, partimos de la lógica de relaciones, retomamos la teoría de la complejidad e intentamos, finalmente, desarrollar un modo de aproximarnos a la construcción de conocimiento desde este enfoque, aunque también podrían incorporarse aquí los planteamientos metódicos del construccionismo propuesto por K. J. Gergen, (1996).

    Con lo anterior reunimos los criterios para poder hablar de un enfoque metódico desde la perspectiva que proponemos para la construcción de Pedagogías Indias. No obstante, como se está en proceso de elaboración de estas propuestas, consideramos pertinente decir que todavía son ensayos de construcción metódica que tendrán que afinarse a partir de su empleo en la investigación de lo real complejo / diverso y en el tránsito hacia otros universos culturales.

    Además de esta línea de argumentación, que ubica la modalidad y la relación, dos de las categorías mencionadas, en un contexto congruente en el plano filosófico, teórico y metódico, y por lo tanto, las hace fecundas para la producción de conocimiento y para la orientación de prácticas educativas, es posible justificar por otras vías el porqué retomamos críticamente algunos aspectos de la doctrina de las categorías para aproximarnos a la construcción de Pedagogías Indias.

    Con seguridad, como sucederá con todo el entramado conceptual, metódico, técnico e instrumental del que nos auxiliamos en este proyecto, una vez que hayamos transitado hacia otros universos culturales, todo este conjunto de herramientas se quedará en la frontera, y dará paso a las herramientas y recursos que se emplean en otras tradiciones culturales.

    En otro bloque de la construcción metódica retomamos estos cuatro enfoques para hacer un ejercicio de “Aproximación metódica al diálogo pedagógico intercultural y transcultural”. En este bloque se emplean las categorías mencionadas para identificar las condiciones para el diálogo pedagógico intercultural, tanto las condiciones favorables como aquellas que representan un obstáculo para el entendimiento y la comprensión de sujetos que pertenecen a dos universos culturales diversos; donde un universo se presume dominante y el otro se percibe como dominado. Se hace un análisis de la lengua y su papel en la comunicación en cuatro niveles: uso cotidiano, uso escolarizado, uso de producción y comunicación de teorías educativas y uso administrativo y político de la lengua en contexto de dominación étnica.

    Esperamos que poco a poco se pueda ir avanzando en la exploración de alternativas metódicas, de modo que podamos aproximarnos de manera pertinente a la manera de ver y de conocer el mundo de los pueblos mesoamericanos. Sólo después será posible avanzar en la construcción de una educación intercultural (y transcultural) equitativa y recíproca; pero, sobre todo, de respeto y fomento de la diversidad cultural; pues es ésta la que nos hace seres cósmico-eco-humanos.

    Estamos preparando una edición económica del desarrollo de este programa de construcción metódica del sistema-problema de investigación; en caso de que alguna persona quisiera tener acceso al documento completo, le pedimos nos lo haga saber, al correo de contacto, para decirle cuándo y dónde obtenerlo.

 


[1] El término “implicación pedagógica” aparece aquí en lugar de “intervención pedagógica” y de “aplicación”. Sólo recientemente pudimos darnos cuenta que para avanzar en la construcción del proyecto Pedagogías Indias, era necesario no sólo modificar nuestra manera de percibir y entender lo real, sino también el tipo y el uso de palabras que, aunque tienen sentido desde una articulación teórica y práctica más amplia, su empleo puede representar un obstáculo para avanzar en el cumplimiento de nuestros propósitos, sobre todo si éstas fueran portadoras de sentidos que pudieran ser contrarios al espíritu e intención del proyecto, como podría ser el caso de la palabra “intervención”, que en su sentido militar y político pudiera hacernos pensar en una ingerencia violenta e ilegal, aunque con las mejores intenciones, para modificar, desde una perspectiva de valores, en el curso, la estructura o los contenidos de los acontecimientos en una nación o en las características de un individuo. Implicación, por su parte, hacer referencia al hecho de compartir una suerte común en los problemas educativos y pedagógicos que se construyen y se intentan resolver en la investigación y en la práctica pedagógicas; aspecto que la “aplicación”, concepto de corte positivista, no tiene.

 

 


 

 

I. ¿Qué entendemos por construcción metódica del problema?

 

Entendemos por construcción metódica del problema de investigación el diseño del andamiaje conceptual, metódico, técnico e instrumental que nos permitirá aproximarnos a un ámbito de estudio de interés para su exploración, descripción, interpretación, explicación, así como para el fomento del entramado conceptual y de los esquemas de acción reconocidos como valiosos en dicho ámbito o para la transformación de aquellos que obstaculizan el logro de los objetivos y propósitos de los agentes que lo conforman; en este caso, respecto al proyecto de Pedagogías Indias.

 

Además de este aspecto, la construcción metódica tiene que ver con la reflexión crítica continua sobre la pertinencia de los procedimientos por medio de los cuales se articulan la concepción de la realidad y las posibilidades de conocerla. Lo cual se realiza en actividades de investigación que nos llevan o bien a la comprensión de un fenómeno o bien al desarrollo de teorías sobre la trama variada de significados que conforman la constelación de objetos de investigación. En otras palabras, la construcción metódica tiene que ver con la revisión crítica de los métodos, técnicas e instrumentos de investigación, sus posibilidades y límites para producir conocimiento sobre el ámbito de estudio seleccionado.

 

En la construcción metódica se entretejen estrategias para la producción de conocimiento así como para la reflexión crítica sobre el empleo y pertinencia de dichas estrategias, así como para el diseño, desarrollo y evaluación de experiencias educativas.

 

El proyecto de Pedagogías Indias representa, además de intentar resolver el problema que plantea la complejidad que ya de por sí tiene el campo de la pedagogía y su extensión a la educación para los pueblos originarios, una oportunidad para revisar y evaluar críticamente las diferentes perspectivas metódicas para la construcción de conocimiento privilegiadas por las distintas versiones de la cultura occidental; toda vez que los destinatarios de este proyecto proceden de universos culturales diversos, que si bien comparten en gran medida los estilos de conocimientos propuestos por occidente, este hecho nos hace suponer la posibilidad de que haya distintas formas de conocer en los diversos pueblos mesoamericanos, que pudieran distinguirse de aquellas a las que estamos habituados, hacerlas explícitas y emplearlas en la construcción de pedagogías desde la perspectiva de estos pueblos.

 

Suponemos que existen varias formas de aproximarse a lo real en las diferentes tradiciones culturales mesoamericanas, las cuales se intentarán reconstruir en el desarrollo de este proyecto; pero, por hora consideramos que es pertinente desarrollar esquemas metódicos de tránsito desde el horizonte cultural que llamamos occidental; de modo que, podamos generar procedimientos de aproximación sucesiva a universos culturales diversos y a su manera de concebir el mundo y construir conocimiento sobre el mismo.

 

De manera particular, nos estamos refiriendo a la producción de esquemas de tránsito en áreas específicas de conocimiento, como sería la pedagogía, de modo que además de la versión y evaluación de los distintos métodos, técnicas e instrumentos de investigación, consideramos pertinente hacer una evaluación de los estilos modos de ver el mundo y de conocer en tradiciones culturales diversas, en especial de la que partimos.

 

Sin embargo, en este bloque nos aproximaremos de manera crítica sólo a algunos enfoques metódicos ya conocidos y propondremos algunas alternativas para abordar la especificidad de la constelación de objetos de estudio que comprende Pedagogía Indias. La evaluación de las distintas formas de conocer y la posibilidad construir discursos y prácticas educativas desde la perspectiva de los pueblos mesoamericanos se hará en otro bloque al que hemos llamado “¿Es posible hablar de Pedagogías Indias?”

 

El trabajo de construcción metódica exige hacer una revisión y un replanteamiento de algunos términos y modificar, en función de la diversidad y complejidad de las prácticas y discurso educativos en contextos de dominio étnico, las perspectivas metódicas existentes. Por ello, hacemos, en primer lugar, una revisión crítica del enfoque cualitativo y lo ajustamos a nuestras necesidades de conocimiento; posteriormente, proponemos algunos enfoques alternativos para la indagación de lo real complejo / diverso, que consideramos próximos a la manera de conocer de los pueblos mesoamericanos, estos enfoques retoman, como ya se dijo, las categorías de modalidad, relación y, de la lógica borrosa, el razonamiento aproximado. Aunque tengamos que repetirlo, lo que nos interesa es identificar dentro de la tradición occidental algunos enfoques que nos aproximen al universo cultural de los pueblos originarios y que nos permitan hacer un tránsito respetuoso al modo de ver el mundo y de conocer de estos pueblos.

 

Por ello, antes de entrar de lleno en esta tarea, proponemos, manera deliberada dejar fuera de nuestro planteamiento el concepto de metodología, y en su lugar adoptamos el de construcción metódica. Las razones que justifican este desplazamiento tienen que ver con:

 

a)      El uso que se hace del término “metodología” en trabajos de investigación, en los cuales ésta se reduce a un conjunto de pasos más o menos fijos y mecánicos para la producción de conocimiento. Este procedimiento se deriva por lo general de los manuales que se emplean en los cursos de “metodología de la investigación”. Dicha práctica da cuenta de la desproporción que hay entre las partes que componen un reporte de investigación realizado siguiendo este procedimiento; por ejemplo, se pueden encontrar innumerables páginas de marco teórico, dos o tres de “metodología” y unas cuantas de análisis y discusión de los resultados. Con la propuesta de “construcción metódica” intentamos recuperar y hacer explícito el proceso complejo implicado en la investigación; esto es, en la problematización metódica y sistemática sobre las posibilidades de conocimiento y de implicación (en este caso, pedagógicas) de un ámbito de estudio.

 

b)      El vínculo que tiene el concepto “metodología” con el origen de la ciencia moderna; es decir, con la ciencia de corte positivista. Uno de los rasgos que distinguen el conocimiento medieval del conocimiento “científico” fue precisamente la discusión metodológica. Después se buscó justificar el uso universal del método científico como garantía para llegar a conocimientos objetivos y válidos independientemente del contexto y de los participantes en la investigación, ya fuera como sujetos investigadores o como sujetos investigados. Desde esta perspectiva, la discusión metodológica se convierte, más que en una actitud crítica ante la posibilidad de conocimiento, en un conjunto de normas de acuerdo con las cuales se decide qué es y qué no es “científico”. Como consecuencia de esta postura “dogmática” de la ciencia, se han excluido otros tipos de conocimiento como la intuición, la empatía, la poesía, la apreciación artística, entre otros. Desde la “construcción metódica” del problema de investigación se dará cabida, de manera crítica y justificada, a otro tipo de procesos de conocimiento, de aquellos que regularmente se aceptan como científicos.

 

c)      Uno de los aspectos rescatables de la manera en la que se entiende la “metodología”, y que se retoma al adoptar “construcción metódica”, es el relacionado con la reflexión crítica sobre los métodos, técnicas e instrumentos de investigación, así como sus alcances y limitaciones en la producción de conocimiento. Esta actitud se retoma en este trabajo de investigación; sobre todo, porque este andamiaje metódico es de carácter transitorio; toda vez que se ve como una puerta de salida de una lógica de construcción del conocimiento propia de la tradición occidental que desplazó, al interior y fuera de este universo cultural, otro tipo de procedimientos para producir conocimiento. La construcción metódica, así interpretada, cumplirá su función si permite, en algún momento del proceso, dejar que emerja la lógica de construcción del conocimiento desde la perspectiva mesoamericana. En ese momento, el término propuesto podrá emplearse como guía para la investigación desde una lógica distinta a la habitual, cosa que, probablemente, la palabra metodología no podría hacer por las connotaciones brevemente mencionadas. En términos del lenguaje, si hubiera una expresión equivalente en las lenguas autóctonas, el constructo sería más fácil de reemplazar.

 

d)      Quienes usan el concepto “metodología” suponen que si ésta (véase el primer inciso) se ha ejecutado de manera consistente y objetiva, y si se han satisfecho los criterios de confiabilidad y validez de los instrumentos de investigación, entonces, se habrá producido conocimiento científico sobre un ámbito, y que el paso siguiente será la “aplicación” a éste del conocimiento producido. La idea de aplicación del conocimiento, muy difundida entre bastantes profesionales de la investigación educativa, es de cuño positivista. Por el contrario, desde la perspectiva de “construcción metódica” del problema, la lógica de investigación, así como el uso que se haga del conocimiento se articula desde la lógica de la “implicación”; es decir, en esta forma de problematizar, se asume que los investigadores son parte del problema que se investiga y, por lo mismo, parte de su solución. Por otro lado, en este enfoque se hace explícito el proceso de formación del investigador y de los participantes, que se desencadena a partir de su implicación en el proceso de investigación.

 

e)      Para las perspectivas que abordan la producción de conocimiento desde la “metodología” sólo es relevante el proceso lógico de la investigación, algunas veces presentado en la didáctica y en los textos de investigación de manera mecánica y relativamente rígida. La experiencia en esta área nos ha revelado que la mayoría de los que hacen investigación desde esta perspectiva difícilmente pueden dar cuenta de los supuestos ónticos, epistémicos, eco-humanísticos y sociales que subyacen al procedimiento de indagación realizado. Por el contrario, desde la perspectiva “construcción metódica” se hacen explícitos los compromisos sobre el ser y sobre las posibilidades de conocimiento de ese ser, o aspecto del ser, que se retoma en el trabajo de investigación; es decir, la investigación desde esta propuesta intenta justificar los compromiso óntico, epistémico, eco-humanístico y social, así como regresar reiteradamente a éstos para evaluar el proceso y los resultados de la investigación. Desde la consideración del proceso de investigación como “construcción metódica del problema” se afirma que cualquier pregunta de investigación implica tanto el ser del que pregunta como el ser de aquello por lo que se pregunta; por lo tanto los problemas de investigación planteados desde esta perspectiva son una expresión no sólo de los compromisos académicos del investigador, sino sobre todo, de los compromisos con el mundo; es decir, el problema de investigación nos puede dar información del modo en el que el investigador se sitúa en el mundo y el tipo de intereses que representa.

 

Estas son algunas razones que pensamos pueden justificar el desplazamiento de “metodología” por “construcción metódica del problema de investigación”, de modo que poco a poco pueda hacerse un andamiaje de tránsito hacia otros modos de conocer. En el desarrollo de la investigación se irán ampliando las razones y los fines de este cambio, y se hará más explícita la conveniencia metódica de éste.

 

Además de lo expuesto en el inicio de esta sección, pensamos la construcción metódica, en esta propuesta de investigación, como el punto de enlace entre lo que aquí llamamos construcción teórica, construcción técnico instrumental y construcción empírica del problema; es decir, por medio de la construcción metódica se crea un dispositivo para entrar en contacto con el ámbito de estudio, para el acopio, la sistematización y la traducción de hechos observados en datos y en unidades de análisis, los cuales pueden ser interpretados o bien desde la perspectiva de los participantes en la investigación o bien desde esquemas teóricos pertinentes para la comprensión e interpretación de los datos recabados; pero también es posible proponer una interpretación a partir de esquemas teóricos de los significados que los agentes atribuyen a su sentir, a su decir y a su hacer; esto es, una interpretación teórica de los datos ya interpretados por los mismos actores.

 

De manera indirecta ya se mencionó que en este trabajo entendemos la investigación como el proceso de problematización sistemática de un ámbito u objeto de estudio. De modo que pensamos la lógica de la problematización como equivalente a la lógica de la investigación. En este sentido, la problematización, o la investigación, avanza en forma de espiral y de manera simultánea y articulada en, por lo menos, cuatro sentidos: la construcción teórica, la construcción metódica, la construcción técnico-instrumental y la construcción empírica del problema de investigación.

 

Los textos y algunas observaciones realizadas en contextos de enseñanza de la investigación en los que nos hemos apoyado para la construcción metódica del problema presentan la secuencia de pasos que tiene que seguirse para llevar a cabo una investigación; desde la “elección del tema” o de la “pregunta de investigación” hasta la elaboración del informe o reporte. Las obras consultadas se ubican en diferentes perspectivas metodológicas; sin embargo, sin importar su adscripción, la mayoría sólo presenta una serie de pasos que se tiene que cubrir para realizar con “éxito” una investigación. Son muy pocos los textos que establecen una relación entre el modo de concebir la realidad, la posibilidades de conocerla y los compromisos eco-humanos y sociales que subyacen a un procedimiento metódico para conocer la realidad y, cuando lo llegan a hacer, presentan información de carácter muy general.

 

Consideramos que es necesario hacer explícitas estas dimensiones desde las que se articula el proceso de investigación, sobre todo en casos en los que la concepción del objeto de estudio es controversial, como es el caso de Pedagogías Indias, que involucra a seres humanos procedentes de tradiciones culturales diversas.

 

Además de estas consideraciones generales de lo que entendemos por construcción metódica del problema, es conveniente recordar que en los tres bloques que presentamos sólo se pone a discusión la metódica para la construcción de conocimiento en contextos de diversidad cultural; pero que esta parte de la investigación se complementa con la metódica de implicación pedagógica o metódica de la práctica educativa; ambos aspectos componen lo que entendemos por construcción metódica del problema, como ya se indicó al principio de esta introducción.

 

 

 


 

Dimensiones desde las que se articula el proceso de investigación.

 

En el proceso de problematizar sistemáticamente el mundo; es decir, en el proceso de investigación, la dimensión metódica se articula con otro tipo de dimensiones que hacen posible el conocimiento y que le dan cierto sentido, a saber: la óntica, la epistémica, la social y la eco-humanística. Estas cinco dimensiones, no sólo son puntos de orientación en la producción de conocimiento, sino que además revelan la postura de los participantes en la investigación (del investigador y de los sujetos investigados) y los intereses que representan, ya sea que lo sepan o no.

 

Cada una de estas dimensiones pone de manifiesto el compromiso del investigador o del educador con el mundo, con los demás y consigo mismo. Aunque se trata de consideraciones generales, los siguientes rasgos pueden orientarnos y regular tanto el proceso como los productos de investigación en el proyecto de Pedagogías Indias.

 

En este momento no es posible hacer un análisis de los cuatro enfoques metódicos (cualidad, relación, modalidad y pensamiento aproximado) a partir de estos cinco tipos de compromiso. Sólo se hacen explícitas, en otra sección de este mismo bloque, para lo que se conoce como enfoque cualitativo de investigación, de modo que si se desea tener una comprensión más amplia de estas dimensiones, se puede pasar ahora mismo al apartado correspondiente antes de avanzar con la lectura.

 

II. 1. Compromiso óntico.

 

Por el compromiso óntico afirmamos, por ejemplo, el ser o modo de ser del mundo. Al afirmar que el mundo es diverso, me estoy comprometiendo con un modo de ser del mundo que, por oposición o contraste, pone en tela de juicio los compromisos que sostienen que el mundo es “uno” u homogéneo.

 

Cuando afirmo, por ejemplo, la existencia de una educación indígena, me estoy comprometiendo con un modo de ser de la educación, distinto de aquel en el que se asevera la existencia de una educación indigenista, lo mismo ocurriría si afirmara la existencia la “etnoeducación” o si me comprometiera con la existencia de una educación crítica de los pueblos mesoamericanos. Cada una de estas aseveraciones implica un compromiso óntico diferente, es decir, un compromiso con el ser o modo de ser de la educación de los pueblos originarios con prácticas, contenidos y significados diversos. Pero este mismo razonamiento lo podríamos hacer al considerar el ser de los pueblos mesoamericanos; en cada caso habrá implicaciones y consecuencias diferentes, es decir, si se les ve como “indios”, como “indígenas” o como pueblos diferenciados, por ejemplo, tseltales, tojolabales, pames, etc.

 

Cada uno de los compromisos tiene ciertas regulaciones; por ejemplo, una regulación para el compromiso óntico consiste en que la afirmación sobre el ser o modo de ser del mundo o del otro no parta de o se exprese en una creencia básica incorregible, o de una suposición incuestionable y no razonable (sobre el que ya no fuera posible continuar pensando y discutiendo críticamente); por el contrario, la afirmación tiene que ser abierta y susceptible a ser corregida o sometida a debate ya sea desde su propia lógica de construcción y de significación, o desde el lugar que ésta ocupa en el entramado histórico y simbólico de un universo cultural en su posible relación con otros sistemas o universos culturales diversos.

 

Si mi compromiso óntico fuera con la pluralidad y diversidad de mundos, entonces, otra regulación sería que no es posible reducir la existencia o el entramado de significación de un mundo a los de cualquier otro; una aseveración óntica en este sentido no debería excluir ni marginar las condiciones de existencia de otros mundos actuales o posibles.

 

Veamos el ejemplo de un caso histórico. Tuvieron que pasar muchos años antes de que la afirmación “los indios son seres humanos” ganara carta de ciudadanía en la cultura occidental. Hasta que esto no se logró, el compromiso óntico detrás de este enunciado significó, para muchos el derecho a dar muerte o a marginar social, económica, política y culturalmente a los pueblos mesoamericanos. El compromiso óntico implica, pues, la apertura y la disposición a someter a discusión las afirmaciones que se hacen sobre el ser de las cosas, no sólo al interior de un sistema simbólico sino desde diversos universos de significación; pero al mismo tiempo expresa un compromiso con lo “real” concebido de tal o cual modo.

 

II. 2. Compromiso epistémico.

 

La creencia que se tenga sobre lo que es el mundo o lo real no obliga a estos a comportarse de acuerdo con dicha creencia; de modo que el compromiso óntico deviene, por un lado, en hipótesis sobre la constitución y manera de ser del mundo (consistencia y viabilidad histórica de dicho mundo) y, por el otro, en hipótesis sobre la posibilidad de conocer ese mundo que creemos sea de tal o cual modo. De ahí la regulación para que la aseveración óntica no se exprese en una creencia básica incorregible.

 

Ahora bien, si he afirmado que el mundo es complejo, entonces mi compromiso óntico genera o implica un compromiso epistémico, esto es, genera la pregunta por la posibilidad de conocimiento de ese mundo que se supone complejo. La expresión del compromiso epistémico está mediada por cuatro condiciones (o contextos de significación):

 

a)      Condiciones materiales de producción del conocimiento. Que se refieren a la relación que hay entre el proceso de conocimiento y las circunstancias histórico-culturales.

b)      Condiciones académicas o institucionales de producción del conocimiento. Que se refieren a la relación del proceso de conocimiento con las instituciones donde éste se produce.

c)      Condiciones críticas o de autocorrección del proceso y resultado del conocimiento. Que se refiere a la relación entre la función crítica de los sujetos de conocimiento y la capacidad para distinguir la auténtica ciencia comprometida de la pseudociencia, la investigación profunda de la superficial y la construcción intersubjetiva de significado y de sentido del conocimiento “objetivo”.

d)      Condiciones eco-humanas de producción del conocimiento. Que tiene que ver con la relación del proceso de conocimiento con el ser humano situado histórica y culturalmente en nichos cósmico-eco-humanos, donde produce y sobre el que produce el conocimiento que posibilite la conservación y cuidado de la vida en todas sus manifestaciones.

 

Pero así como para la afirmación sobre el ser o modo de ser hay regulaciones de procedimiento, así también las hay para el compromiso epistémico. Las regulaciones para el compromiso epistémico tienen que ver con la disposición crítica que se activa cuando nos percatamos de la inestabilidad en la relación entre el ser o modo ser de la trama de sentidos que se constituye en objeto de estudio y el saber “subjetivo” o intersubjetivo sobre dicha trama; inestabilidad que exige, además, diseñar un sistema que dé cuenta de esta relación entre el ser del objeto y el saber del sujeto cognoscente.

 

Si concebimos lo real de manera diversa y compleja, entonces es probable que el modo de ser del objeto se nos presente como una trama tejida de manera densa y fina, con una riqueza de matices y de tonalidades. Ante esta situación cabría la pregunta ¿qué tipo de saber es posible y se produce sobre esa constelación de significados entretejidos densamente?

 

Esta manera de entender el objeto, trama variada de sentidos, implica otra regulación, a saber: la validez del conocimiento depende más de la intersubjetividad que lo produjo, de lo que dicha trama variada de sentidos expresa y del nivel de argumentación que respalda dicho conocimiento; en otras palabras, el objeto no es lo que es, sino lo que significa para los productores del conocimiento de ese objeto.

 

El compromiso epistémico implica no sólo decidir y especificar las condiciones y las posibilidades del conocimiento, sino también construir un entramado de justificación sobre la pertinencia, relevancia y validez del conocimiento que se propone sobre un objeto, trama de sentidos, de estudio. Este entramado de justificación, como ya se mencionó, toma necesariamente el punto de vista de las personas y recurre a las evidencias del contexto donde se investiga, así como de las teorías o de las perspectivas teóricas que abordan el objeto de estudios; además de los criterios de consistencia, congruencia, relevancia, pertinencia y trascendencia del conocimiento.

 

 II. 3. Compromiso metódico.

 

La relación entre el compromiso óntico, epistémico y el metódico no debería pensarse como una relación causal o de contigüidad por la proximidad de las ideas, sino como una relación que se va concretando por un proceso de autorregulación y de ajuste entre estas tres descripciones del proceso de conocimiento. De modo que si se habla de relación, no se piensa en algo dado, que está ahí para ser identificada o “descubierta”; se trata más bien de una relación que proponemos las personas que investigamos y, en particular, que investigamos desde el proyecto Pedagogías Indias.

 

Podríamos decir que el compromiso metódico es la traducción de la concepción del ser o modo de ser del objeto en procedimientos para su conocimiento. ¿En qué medida puedo afirmar la posibilidad de conocimiento (y de qué tipo va a ser éste) de la trama de significados tejida densamente, que es objeto de estudio, por medio de tal o cual método, procedimiento, técnica o instrumento de investigación?

 

La forma en la cual se exprese el compromiso metódico cumple una función mediadora o de enlace entre el modo de ser del objeto con el que nos comprometimos, las posibilidades de conocimiento (tipo y relevancia del mismo) y el contexto y la situación en el que se produce el conocimiento.

 

Las regulaciones para el compromiso metódico tienen que ver con dos situaciones problemáticas, que pueden tornarse paradójicas bajo ciertas circunstancias para la investigación:

 

a)      El flujo social, histórico y cultural permanente de los acontecimientos.

Si bien es cierto que es posible construir sistemas más o menos regulares y constantes como las instituciones sociales y algunos hábitos de comportamiento, también lo es que esos mismos sistemas están en constante cambio; que las personas que cruzan por las instituciones cambian continuamente, así como las mismas instituciones. Hoy se está casado, mañana no; hoy se tiene empleo, mañana no; hoy se puede ir a la escuela, mañana ya no; hoy se es parte de una confesión religiosa, mañana ya no, etc. Reconocer lo real en constante flujo exige una actitud más crítica y modesta respecto a los propósitos, procedimientos y resultados de la investigación.

La regulación en este sentido consiste en no perder de vista que cualquier método, técnica e instrumento al seleccionar un hecho para su observación, al traducirlo en unidad de análisis, al tejerlo con otros tantos para construir una red de interpretación del contexto y del objeto de estudio, lo está sacando del flujo y, que al hacer esto, se asume el riesgo de que ese conjunto de datos observados y tejidos significativamente dejen de tener el significado que tenían en el flujo de lo real que siguió y en el que sigue en movimiento. Lo mismo tendría que decirse del investigador, él mismo está en constante fluir entre sus propias representaciones y el contacto con el contexto y el ámbito de estudio. En ese sentido, la construcción metódica implica atención continua a los cambios de perspectiva y a los matices, tanto de la realidad investigada como de los métodos, técnicas e instrumentos de investigación y del mismo investigador.

 

b)      Las características de la trama de significados, el objeto de estudio, cuya propiedad es su integración en la totalidad.

La construcción metódica se mueve entre dos polos: dar cuenta de datos discretos, aislados, apartados de su contexto de significación y de flujo o dar cuenta de la articulación del todo. La regulación metódica consiste en mantener una actitud crítica ante la posibilidad de dar cuenta de la totalidad. Sin embargo, esta pretensión hay que matizarla un poco a partir de tres interpretaciones distintas de la manera en la que se puede dar cuenta de la totalidad en el proceso de investigación y de construcción de conocimientos sobre un ámbito de estudio:

b.1.  No es posible, sin caer en situaciones paradójicas, hacer afirmaciones sobre el todo; pero más que conducir a la paradoja, esto implicaría la posibilidad de estar por encima del todo (por lo menos conceptualmente) y desde ahí hacer la enunciación. Tampoco es posible lograr una afirmación sobre la totalidad por vía de la inducción, es decir, llegar a contar todos los casos de un evento y, desde ahí, hacer aseveraciones sobre el todo; nunca se terminaría de contar o de comparar la serie numérica con los eventos y sus casos específicos. En este sentido, el concepto de totalidad, en ambos casos (acceder a la totalidad de modo deductivo o inductivo), pierde relevancia para la construcción metódica de un problema de investigación.

b.2. Otro modo de dar cuenta de la totalidad, el holista, si se toma en serio, podría significar la renuncia a cualquier posibilidad de conocimiento. Entonces, más que como un recurso metódico, se asume este principio como un compromiso óntico y se avanza en el conocimiento con la pretensión de dar cuenta de la articulación del todo, sabiendo que esto no puede ocurrir en realidad. O, en todo caso, se puede declarar que, en un trabajo de investigación, sí se intentó dar cuenta de la manera en la que está articulado el todo, pero que sólo se logró hacer en profundidad y extensión unos cuantos trazos que dan cuenta de la totalidad. Esta idea puede ser más pertinente desde un punto de vista metódico. En consecuencia, el diseño de investigación, el procedimiento y los resultados tendrían que explicitar los aspectos que sí se tomaron en cuenta y el modo en que están articulados a la totalidad, así como la manera en la que estos se relacionan entre sí y respecto al todo y lo que faltaría por investigar para seguir avanzando en la comprensión holista de la realidad.

b.3. La tercera alternativa, que parece más viable, consiste no en pretender dar cuenta de la totalidad, ni en asumir que esta subyace a las posibilidades de conocimiento, sino en modificar nuestra percepción respecto a la relación parte-todo. Este cambio de perspectiva consiste en reconocer que el todo está en la parte y la parte en el todo, que el todo es del mismo tamaño que la parte y la parte es del mismo tamaño que el todo. En este sentido nos estaríamos ubicando en una perspectiva holográfica de la realidad y, por lo mismo, en una perspectiva holográfica del conocimiento. No se trata de pensar que hay “totalidades pequeñas” reales o simbólicas dentro de “totalidades medianas” o de “totalidades grandotas”, se trata más bien de reconocer que lógicamente y como condición de existencia, es una manera viable de suponer la organización y articulación de la cultura: el todo está en la parte y la parte está en el todo. Pero esto tiene implicaciones más profundas respecto a las posibilidades de conocimiento: no es posible fragmentar lo real natural o cultural y luego recomponerlo en el conocimiento, pero tampoco es posible el conocimiento del todo como certeza o certidumbre en los sentidos indicados en los incisos anteriores (el conocimiento del todo como hecho suprasensible y el conocimiento del todo por el recuento de cada uno de los casos de todos los eventos y objetos del mundo). Habría que pensar si, una vez que se ha cuestionado la manera de entender la relación “parte-todo”, desde la que se ha pretendido “garantizar el conocimiento del todo”, tiene sentido continuar el discurso y las prácticas de conocimiento en esa dirección. La regulación, a partir de estas consideraciones, es doble y tiene que ver con el cuidado que se ponga para no caer en cualquiera de los dos primeros modelos de construcción de la totalidad.

 

Consideramos que el tercer modelo, el holográfico, es el que puede ayudarnos a establecer el compromiso metódico que nos orientará en el trabajo con Pedagogías Indias.

 

El compromiso metódico se expresa por medio de una actitud crítica sostenida antes, durante y después de la investigación respecto a las características de los métodos, técnicas e instrumentos de investigación y a la capacidad de estos de producir conocimiento relevante sobre la constelación de objetos de estudio en un ámbito particular. En este sentido, se trataría de una praxis metódica, es decir, una práctica que vuelve sobres sus propios principios para cuestionarlos y trasformarlos de manera crítica.

 

II. 4. Compromiso social.

 

Las condiciones sociales, históricas y culturales no pueden dejarse fuera del proceso de producción de conocimiento. Siempre es posible una respuesta desde estas coordenadas a las preguntas del ¿qué?, el ¿cómo?, el ¿por qué? y el ¿para qué? de la investigación. Ya sea que se afirme o se niegue la necesidad de responder las preguntas anteriores (y que de hecho se haga o no), es posible interpretar y situar cualquier trabajo de investigación dentro de la diversidad de intereses que identifican a los distintos grupos humanos. Se puede tratar de intereses políticos, económicos, religiosos o culturales; pero siempre será posible hacer explícitos los intereses con los que se compromete socialmente la investigación.

 

La primera regulación en este sentido es que no es posible afirmar que sólo se investiga por “amor al conocimiento, por el conocimiento mismo”. Las condiciones institucionales y personales iniciales de investigación, los recursos materiales que la hacen posible, los contextos en los que se hace la investigación y el uso que se haga del conocimiento producido, todo es factible de ser interpretado a partir de los intereses de los distintos grupos que conforman la sociedad.

 

La investigación y el conocimiento que por su medio se despliegan y producen se hacen desde perspectivas sociales específicas como la de clase, la de género; y, para el ámbito de nuestro interés, desde la cuestión “india” o desde el aspecto étnico; de modo que la investigación se constituye en uno, tal vez el más pertinente, de los recursos que tenemos para generar los esquemas de acción, los conocimientos y las actitudes respecto a nosotros mismos, a los demás y al mundo, que nos permitan una participación más eficaz, activa y consciente en la construcción social y cultural en la que deseamos y queremos vivir.

 

Esta idea de compromiso social es significativa sobre todo en la empresa que realizamos en Pedagogías Indias, pues en estos contextos se puede identificar, tanto en la historia como en la actualidad, el impacto y la brutalidad con la que muchos de los intereses de un grupo se han impuesto a otros grupos humanos. Es muy probable que en la medida en la que se produzcan conocimientos e interpretaciones del mundo desde las diferentes culturas se pueda contar con los recursos simbólicos pertinentes para el diálogo intercultural y la construcción de un mundo plural y diverso en el que todos tengamos lugar.

 

Además de esta forma de entender el compromiso social, hay otro que se entiende desde el mismo proceso de investigación. Este se refiere al sistema de interacción social entre investigador y personas con las que se lleva a cabo el estudio. Cada perspectiva metódica ve de un modo particular la participación de los sujetos (tanto la del investigador como la de los sujetos investigados) en la formulación de los objetivos de investigación, en el diseño del proceso de investigación, en la recopilación de datos, en la interpretación de los resultados y en  el uso de los productos de investigación. La participación de los sujetos en el proceso de investigación y de producción de conocimiento es una expresión más de los compromisos óticos, epistémicos y metódicos, y eco-humanistas, así como del compromiso social en el sentido amplio que se caracterizó al principio de esta sección.

 

II. 5. Compromiso eco-humanista.

 

Los distintos compromisos mencionados aparecen separados sólo por cuestiones de exposición; pero, en el proceso de investigación y de producción de conocimiento se encuentran estrechamente vinculados y presiden dichas actividades. Por ello, el hecho de que el compromiso eco-humanista aparezca en quinto lugar no quiere decir que sea el último que se tenga que considerar en la construcción de un problema de investigación desde cualquiera de sus perspectivas. Por el contrario, este compromiso es el que puede articular el sentido de todos los demás. La construcción metódica del problema de investigación tiene explicita o implícitamente un compromiso eco-humanista a partir del cual se interpretan y entienden los contenidos y acciones generados para este fin. Este compromiso tiene que ver con dos tipos de regulaciones.

 

La regulación, en este caso, nos hace no perder de vista que toda empresa o acción cultural, ya se trate de la investigación o de cualquier otro tipo, supone una interpretación y una comprensión del ser humano. Si continuáramos con la idea de pensar en un mundo complejo y diverso, probablemente creeríamos que al tratar con seres humanos, deberíamos tener presente siempre lo aleatorio e imprevisible de su sentir, de su pensar y de su hacer. Nada tenemos que nos garantice la continuidad de un rasgo, una actitud o inclusive de un sistema de acción completo ni en el investigador ni en las personas con las que se investiga. Ante esta variabilidad es pertinente desarrollar esquemas más sutiles de aproximación al estilo de ser de los otros y a su manera de construir significado, para pretender, aun con esta tendencia hacia lo incierto, intuir y entender el sentido del cambio a partir de lo que sí podemos conocer en estas condiciones.

 

El otro aspecto de este compromiso es el hecho de la acción humana está anidad en nichos ecológicos; de ecología gris o nichos urbanos o de ecología verde, por ejemplo, nichos rurales que hacen posible la producción cultural y, con ello, la investigación. A cualquier perspectiva de investigación, así como a cualquier actividad humana, subyace una concepción de la naturaleza y del tipo de relación que con ella se establece. Para el trabajo metódico con Pedagogías Indias este compromiso es significativo, pues el tipo de concepción y relación que se establece con el cosmos y con el mundo de los pueblos mesoamericanos es un marcador de diferencia con otras tradiciones culturales, y que puede ser relevante para la construcción teórica y la implicación pedagógica dentro de este proyecto.

   

Cada perspectiva metódica implica compromisos de este tipo en el proceso de investigación y en el de producción de conocimiento. Es posible suponer que habrá otro tipo de compromisos, como el político, el económico, el institucional, etc., pero para los propósitos de esta exposición y para los de construcción metódica del problema consideramos que los mencionados son los que nos permiten avanzar con la construcción metódica del problema de este trabajo de investigación.

 

En lo que sigue se intentará hacer una exposición breve de estas dimensiones a partir del enfoque de investigación llamado cualitativo, de modo que sea más precisa la exposición a partir de este ejemplo. En este caso, como ya se dijo, se retoma el enfoque cualitativo modificando y se hace una precisión de algunos de sus planteamientos, de modo que se pueda avanzar en la construcción de una perspectiva metódica plural y diversa. Los elementos que adaptamos de este enfoque pueden aportar elementos conceptuales y de procedimiento para la construcción metódica del problema.

 

Trataremos los compromisos respecto al ser o modo de ser de lo que se investiga, respecto a las posibilidades de conocimiento, a los procesos metódicos que permiten la producción de conocimiento, a los vínculos sociales y el contexto que posibilita la investigación y respecto a la imagen que se tiene del ser humano en el enfoque de investigación mencionado, sólo a manera de ejemplo, para decidir críticamente cuáles de dichos planteamientos podrán guiarnos en el proceso de investigación que llevamos a cabo.

 

 

 


 

  

Análisis crítico del enfoque cualitativo.

 

La clasificación de los métodos en cualitativos y cuantitativos reproduce, en cierta forma, una lógica de polaridades excluyentes entre cualidad y cantidad. Sin embargo, creemos que la inquietud que dio origen a esta polaridad ha generado alternativas para concebir la realidad y procedimientos para conocerla, que consideramos conveniente analizar para la construcción metódica del problema desde los aportes de esta perspectiva.

 

Para ello, es conveniente ir más allá de la discusión que se centra en la complementariedad metodológica a partir de estos enfoques; es decir, sobre la posibilidad de emplear el mismo tipo de técnicas e instrumentos ya sea en investigaciones cuantitativas o cualitativas, para trasladar la discusión hacia el tipo de preguntas y respuestas que, desde éstas categorías, pueden plantearse en el conocimiento de lo real complejo/diverso.

 

Revisar los postulados básicos de esta postura nos permitirá distinguir y retomar aquellos aspectos que puedan aportar ideas y procedimientos para construir metódicamente nuestro problema de investigación, para ello intentaremos hacer explícitos los supuestos, conceptos y procedimiento que se atribuyen al enfoque cualitativo, así como llevar a cabo una revisión crítica de los mismos y decidir su pertinencia para los propósitos de esta investigación.

 

El análisis de esta perspectiva se hará a partir de los compromisos óntico, epistémico, metódico, social y eco-humanista, descritos en la sección anterior. Del mismo modo, se tratará de ampliar las posibilidades de significación de estas categorías desde otros referentes, para, de ese modo, avanzar en la construcción metódica desde la categoría de “cualidad”.

 

Resulta sintomático el hecho de que en la mayoría de los textos revisados, los autores aceptan la complementariedad de los métodos cuantitativo y cualitativo; por un lado, y señalan la interpretación como el procedimiento o la característica básica de las distintas perspectivas teóricas y metódicas que se engloban en el enfoque cualitativo, por el otro.

 

Si la primera afirmación fuera cierta, haría, en todo caso, irrelevante la clasificación de los métodos en cualitativos y cuantitativos. Algunas citas al respecto:

 

“... lo cualitativo (que es el todo integrado) no se opone a lo cuantitativo (que es sólo un aspecto), que lo implica y lo integra, especialmente donde sea importante.”

(Miguel Martínez, M. 1999:8)

 

Se pueden utilizar técnicas de carácter cuantitativo (contar, matematizar, controlar variables) y pese a ello mantener un enfoque cualitativo, ‘el concepto más general en matermáticas, no es el número, sino el orden (Ibáñez, 1994); por el contrario, pueden utilizarse técnicas de índole cualitativa (discurso, centralmente) y situarse en un enfoque absolutamente positivo, que no atiende a la cualidad del dato.” (Rossana Reguillo, 1999: 23)

 

“No estamos afirmando que los positivistas no puedan emplear métodos cualitativos para abordar sus propios intereses investigativos. Así, Durkheim (1915) utilizó abundantes datos descriptivos recogidos por antropólogos como base para su tratado The Elementary Forms of Religious Life.” (S.J. Taylor y R. Bogdan, 1996: 16)

 

Aunque todavía quedan algunos, por suerte cada vez menos, que mantienen abierto el debate y la confrontación cualitativo/cuantitativo, lo cierto es que vamos en aumento aquellos que consideramos que lo realmente importa es investigar con todas las técnicas, recursos e instrumentos de que dispongamos y las posibilidades que los mismos ofrezcan.” (G. Rodríguez, J. Gil Flores y E. García, 1996: 18)

 

La segunda afirmación podría sugerir que, después de todo, la categoría que agrupa estos enfoques tendría que ser la interpretación y no la cualidad o lo cualitativo. Veamos algunos ejemplos relacionados con esta afirmación:

 

F. Erickson (1989: 196), identifica varios enfoques de investigación de corte “cualitativo” y se refiere a ellos con el término “metodología interpretativa”.

Es más inclusivo que muchos otros (por ejemplo, etnografía, estudio de caso); evita la connotación de definir a estos enfoques como esencialmente no cuantitativos (connotación que sí lleva el término cualitativo), dado que cierto tipo de cuantificación suele emplearse en el trabajo; y apunta al aspecto clave de la semejanza familiar entre los distintos enfoques: el interés de la investigación se centra en el significado humano en la vida social y en su dilucidación y exposición por parte del investigador.

 

El enfoque cualitativo acepta la “conveniencia de captar los eventos con el significado que tienen para quienes están en ese medio; el uso de un marco interpretativo que destaca el papel importante del conjunto de variables en su contexto natural y dentro de un sistema funcional y dentro de su sistema funcional...” (Miguel Martínez, M. 1999:9)

 

La descripción etnográfica es interpretativa en dos niveles: se trabaja a partir de las interpretaciones que los propios actores hacen de sus acciones; en un segundo nivel de abstracción, esas interpretaciones de primer nivel (las de los actores) se interpretan a la luz de los supuestos conceptuales que comandan la investigación, es decir, se problematizan.(Rossana Reguillo, 1999: 27)

 

De estas citas podríamos inferir una conclusión práctica y una orientación conceptual hacia esta perspectiva. La conclusión práctica consiste aproximarnos con cautela y con sentido crítico a textos de metodología que se construyen desde la polaridad cualitativo/cuantitativo, e intentar ir a los motivos teóricos y prácticos que generaron esta clasificación, con el fin de incorporar esta perspectiva a la construcción metódica del problema que intentamos introducir en este bloque.

 

La orientación conceptual tiene que ver con la adopción de una perspectiva interpretativa al aproximarnos a este enfoque metódico, la cual tendría que ser, si se fuera consecuente con los planteamientos de los autores citados, la categoría bajo la cual se agrupan varios enfoques de investigación denominados cualitativos.

 

Si la interpretación es la perspectiva teórico-filosófica que articula los enfoques cualitativos, entonces habría que revisar las perspectivas filosóficas y metódicas donde la comprensión y la interpretación constituyen la lógica y el fin de la investigación. Podríamos pensar, por ejemplo, en la fenomenología, la hermenéutica, la sociología comprensiva, el análisis del discurso, al análisis de contenido y otros enfoques interpretativos que tienen como propósito hacer explícito el sentido que tienen las acciones para los agentes en un momento histórico y en un contexto específico. Si es así, la construcción metódica tendría que derivar de estos enfoques los criterios para estructurar la estrategia de indagación de lo real diverso/complejo, que queremos realizar en esta investigación.

 

Sin embargo, antes de abordar esta tarea programática habría que ver qué es “lo cualitativo” para estos enfoques y decidir si es viable la incorporación de esta perspectiva al trabajo de construcción metódica que realizamos.

 

En otros documentos[1] complementarios para la construcción metódica del problema de investigación se han discutido más a fondo algunas dificultades derivadas de mantener esta contraposición metodológica entre cuantitativo y cualitativo; por ello, aquí sólo mencionamos uno de los argumentos que abogan para abandonar esta clasificación; o bien, para su redefinición desde otro esquema de discusión metódica.

 

Uno de acciones que tendrían que llevarse a cabo para decidir sobre la pertinencia de retomar algunos planteamientos los enfoques cuantitativo y cualitativo sería explicitar la relación lógica entre la concepción de lo real (dimensión óntica), la posibilidades de conocer esa realidad definida de tal o cual modo (dimensión epistémica), los procedimientos, técnicas e instrumentos para producir conocimiento sobre dicha realidad (dimensión metódica) y el sistema de interacción social entre investigador y los sujetos investigados que posibilita la producción de conocimiento sobre esa realidad (dimensión social), así como la concepción del ser humano y del nicho ecológico donde habitamos.

 

Del mismo modo, sería conveniente que se explicitar desde estos enfoques la articulación entre métodos y técnicas e instrumentos de investigación. Hemos constatado que los textos citados anteriormente no esclarecen si es posible hablar de una continuidad lógica entre método e instrumentos de investigación; o incluso más allá de esto, entre concepción de lo real y las técnicas de investigación. Al parecer la complementariedad que postulan estos autores parte de aceptar, sin declararlo, una cierta dependencia lógica entre métodos, técnicas e instrumentos de investigación.

 

Sin embargo, creemos que es posible afirmar la discontinuidad entre el método y la técnica y los instrumentos. Esta relativa independencia es lo que permite, en todo caso, el empleo de técnicas e instrumentos que se piensan como propios de un método, en el proceso de indagación de otro enfoque (ya sea que se vaya de lo cualitativo a lo cuantitativo o viceversa). En otras palabras, la especificidad de lo cuantitativo y de lo cualitativo, si se quisiera mantener esta división, no estaría en el empleo de tales o cuales técnicas o instrumentos de investigación, sino sobre todo, en los compromisos óntico, epistémico, metódico, social y eco-humanista desde los que se articula un trabajo de investigación y la producción de conocimiento.

 

El uso que se haga de técnicas o de instrumentos dados, dependerá en gran medida de la articulación de estas dimensiones y de los argumentos que lo justifiquen., pero no desde la interpretación de la relación entre método y técnica como una continuidad lógica en el proceso de investigación, o bien por considerar de manera aislada la perspectiva filosófico teórica de los métodos y la instrumentalizad de las técnicas y de los instrumentos de la producción del conocimiento.

 

Ahora bien, si se trasciende este nivel de discusión, tal vez sea posible el tránsito creativo entre estos enfoques aparentemente opuestos, si se toma en cuenta una de las ideas que articulan este trabajo de indagación, a saber: la unión íntima de las polaridades, podríamos enfocar desde la continuidad esta problemática.

No obstante, el movimiento a través de estos opuestos no se justificaría, como ya se mencionó, a partir del uso de tales o cuales técnicas o instrumentos de investigación, como se hace en los textos citados, sino a partir de un compromiso óntico con la realidad por el que se afirma su diversidad y complejidad, y de un compromiso epistémico en el sentido de que la cualidad y la cantidad son sólo dos de las múltiples categorías que tenemos para interrogar a la realidad y organizar nuestro conocimiento sobre la misma.

 

Así pues, con cada categoría interrogaríamos de manera diversa la realidad, sin que la descripción que cada una de ellas nos proporciona tenga que verse necesariamente como opuesta o como complementaria; en todo caso se trataría de variaciones en la aproximación a la realidad diversa y compleja que se investiga.

 

Para la indagación de lo real complejo/diverso se requiere de una actitud abierta e incluyente que promueva sistemáticamente el uso y la creación de categorías que posibiliten la construcción metódica desde la complejidad y la diversidad; de modo que la invitación al pluralismo metódico sería construir cada vez más y mejores categorías para interrogar lo real y organizar nuestro conocimiento. Si tomamos en cuenta, por poner sólo un ejemplo, la doctrina de las categorías de Kant, estaríamos hablando por lo menos de las categorías de cualidad, cantidad, relación y modalidad.

 

Veamos ahora qué puede aportar el enfoque cualitativo para la construcción metódica de nuestro problema de investigación.


 


[1] A. Verdín, (2000) El proceso de investigación en tres enfoques metodológicos. Mecanograma. Y La modalidad y la relación como alternativas para la indagación de lo real diverso/complejo, que forma el segundo bloque de la construcción metódica del problema.

 

 


      

 

Construcción metódica desde lo cualitativo.

 

Podemos precisar, a manera de ejemplo, algunas de las afirmaciones hechas anteriormente con el fin de ganar claridad en esta discusión y desglosar algunos elementos que sería conveniente tomar en cuenta en la construcción metódica del problema desde la aproximación cualitativa. En caso de que este enfoque nos aporte elementos para esta tarea, podrá justificarse de este modo su incorporación.

 

En primer lugar tenemos, de acuerdo con los autores citados, un nivel de mayor generalidad del que se derivan y articulan varias perspectivas teóricas. Como es el caso de la fenomenología, a partir de la cual se desarrollan el “Interaccionismo simbólico”, (G. Herbert Mead, 1993); la “Sociología del conocimiento”, (P. Berger y Th. Luckmann, 2001); la “Etnometodología”, (Harold Garfinkel, 2002; Alain Coulon, 1995), entre otras.

 

Ahora bien, si como dicen S. J. Taylor y  R.Bogdan (1996: 23) que de la perspectiva teórica depende lo que estudia la metodología cualitativa, el modo en que lo estudia, y en que se interpreta lo estudiado, tendríamos que esperar, en esta secuencia expositiva, que para cada una de estas perspectivas teóricas hubiera métodos de conocimiento específicos; es decir, que pudiéramos reconocer (como propios y pertinentes para cada una de las perspectivas teóricas mencionadas, y también para las que no se mencionaron) distintos tipos de métodos “cualitativos”; toda vez, que cada una de estas perspectivas selecciona objetos y aspectos diversos para la investigación y, por lo mismo, llega a construcciones teóricas e interpretaciones de su objeto diversas.

 

Sin embargo, la mayoría de los autores presentan la metodología de investigación cualitativa en bloque sin atender a estas distinciones y exponen procedimientos comunes (a nivel de técnicas e instrumentos) para esta diversidad de perspectivas teóricas. Esto lleva a que, de repente, se cuente con una lista de procedimientos de investigación como la observación participante, la entrevista a profundidad, la observación descriptiva, pero sin una conexión explícita con cualquiera de estas perspectivas teóricas más generales y, más allá de esto, si relación con la fuente filosófica de las que éstas se derivan, como sería, para este grupo de teorías, el caso de la fenomenología.

 

Pensamos que sólo cuando ocurre esta fractura en la construcción metódica de un problema de investigación, es posible pensar en la complementariedad de los métodos cuantitativo y cualitativo; pero como ya se vio, esto sólo es posible en el uso de técnicas e instrumentos, no así a nivel de los compromisos óntico, epistémico, metódico, social y eco-humanista de ambos enfoques.

 

Podríamos resarcir esta ruptura en la medida en que la construcción metódica de un problema estableciera de manera explícita los vínculos y la continuidad que va, para este caso, de la fenomenología al interaccionismo simbólico (por poner un ejemplo) y que desciende hacia los objetos y aspectos que se han seleccionado para su estudio, así como con los métodos, técnicas e instrumentos que se retoman de los ya existentes o de los que se elaboran para la producción de conocimientos o interpretación de la realidad estudiada.

 

Si logramos establecer esta continuidad y mantener la unidad sugerida, tal vez podremos dar cuenta en nuestro proceso de investigación de los compromisos óntico, epistémico, metódico, social y eco-humanista, ya no desde el enfoque cualitativo como se pretende hacer, sino desde la perspectiva teórica que se adopta para realizar el trabajo de investigación; para el ejemplo anterior, sería fenomenología e interaccionismo simbólico.

 

En consecuencia, si fuera viable retomar el aspecto cualitativo en nuestra construcción metódica del problema, sería bajo otra perspectiva distinta a la que la mayoría de autores adopta para llamar “cualitativos” a sus diseños de investigación.

 

Desde la perspectiva que aquí intentamos construir y después de las consideraciones anteriores, no habría problema en dejar fuera “lo cualitativo”, pues bastaría que se fuera consistente en la elección del enfoque fenomenológico, de alguna de las perspectivas teóricas que de éste se derivan y actuar en consecuencia con la elección hecha; es decir, emplear el procedimiento, las técnicas y los instrumentos que puedan justificarse desde estas dos perspectivas.

 

Retomemos el interaccionismo simbólico, uno de los dos ejemplos dados por S. J. Taylor y  R.Bogdan (1996: 23-25). En este enfoque teórico, el objeto de estudio lo constituyen los “significados sociales que las personas asignan al mundo que los rodea” a partir de distintas situaciones y momentos, por ello su interés se centra en el análisis e interpretación de los procesos de significación a partir de la interacción en la vida cotidiana y de los objetos que se encuentran a la mano.

 

Los compromisos óntico, epistémico, metódico, social y eco-humanista se expresan en las siguientes premisas básicas:

 

a)      “Las personas actúan respecto de las cosas, e incluso respecto de las otras personas, sobre la base de los significados que estas cosas tienen para ellas. De modo que las personas no responden simplemente a estímulos o exteriorizan guiones culturales. El significado es lo que determina la acción.”

b)      “Los significados son productos sociales que surgen durante la interacción. ‘El significado que tiene una cosa para una persona se desarrolla a partir de los modos en que otras personas actúan con respecto a ella en lo que concierne a la cosa de que se trata.’ Una persona aprende de las otras personas a ver el mundo.”

c)      “Los actores sociales asignan significados a situaciones, a otras personas, a las cosas y a sí mismos a través de un proceso de interpretación. ‘Este proceso tiene dos pasos distintos. Primero, el actor se indica a sí mismo las cosas que tienen significado. En segundo lugar, en virtud de este proceso de comunicación consigo mismo, la interpretación se convierte en una cuestión de manipular significados a la luz de la situación en que está ubicado y de la dirección de su acción.’ Este proceso de interpretación actúa como intermediario entre los significados y predisposiciones a actuar de cierto modo y la acción misma (...) Finalmente, el proceso de interpretación es un proceso dinámico. La manera en la que una persona interprete algo dependerá de los significados de que se disponga y de cómo se aprecie una situación.”

 

Una vez que se han asentado este tipo de compromisos, lo que sigue sería la construcción metódica del problema de investigación, es decir, el diseño del procedimiento, la elección o construcción de las técnicas y de los instrumentos de investigación. Cabría entonces la pregunta: ¿cuáles podrían ser los procedimientos más indicados para llegar, por medio de la investigación, a la “comprensión de los motivos y creencias que están detrás de las acciones de los agentes”, a “entender los fenómenos sociales desde la perspectiva del actor”, a “interpretar los significados a partir de los cuales se torna comprensible lo que el agente hace o dice”?

 

Este mismo proceso se tendría que hacer si generáramos una investigación desde “La sociología del conocimiento” o desde la “Etnometodología” o desde la misma “Etnografía”. En cada caso, estaría de más hablar de “lo cualitativo” en el sentido que lo usan los autores referidos, pues cada perspectiva teórica requeriría del diseño de procedimientos, técnicas e instrumentos de investigación de acuerdo con sus postulados y con la concepción que se tenga del objeto de estudio.

 

Tal vez en este punto de la argumentación sería pertinente introducir un nuevo uso y un nuevo sentido de “lo cualitativo” en la construcción metódica de nuestro problema de indagación; sin embargo, para completar la exposición y reunir más elementos para este propósito, intentaremos identificar y analizar, si es posible, los compromisos óntico, espistémico, metódico y social que se atribuyen a este enfoque, tal como se exponen en algunos textos usados como guías para el diseño de este tipo de estudios.

 

Después de lo expuesto hasta ahora, podemos anticipar que en este análisis encontraremos descripciones muy generales sobre los distintos tipos de compromisos mencionados; pero, también sabemos que si quisiéramos encontrar información más detallada al respecto habría que recurrir directamente a las fuentes de las diferentes perspectivas teóricas de las que se afirma que usan métodos cualitativos.

 

IV.1. Compromiso óntico del enfoque cualitativo.

 

Es difícil encontrar una sección en los manuales de metodología de la investigación cualitativa en la cual se haga explícito el compromiso óntico de este enfoque. Sin embargo, sí es posible apuntar algunas ideas sueltas al respecto, que luego habrá que ubicar en perspectivas teóricas más amplias. Del mismo modo, resulta complicado, por lo que ya se dijo, encontrar afirmaciones sobre el compromiso óntico de “lo cualitativo” pues este modo de hablar corresponde a una categoría clasificatoria de mayor generalidad; lo que sí podemos encontrar son afirmaciones sobre lo real hechas desde las diferentes perspectivas teóricas señaladas.

 

Veamos algunos casos:

Se afirma que la realidad se percibe como un todo interrelacionado entre sí, es decir, se tiene una visión holista de lo real.

 

En cierto modo, podría afirmarse que la realidad es captada en una visión continua del tiempo: pasado y presente se articulan para potencias el futuro.

 

Se piensa también que la realidad social es como un escenario donde hay intereses contrapuestos; es decir, como un escenario de contradicciones orquestado por voces sociales divergentes, de género, de etnia, clase, etc. La realidad se concibe a la vez como semejante y como distinta (única y múltiple).

 

Otro grupo de apreciaciones sobre la realidad contiene afirmaciones sobre la idea de que ésta es una construcción social; es decir, que la realidad se produce por la interacción de los sujetos entre sí y con el mundo. En este mismo sentido, hay otras opiniones que afirman que la realidad es una construcción simbólica, sobre todo aquellos que ven en el significado y en la acción los componentes básicos de la investigación.

 

Para otro grupo de opiniones, la realidad es lo inmediato, lo cotidiano, lo no pautado y no problemático, lo que es próximo a la experiencia de cada ser humano, lo global y lo concreto. Lo real es todo aquello que cae en el ámbito de relevancia del ser humano.

 

En síntesis, el compromiso óntico podría expresarse en las siguientes afirmaciones:

 

a)      la realidad es un todo interrelacionado (visión holista),

b)      la realidad es un escenario de contradicciones (visión dialéctica),

c)      la realidad es única y múltiple, es semejante y es diversa (visión de la complejidad),

d)    la realidad es una construcción social, es una construcción simbólica; una red de    significados construidos intersubjetivamente (visión construccionista)

e)     la realidad es todo aquello próximo y que es relevante para un ser humano concreto. (visión etnográfico-antropológica)

 

Como podrá apreciarse, cada una de estas aseveraciones sobre la realidad puede atribuirse a una perspectiva teórica específica, de modo que, fuera de estas perspectivas sería muy difícil decir cuál es el compromiso óntico del enfoque culitativo.

 

Para cerrar este apartado, veamos un caso en el que se trata la investigación cualitativa donde se presenta de manera explícita la concepción que se tiene de lo real; es decir, del “mundo por investigar”:

 

a)   Es incoherente (no se le ofrece como un dato dado, es necesario construir el sistema de coherencia).

b)   Es sólo parcialmente claro (la “naturalidad” con la que los actores desempeñan sus roles y ejecutan sus acciones “oculta” los significados y el sentido, es necesario problematizar la claridad con la que estos aparecen)

c)  Es contradictorio (las diferencias que existen entre el sometimiento de una opinión contraria, no significa que los actores “mientan” o que sean ilógicos; el mundo es básicamente contradictorio y sujeto a una lógica de operación contidiana)” (R. Reguillo, 1999: 23)

 

Es tarea de la construcción teórica del problema llenar de contenido estas breves descripciones; lo cual se hará, como ya se dijo, mediante la exposición de los conceptos básicos de las perspectivas teóricas desde las cuales se realiza este proyecto de investigación.

 

IV.2. Compromiso epistémico del enfoque cualitativo.

 

Cuando se analiza el compromiso epistémico del enfoque cualitativo saltan dificultades que sólo se pueden salvar con dificultad, si es que uno quisiera encontrar a este respecto características comunes, por lo menos en las diferentes perspectivas teóricas mencionadas. Estas dificultades derivan, como se podrá inferir, de las diferentes concepciones de lo real que se agrupan en este enfoque.

 

Mientras que en algunos casos encontramos posturas empiristas (ver J. P. Goetz y M. D. LeCompte, 1988: 28) sobre el conocimiento, en otros encontraremos afirmaciones epistémicas que van en dirección del conocimiento como una red que se teje siguiendo pautas regulares de significación (G. H. Mead, 1993); en otros casos, se hablará de el conocimiento como producto de la interacción de “leyes” dialécticas. Con lo anterior, sin que sea un análisis detallado, podemos identificar por lo menos cuatro posturas respecto a las posibilidades de conocimiento de la realidad definida desde este enfoque: una descriptiva, una interpretativa, una constructivista o construccionista y otra dialéctico-explicativa.

 

Veamos algunos supuestos al respecto.

El enfoque cualitativo afirma que es posible describir los fenómenos y relaciones sociales. Por lo mismo, el conocimiento es de tipo directo, no “filtrado por conceptos, definiciones operacionales y escalas clasificatorias” (S. J. Taylor y R. Bogdan, 1996: 22).

 

Lo que conocemos, mediante la descripción y reconstrucción detalladas, son las características de los fenómenos, “tal como son” y tal como las personas que son investigadas “los perciben”. El conocimiento producido por este enfoque se “evalúa por la medida en que logra una recreación del escenario cultural estudiado que permite a los lectores representárselo tal como apareció ante la mirada del investigador” (J. P. Goetz y M. D. LeCompte, 1988: 28).

 

La perspectiva interpretativa y explicativa del conocimiento en este enfoque la podemos ver en la siguiente cita: “Creyendo con Max Weber que el hombre es una animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser por tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones. Lo que busco es la explicación, interpretando expresiones sociales que son enigmáticas en su superficie.” (C. Geertz, 1997: 20)

 

Por su parte, J. P. Goetz y M. D. LeCompte, resaltan los compromisos epistémicos de la descripción y la explicación de la siguiente manera: “Pretende construir descripciones de fenómenos globales en sus diversos contextos y determinar, a partir de ellas, las complejas conexiones de causas y consecuencias que afectan al comportamiento y las creencias en relación con dichos fenómenos” (1988: 29).

 

El conocimiento se entenderá, en este enfoque, como una reconstrucción conceptual de los significados que los actores atribuyen a sus acciones en contextos y momentos específico, a la que se llega por la vía de la descripción, interpretación y comprensión. La construcción teórica sigue un proceso inductivo: descripción detallada de los fenómenos estudiados para pasar a la construcción de categorías a partir de la agrupación de los datos, luego se busca y se explica la forma en la que ciertos fenómenos se relacionan para, finalmente, comparar estos constructos teóricos con los datos recopilados en otros escenarios de investigación; este último momento de producción de conocimiento sirve como criterio de validación de las teorías que se producen desde este enfoque.

 

La exposición del compromiso epistémico del enfoque cualitativo se ha hecho retomando sólo dos perspectivas teóricas: la etnografía y el análisis cultural; como ya se ha dicho repetidas veces, en cada corriente es posible identificar este tipo de compromisos. Para nuestro propósito de construir metódicamente el problema de investigación, es suficiente con ilustrar estos compromisos a partir de las perspectivas teóricas elegidas, pues éstas podrían aportar para el logro de nuestros propósitos de investigación, como se podrá ver más adelante.

 

IV.3. Compromiso metódico del enfoque cualitativo.

 

El compromiso metódico de esta corriente se entiende como “el modo en que enfocamos los problemas y buscamos respuestas” (S. J. Taylor y R. Bogdan, 1996: 15).

 

Es lógico suponer que el compromiso metódico estará vinculado estrechamente con los anteriores; por ejemplo, si se parte de la fenomenología, el tipo de estudio que se llevará a cabo para conocer la realidad tendrá que ser un procedimiento fenomenológico de indagación de la vida social; lo mismo sucedería si se partiera de otras perspectivas teóricas.

 

De lo dicho en los apartados anteriores, se deduce que los métodos empleados tendrán que garantizar que los resultados de investigación permitan entender los fenómenos sociales desde la perspectiva del actor. Por medio de los métodos empleados en este enfoque se buscará examinar, de igual manera, el modo en que los sujetos experimentan el mundo y los construyen de manera significativa.

 

Como el propósito es generar datos descriptivos, los métodos de investigación tendrán que reproducir las propias palabras de las personas, habladas o escritas, y la conducta observable, de modo que quien lea el informe pueda hacerse un imagen más o menos precisa de lo que pasa en el contexto de investigación; se dice que los recursos más idóneos para este tipo de estudios serían aquellos que permitan realizar un “retrato narrativo” de lo que pasa en la situación donde se realiza la investigación; de modo que, además de lo que se dice y se hace, se pueda tener una comprensión del marco de referencia del actor social.

 

Así pues, el compromiso metódico implica estudiar a las personas en contextos naturales, por ello, la observación participante, entrevista a profundidad, observación descriptiva, estudios de caso, entre otros, serán algunos de los procedimientos más pertinentes para acceder al campo de estudio y producir el conocimiento sobre la realidad al modo como lo sugieren los compromisos óntico y epistémico de las perspectivas teóricas desde las que se genera la investigación. Dentro de este enfoque, se hace explícito el papel del investigador en el proceso, se trata de ser “sensible a los efectos que el investigador provoca sobre las personas que son objeto de su estudio”.

 

Durante el proceso de investigación se trata de hacer un ajuste continuo entre los datos y lo que la gente realmente dice y hace; esta actitud permite desarrollar procesos de investigación flexibles, que se van modificando y ajustando en el desarrollo de la investigación a partir del surgimiento de datos que tal vez al principio no se tenían contemplados, para reorientar las etapas subsecuentes de la investigación.

 

El compromiso metódico tiene que hacer explicita la relación que guarda con los compromisos óntico y epistémico, de modo que el empleo o elaboración de técnicas e instrumentos de investigación tendrían que fungir como sistemas de recopilación y transformación de los hechos en datos que tienen sentido y se interpretan a partir de dichos compromisos. Podría decirse que las técnicas e instrumentos de investigación representan la manera en la que los supuestos filosóficos y teóricos de la investigación se ponen en relación con los hechos empíricos y los transforman en datos, así como en destinatarios de las acciones que se realizan en la metódica de acción pedagógica o educativa, para el caso de nuestro interés.

 

J. P. Goetz y M. D. LeCompte (1988: 29-32), son algunas de las autoras que expresan de manera más clara esta idea. En su intento por superar la polaridad cuantitativo/cualitativo, pues consideran esta clasificación de menor valor analítico, proponen considerar las diferentes maneras de identificar, organizar y procesar los datos de la investigación a partir cuatro dimensiones; por medio de las cuales se relacionan los supuestos o perspectivas teóricas con las estrategias investigación: “Estas son la dimensión inductiva-deductiva, subjetivo-objetiva, generativo-verificativa y constructivo-enumerativa.”

 

El desplazamiento por el continuo que vincula estas polaridades será lo que caracterizará el tipo de compromiso metódico en el proceso de investigación; pero al mismo tiempo, la dirección en la que se mueva la investigación y el punto de concreción de la misma permitirá inferir el tipo de perspectiva teórica desde la que se genera la investigación.

 

Antes de cerrar este apartado, es conveniente recordar que hasta aquí se ha dicho poco sobre las técnicas e instrumentos de investigación; pues suponemos que éstas guardan una relación de independencia lógica y relativa respecto a los métodos y perspectivas teóricas desde las que se genera la investigación. Esto, que podríamos interpretar como autonomía relativa de técnicas e instrumentos, es lo que hace posible, con la debida justificación, el empleo de técnicas e instrumentos en un trabajo de investigación, que se consideran típicas o propias de cualquier enfoque distribuido a lo largo del continuo de las dimensiones “inductiva-deductiva, subjetivo-objetiva, generativo-verificativa y constructivo-enumerativa”; empero, sin que eso determine o condicione el compromiso metódico, epistémico y óntico que subyace al proceso de investigación.

 

Las técnicas y los instrumentos no están dados a priori en el proceso de investigación, éstas se constituyen a posteriori a partir de las perspectivas teóricas que guían la investigación y de la especificidad del objeto o ámbito de estudio.

 

IV.4. Compromiso social del enfoque cualitativo.

 

El compromiso social, que en este momento nos interesa, se refiere al conjunto de actitudes que se manifiestan a partir de la interacción que hay entre el investigador y los sujetos investigados; al grado de participación de los sujetos investigados y del investigador en la producción de conocimiento. Aunque, como ya se dijo en la sección introductoria a la construcción metódica del problema, este compromiso también se hace extensivo a las actitudes y compromisos del investigador respecto al contexto social en el que se realiza la investigación.

 

La mayoría de las perspectivas teóricas que se agrupan bajo el enfoque cualitativo consideran relevante, para el éxito de la investigación, el hecho de que el investigador trate de entender los fenómenos sociales desde la perspectiva del actor; es decir, se pide que se haga un esfuerzo para experimentar la realidad tal como otros la interpretan. Esta relación es lo que conocemos empatía.

 

Para realizar este tipo de investigación se pide una actitud de apertura y de asombro, nada se puede dar por sobreentendido, hasta lo que pareciera irrelevante ha de considerarse digno de atención y de análisis minucioso. Esta actitud puede expresarse como una actitud de cuidado, es decir, de interés y de preocupación por lo que pasa; las personas investigadas tienen que percibir muestras de auténtico interés y de respeto hacia los procesos que se desenvuelven en la comunidad o en el sujeto que se investiga.

 

Se espera, además, por parte del investigador que suspenda las propias creencias, perspectivas y predisposiciones o, por lo menos, que ejerza sobre ellas un control consciente. Esta actitud le permite al investigador aceptar todas las perspectivas como valiosas sin prejuzgarlas desde sus propios marcos de referencia; y es una disposición necesaria si se quiere lograr la comprensión detallada de las perspectivas de otras personas. Esto supone ver a todos como iguales, lo cual implica una relación recíproca y mutua entre los participantes en la investigación.

 

S. J. Taylor y R. Bogdan (1996: 21) nos dicen que los enfoques cualitativos tienen una perspectiva humanista. “se aprende sobre la vida interior de la persona, sus luchas morales, sus éxitos y fracasos en el esfuerzo por asegurar su destino en un mundo demasiado frecuentemente en discordia con sus esperanzas e ideales”.

 

Hay quienes han señalado (Jesús Galindo, 1994) que en este tipo de investigación se da una relación de interioridad y otra de exterioridad respecto a los contextos y sujetos que se investigan. La relación de interioridad se ha tratado de caracterizar en los párrafos anteriores, ahora algunas palabras sobre la relación de exterioridad.

 

Si esta relación no se ve como polaridades excluyentes, sino como una unión íntima entre opuestos, entonces, el tránsito hacia la exterioridad tendría que interpretarse como el desarrollo de una actitud crítica hacia la situación y hacia los sujetos que se investigan. Es posible que después de un proceso de compenetración con los sujetos, y con el afán de experimentar la realidad como los actores la interpretan, se caiga en una complicidad velada con ellos y no sólo se logre captar el punto de vista de los sujetos investigados, sino también una cierta actitud por medio de la cual se ve el mundo como no problemático. La relación de exterioridad es necesaria para mantener una actitud crítica respecto a las situaciones que se investigan. Esta actitud crítica garantiza, hasta cierto punto, que no se pierda la lógica de la  problematización, propia del proceso de investigación.

 

Esta relación de exterioridad permite al investigador “captar la incongruencia, la contradicción y las pautas culturales que normalmente de manera aproblemática orientan la vida cotidiana” y hacer explícitos “los sistemas en los que reposa el orden habitual de las cosas”. (R. Reguillo, 1999: 23)

 

IV.5. Compromiso eco-humanista del enfoque cualitativo.

 

Una característica común de las diferentes perspectivas teóricas y metódicas que se agrupan en el enfoque cualitativo es el papel que desempeñan los sujetos y el contexto de la investigación. A la mayoría se le conoce como enfoques naturalistas, por el hecho de tomar como punto de partida para la investigación los ambientes, condiciones y prácticas cotidianas en el contexto natural donde estas se despliegan y adquieren su sentido.

 

Para el caso de la etnografía, los mecanismos de inserción al campo, la permanencia prolongada en el lugar donde se lleva a cabo la investigación, la referencia continua a los escenarios naturales y culturales, representan un criterio para decidir la pertinencia y validez de los resultados e interpretaciones producidos por la investigación.

 

Para el interaccionismo simbólico, no sólo el medio natural o cultural en el que se desarrolla la investigación es significativo, sino también los objetos y su significado en la interacción entre las personas desempeñan un papel relevante. En este sentido, los nichos eco-humanos son puntos de referencia obligados para la construcción de sentido en la acción social cotidiana y para la construcción de conocimiento sobre esas acciones.

 

Las acciones y los significados que éstas tienen para los sujetos están anidadas en nichos naturales y culturales que hacen posible las acciones y les dan sentido en un proceso de muto condicionamiento. Es posible, entonces, inferir el tipo de relación que guarda el ser humano con estos nichos a partir de las acciones e interpretaciones que de estos se tienen tanto a nivel declarativo como a nivel práctico o implícito; sin embargo, no es posible decidir a priori, bajo estas circunstancias, cuál es el papel que desempeñan los nichos eco-humanos en el enfoque cualitativo, sino solo después de habar realizado una investigación desde esta perspectiva. Lo que sí es posible decir es que este enfoque metódico da pauta para hacer que estas concepciones y modos de relación se hagan manifiestos en el proceso y en los resultados de la investigación.

 

Desde estas consideraciones, los enfoques metódicos cualitativos, si bien es cierto que no dicen algo específico sobre su concepción de los nichos eco-humanos en los que se realiza la investigación, sí permiten que se haga manifiesto lo que los agentes sienten, piensan y hacen respecto a los escenarios naturales y culturales en los que es posible y tiene sentido su acción, y en esa medida, podemos atribuir a estos enfoques un compromiso abierto con estos nichos; en tanto que posibilitan su expresión en el proceso de investigación y su consideración en la reconstrucción de los significados que las acciones tienen para los agentes con quienes se hace la investigación en tales o cuales escenarios.

 

De lo expuesto en este apartado podemos inferir un rasgo que caracteriza la concepción que se tiene del ser humano en esta perspectiva metódica. El ser humano es un ser situado-en-relación-con-la-naturaleza; de ahí la posibilidad de sugerir una visión eco-humanista de ser humano; lo cual daría pauta para ampliar la comprensión tradicional de lo humano y sugerir la expresión eco-humanismo para referirnos a este tipo de relación y modo de verla.

 

Sin embargo, este rasgo no está explícito en los postulados y procedimientos para conocer lo real diverso/complejo, pero sí es posible inferirlo y hacerlo explícito para los propósitos que tenemos en esta construcción metódica del problema de investigación. Así pues, si se ha de tomar en cuenta la perspectiva metódica cualitativa, éste sería uno de los aspectos más relevantes a considerar: la situación-en-relación-con-la-naturaleza del hombre (entendido como humus[1]), eco-humano.

 

Desde la “Sociología del Conocimiento” (Thomas Luckmann, 1996) podemos derivar algunas consideraciones sobre el ser humano; las cuales a su vez se derivan de la fenomenología y que pueden ser comunes a otras perspectivas teóricas que toman esta corriente filosófica como punto de partida para la investigación.

 

El ser humano es un ser de acción, es decir “la acción es la forma fundamental de la existencia”, pero a su vez la acción está entretejida con una pluralidad de acciones que pueden ser próximas en tiempo y lugar o distantes en el pasado o en el espacio. La acción supone por parte del agente una cierta intencionalidad; es decir, el ser humano actúa con arreglo a una finalidad y de acuerdo con motivos. El ser humano es libre, en la medida que puede o no elegir una acción o un curso de acción para lograr sus fines; es libre, entonces, en cuanto a la elección del fin, la elección de la acción y de los medios; así como para coordinar las acciones propias con las de otros seres humanos para el logro de propósitos sociales. El ser humano actúa no a partir de la relación directa con los objetos, sino por medio de la representación simbólica que de estos se hace; por ello, es ser humano es un ser simbólico que vive en un mundo tejido simbólicamente.

 

En este tejido simbólico, el ser humano es capaz de emitir juicios sobre el estado y curso de las acciones que individual o colectivamente se hacen para el logro de los propósitos intentados. El ser humano sabe que su acción presente y futura está condicionada por las acciones pasadas o simultáneas que se llevan a cabo en el momento de elegir un fin, las acciones y los medios para conseguirlo. En este sentido, pues, el ser humano se encuentra, quiéralo o no, en redes simbólicas que tienen como soporte nichos cósmico-eco-humanos que hacen posible la acción individual o colectiva.

 

En esta sección se ha intentado exponer, agrandes rasgos, los aspectos que consideramos más significativos del enfoque cualitativo, que nos pueden ayudar para avanzar en la construcción metódica de nuestro problema de investigación. Como se ha visto, ha sido difícil hacer afirmaciones sobre este enfoque, pues la mayoría de las aseveraciones que se hicieron podrían haberse hecho del mismo modo, si nos hubiéramos ubicado en una perspectiva teórica (Interaccionismo Simbólico o Etnografía, por ejemplo) y hubiésemos derivado de ésta los compromisos óntico, espistémico, metódico y social, y de ese modo dejar fuera “lo cualitativo” en toda esta exposición.

 

Esta es precisamente una de las dificultades que surgieron a partir de la consulta de textos de metodología escritos desde este enfoque, la mayoría presentan el procedimiento de investigación sin vincularlos con las perspectivas filosóficas (fenomenología, hermenéutica, teoría crítica, entre otras) ni con las perspectivas teóricas (interaccionismo simbólico, sociología del conocimiento, etnometodología, etnografía, etc.), lo cual hace ver el proceso de investigación como un proceso mecánico y relativamente fácil, como lo dicen irónicamente Gregorio Rodríguez, Javier Gil y

Eduardo García (1996: 17).

“Una investigación cualitativa bien mirando tampoco es una empresa costosa para el investigador o la comunidad. Se trata de responder a una o varias preguntas sencillas sobre un tema pocas veces novedoso; no precisa de muestreo aleatorio ni dominar la siempre temible estadística inferencial; puede bastar con estudiar a un “solo” caso; no hay que elaborar procedimientos estandarizados, ¡ni validarlos!; tampoco es necesario administrar pruebas o escalas que requieran un entrenamiento especializado; el análisis no requiere el empleo de técnicas multivariantes. En fin, una bagatela.”

Consideramos que es recomendable, para la construcción metódica del problema de investigación, ubicarse en una perspectiva teórica y desarrollar a partir de ésta los modos de concebir e interrogar lo real, los criterios para el planteamiento de problemas de investigación y el modo de abordarlos, así como los criterios para la producción teórica y el sistema de relaciones sociales que cada enfoque propone.

 

Ahora bien, si desde los resultados a los que no llevó esta línea de argumentación no es posible echar mano de “lo cualitativo”, sobre todo porque lo expuesto se derivó de las perspectivas teóricas y metódicas particulares como “Sociología del Conocimiento, Etnografía, Interaccionismo Simbólico y Etnometodología” en un intento por llenar de contenido una perspectiva metódica que al parecer, sin las perspectivas teóricas mencionadas, se encontraría vacía y sin posibilidades de orientarnos en ella para la construcción metódica de nuestro problema de investigación; pero, si se afirmara que es posible retomar la cualidad como categoría para la interrogación de lo real y la organización de los conocimientos que sobre esta construimos, entonces ¿desde qué perspectiva sería posible retomar esta categoría para avanzar en la construcción metódica del problema de investigación? A esta pegunta se intentará dar respuesta en lo que sigue.


 


[1] A partir de la perspectiva de género se ha tratado de “marcar” la palabra mujer, en contraposición a hombre, que como término “marcado” hace referencia genérica a la especie humana; sobre todo para contrarrestar las connotaciones sociales, económicas, políticas, culturales e históricas que ponen en desventaja de oportunidades a las mujeres en relación con los hombres, y en particular en el uso de la lengua. De ese modo, encontramos ahora expresiones escritas y orales en las que se mencionan a “hombres” y “mujeres”, para no excluir a los destinatarios de género femenino si sólo se dijera “hombres”; sin embargo, la palabra hombre, que tiene la misma raíz que humano, viene de humus. Y ésta última significa “arcilla”, “tierra fértil” con lo cual se indica la procedencia del hombre: “la tierra era la madre originaria, primordial”. En todo caso, hombre y humano hacen referencia a la “relación originaria femenina” de la especie con la tierra; es decir, que “lo femenino se encuentra ligado a la madre y a la totalidad”; de modo que hombre, humano, humus son palabras que evocan un modo de relación femenina con la tierra, “madre originaria-primordial”, y no masculina. Podría decirse que el uso de hombre para referirse a la expresión humana de lo masculino, tiene una procedencia de sentido y de relación femenina, antes que masculina; es decir, al decir hombre decimos más lo femenino que lo masculino.

 

 

 


      

La cualidad, una categoría alternativa para la indagación de lo real complejo/diverso.

 Si se quisiera retomar lo cualitativo para avanzar en la construcción metódica del problema de investigación, y por lo mismo, si se le quisiera dotar de algún sentido heurístico y se deseara construir de modo tal que nos orientara en nuestra forma de interrogar lo real complejo/diverso (es decir, que pudiéramos usar la perspectiva cualitativa como un modo de problematización de nuestro objeto de estudio) y nos ayudara a organizar el conocimiento producido, entonces habría que sacarlo del contexto de uso que nos es familiar; algo que trató de iniciarse en las secciones anteriores de este apartado.

Consideramos que la manera como se aborda, en la mayoría de los textos sobre métodos de investigación, lo cualitativo contiene una falacia: la falacia categorial. Por ello, si esta categoría ha de tomarse en cuenta para la construcción metódica de Pedagogías Indias, será pertinente hacer explícita esta falacia; pero, sobre todo, tomar en cuenta lo que se ha expuesto sobre lo cualitativo, como se ha intentado caracterizar esta categoría en las secciones anteriores.

La falacia categorial es muy fácil de ejemplificar. Si alguien dice que en su casa tiene sillas, mesas, sillones, libreros, escritorios, camas y, además, que tiene muebles; otro le podría decir que no es atinado lo que está diciendo; ya que, o bien tiene sillas, mesas, sillones, libreros, escritorios y camas o bien tiene muebles, pero que no puede tener ambos a la vez. En este caso es relativamente fácil identificar la falacia, pues “mueble” se refiera al conjunto de elementos enlistados; es decir, es la categoría que agrupa los diferentes objetos en una clase, la de los “muebles”; por eso, decir que tengo sillas y muebles, carece de sentido. Pero lo mismo ocurre en el caso de la segunda intervención, pues tampoco tiene sentido decir “o tienes sillas o tienes muebles; pero, no ambas a la vez”. Ahora bien, si alguien intentara decirnos cuáles son los rasgos que definen lo que es la categoría “mueble” y empezara a enumerar los rasgos que definen a la silla o a la mesa; seguramente diríamos que esos rasgos definen lo que es “silla” o “mesa”, pero no lo que es mueble. Incluso se podrían reunir todos los rasgos de los objetos enlistados y, probablemente, no se llegaría a una caracterización pertinente de “mueble”. Tal vez, si en lugar de enumerar los rasgos que definen “silla”, “mesa”, etc., se dijera que estos objetos son ejemplos de muebles; entonces tendríamos quizá una comprensión mejor de lo que es un “mueble”, aunque no se haya dado una definición y todavía se espere su caracterización para tener una mejor comprensión del concepto, pero por lo menos se daría un paso para salir de esta falacia.

La falacia anterior está presenten presente en casi todas las exposiciones sobre lo cualitativo. Lo autores revisados hacen una lista de rasgos propios del Interaccionismo Simbólico, de la Etnografía, de la Sociología del Conocimiento y de la Etnometodología para definir lo cualitativo; pero como en el ejemplo anterior, la suma de esos rasgos no lo define; en todo caso, se debería decir que esas perspectivas teóricas son ejemplos del enfoque cualitativo, y estaríamos a la espera de una caracterización de lo cualitativo como categoría que agrupa una clase de perspectivas teóricas y metódicas para la investigación, como se hizo con el caso de la categoría “mueble”.

Sin embargo, esto no ocurre. Y esa es precisamente la dificultad que enfrentamos en la construcción metódica del problema desde esta perspectiva; pues tratamos de agrupar dentro de los diferentes compromisos (óntico, epistémico, metódico, social y eco-humanista) para la investigación una serie de rasgos derivados de cada una de las perspectivas teóricas mencionadas; pero no pudimos decir nada o dijimos muy poco de lo cualitativo.

Quizá, para lograr esta tarea, una vía sería la de encontrar y la de enumerar los rasgos que definen lo cualitativo, a partir de los puntos que tienen en común los diferentes “ejemplos” mencionados y agruparlos, como en el caso de los muebles, en una categoría que exprese esta clase de perspectivas de investigación.

Esto, de una u otra manera, se intentó hacer por los mismos autores citados e intentamos hacerla explícita en la exposición, pero como resultado se obtuvo que la categoría que agrupa estas perspectivas teóricas y metódicas es la interpretación, no la cualidad. Entonces, es legítimo decir que estos enfoques más que cualitativos son enfoques interpretativos; de modo que sería necesario, para avanzar en la construcción metódica del problema desde lo cualitativo, introducir otros referentes para su construcción.

A manera de puente, revisemos otro sentido de la falacia categorial. Alguien llega muy contento a casa, después de un día de paseo, y nos dice que acaba de ver un bonito par de niñas feas, y que, además, eran dos. Ante esta situación alguien reacciona y dice que es posible que el par sea bonito y que las niñas sean feas, pero no que sean dos. Otro dice, no, que es posible que el par sea bonito y que las niñas sean feas, aunque pudieran ser dos, etc. Este tipo de razonamientos y enunciados son producto de la falacia categorial. Para uno de los casos, no es posible decir o el par es bonito o las niñas son feas; ni tampoco, el par es bonito y las niñas son feas; o ambas cosas a la vez, pero no las dos al mismo tiempo (Un bonito par de dos niñas feas). Para el otro, no es posible decir que es un par y que son dos; pero tampoco decir que o es un par o que son dos, o ambas cosas a la vez, pero no las dos al mismo tiempo.

Esto no es posible porque no son válidas ni la conjunción ni la disyunción de categorías que pertenecen a distinto orden. En el ejemplo anterior estamos ente un caso en el que se pretenden unir (mediante la conjunción “y”) y separar (mediante la disyunción “o”) las categorías de cualidad, de cantidad y de relación.

Los adjetivos “bonito” y “feas” representan la cualidad, es decir, es una categoría que nos permite distinguir las diferencias en la manifestación de los objetos, en este caso, de “par” y “niñas”; los sustantivos “par”, en singular (uno) y “niñas”, en plural (dos), representan la cantidad; es decir nos dice el número de objetos que hay; pero al mismo tiempo el sustantivo “par” representa la relación, es decir, que “par” establece la relación en un conjunto entre dos unidades, en este caso: “dos niñas”; el concepto “par” excluye la relación en un conjunto entre doce unidades, como sería el caso de “una docena”. Además, “un par” también podría ser un clasificador numeral; es decir, un clasificador que indica la “cualidad” de aparecer las unidades en un conjunto de dos. En este punto, todo depende del criterio de clasificación, es decir, del modo de categorización de los objetos y sus relaciones.

En este ejemplo controversial, es relativamente fácil identificar la falacia categorial cometida en el razonamiento de los personajes ficticios, pero, también es relativamente fácil identificar los distintos tipos de categorías que están en juego en el ejemplo. Al parecer, una confusión parecida es lo que ocurre cuando se habla de enfoques cuantitativos y cualitativos. No es posible decir cuantitativo y cualitativo como lo hacen muchos autores que abogan por la complementación metodológica; pero, tampoco se puede decir o cuantitativo o cualitativo, como lo hacen los que abogan por la especificidad metodológica.

Al contrario, suponemos que si fuera posible tomar en cuenta lo cualitativo esto podría hacerse desde la doctrina de las categorías; es decir, si retomamos la idea que esta doctrina de acuerdo con la cual las categorías son modos de interrogar lo real y de organizar nuestro conocimiento; que no se excluyen ni se complementan, sino que representan matrices de conocimiento que describen y dan cuenta de distintos aspectos de lo real diverso/complejo.

Este análisis, que pudiera parecer ocioso, es relevante para la construcción metódica de nuestro problema de investigación; toda vez que para la mayoría de los pueblos mesoamericanos la división entre cantidad y cualidad no existe; además que la cantidad no está asociada a la idea de número que tenemos en la cultura occidental; por el contrario, el número es al mismo tiempo que una herramienta para contar, es la manera que tienen muchos pueblos de organizar el cosmos, la espiritualidad y la filosofía que está implícita en su universo cultural. Por ello, si no se aclara la manera que tenemos de abordar estas categorías desde una perspectiva metódica, podemos caer en incomprensiones y malos entendidos de otros universos culturales.

En este momento podemos hacer por lo menos dos tipos de distinciones que nos ayuden a avanzar en la construcción metódica de nuestro problema de investigación. Lo cualitativo lo podemos abordar y retomar de la manera como se intentó caracterizar en las secciones anteriores; es decir, centrándonos en una corriente filosófica, como la fenomenología, luego elegir alguna de las diferentes teorías que se derivan de esta corriente, por ejemplo, el interaccionismo simbólico, para luego dar paso al proceso interpretativo que caracteriza esta manera de entender lo cualitativo.

Por otro lado, existe la posibilidad de retomar lo cualitativo desde la doctrina de las categorías, lo cual implica entenderla como una forma de interrogar sobre un aspecto de lo real, distinta por ejemplo, de otras posibilidades como las categorías de modalidad y de relación, o de la misma cantidad; en cualquiera de los dos casos, de lo que se trata es de buscar alternativas para la indagación de lo real diverso/complejo; pero, sobre todo, de diseñar procedimientos metódicos que nos aproximen al estilo de ver y de conocer lo real de los pueblos mesoamericanos.

La primera opción se ilustró de una manera más pertinente a nuestros propósitos de investigación, para ellos se desglosaron los compromisos óntico, epistémico, metódico, social y eco-humanista que podrían atribuirse a esta perspectiva metódica; el segundo, como ya se dijo, implica abordar la cualidad como una manera de interrogar un aspecto de los real y como un modo de organizar nuestros conocimiento, Esta manera de retomar lo cualitativo se hará más explícita en el segundo bloque de la construcción metódica del problema.

Además de estas dos vías, es posible identificar una tercera, la cual tiene que ver con la manera en la que se expresan las cualidades o modos de ser de los objetos y de las acciones; es decir, podemos llamar investigación cualitativa a aquella que versa sobre adjetivos y sobre adverbios. En este sentido suponemos la existencia de los substantivos y de los verbos, y lo que nos interesa es el modo de ser y el modo de hacer, así como los matices que el adverbio agrega al adjetivo, lo cual no aproxima al análisis de la diversidad de modos o maneras de ser y de hacer de las diferentes culturas, lo cual constituye uno de los objetivos principales de Pedagogías Indias.

En esta modalidad se trata de identificar las cualidades de los sustantivos (objetos) y los modos de hacer (las acciones), de ser o de estar que expresan los verbos. Es una investigación adjetival y adverbial, más que una investigación substantiva y de la acción; para llevar a cabo esta investigación suponemos que a partir de los modos de ser o hacer se puede llegar a la construcción de nuevas realidades o de realidades paralelas y alternativas a la que conocemos.

Podríamos pensar en un ejemplo que nos puede servir para avanzar en la exposición. “Clasificar” es una acción que podría pensarse como un proceso cognoscitivo común a todas las culturas, incluso podría describirse esta actividad en las acciones que la hacen posible, de tal modo que pudieran ajustarse los procesos clasificatorios a esta descripción. Así, comparar, identificar semejanzas y diferencias entre los objetos, reducir la cantidad de información, organizar los datos y ordenarlos en categorías de mayor comprensión genérica; definir los criterios de clasificación y actuar en concordancia con ellos, ser capaces de reconocer excepciones a las reglas de clasificación definidas; etc., son algunos de los proceso implicados en la clasificación.

Sin embargo, este proceso está mediado culturalmente, de modo que cada cultura tendrá su propio sistema de reglas y excepciones para clasificar, y aunque el proceso pudiera ser semejante bajo ciertos aspectos, la percepción de los objetos y los atributos que los hacen semejantes o diferentes variarían de una cultura a otra. Podríamos decir que la clasificación consiste en distinguir los rasgos que consideramos diferentes y los rasgos que consideramos, siguiendo un criterio, semejantes.

El proceso de encontrar semejanzas y reunirlas en una clase permite la construcción de categorías, pero las subcategorías de esta clase se construyen, al mismo tiempo, por un proceso de diferenciación de los atributos de los objetos o de las acciones que se clasifican.

De este modo, la investigación cualitativa, vista desde la perspectiva que nos interesa desarrollar en la construcción metódica de nuestro problema de investigación, consistiría no sólo en asumir que la clasificación en un proceso cognoscitivo que se realiza en las diferentes culturas, sino en identificar la manera de percibir el mundo y la lógica que sigue el proceso de clasificación de las culturas en cuestión.

Por ejemplo, ¿cuál es la visión del mundo y bajo qué criterios se clasifica en español el verbo “comer” como un verbo agencial; es decir, como una acción transitiva que realiza el agente sobre un objeto, la comida, que padece la acción del sujeto? Y ¿cuál es la visión de mundo y bajo qué criterios se hace en tseltal la distinción de por lo menos seis verbos para decir “comer” y se clasifican como verbos vivenciales; es decir, como verbos en los que no se hace la acción de comer, sino que se tienen la vivencia del comer; vivencia, por demás, diferenciada de acuerdo con las características de los alimentos que se comen y del modo en que se comen?

Este sería el tercer modo en el que se pude incorporar la categoría de cualidad al proceso de construcción metódica en este trabajo de investigación; es decir, para la indagación de lo real diverso/complejo; pues dicha categoría permitiría preguntar por las variaciones que presentan los sujetos (y objetos culturales) y de las acciones que se despliegan en contextos de diversidad cultural; toda vez que construimos la categoría de diversidad como al articulación de variación, variedad, distinción y diferencia; la cualidad, vista en este sentido, sería la categoría que nos permitiría indagar por la diversidad y por la complejidad en la que dicha diversidad está entretejida.

 

 

 


      

 

El razonamiento aproximado como alternativa para la indagación de lo real complejo / diverso.
 

Al revisar históricamente las formas en las que las distintas versiones de la cultura occidental generan y organizan el conocimiento, se podría tener la impresión que los desarrollos teóricos y metódicos más recientes, en distintas áreas del saber, se han aproximado en cierto modo a estilo de conocer y de usar el conocimiento de algunos pueblos mesoamericanos. Por ejemplo, las teorías que nos hablan de un universo implicado y otro desplegado (D. Bohm, 1998), la teoría física de las supercuerdas (B. Green 2001) semejante a los “filamentos luminosos” que le describe don Juan a Carlos Castaneda (2001); la teoría de los fractales (L. Ciompi 1997; J. Briggs y F.D. Peat, 1994) y las teorías del caos (J. Briggs y F.D. Peat, 1999); la teoría de Einstein sobre la cuarta dimensión espacio-tiempo, las teorías sobre el medio ambiente o ecológicas, entre otras.

Estas teorías pueden verse como resultado de cambios más profundos en la manera de ver el cosmos, la trascendencia, el medio ambiente, la sociedad, a los individuos y las relaciones que entre estos se establecen, pero también pueden relacionarse con los métodos y técnicas de investigación disponibles en la actualidad; de modo que, de manera recursiva la cosmovisión del mundo, las teorías, los métodos y los instrumentos de indagación, en un proceso de mutuo condicionamiento, han producido una forma de ver y de habitar el mundo en ciertos puntos semejante a la de los pueblos originarios.

Sin embargo, hay que aclarar que se ha llegado a puntos comunes a partir de dos rutas distintas, pues la matriz cultural que ha producido estos cambios es diferente de la matriz cultural mesoamericana y, aunque haya ciertas similitudes, lo que se nos presenta como semejanzas en la superficie tiene significados, en algunos casos, radicalmente distintos en función del universo simbólico donde adquieren su significado. No obstante, estos puntos de contacto nos permitirán tener una comprensión más cercana al estilo de producir y de usar el conocimiento de lo que nos permitiría hacerlo el enfoque positivista y cientificista privilegiado por distintas versiones de la tradición cultural occidental.

Este es caso del razonamiento aproximado que proponemos como cuarta alternativa metódica para la indagación de lo real diverso complejo; que consideramos puede acercarnos a la forma de conocer de algunos pueblos originarios; aunque claro, lo anterior sin perder de vista que la matriz cultural de procedencia nos obliga a considerar sus diferencias. Suponemos que estos enfoques son los que pueden facilitarnos el tránsito del universo cultural occidental al mesoamericano. Como ya de dijo, lo que tratamos de hacer, en esta construcción metódica del problema de investigación, es diseñar un andamiaje para aproximarnos al modo de producir conocimiento de los pueblos originarios.

El razonamiento aproximado puede verse como un método para tratar con realidades complejas y no lineales; pero, además, es un recurso para la toma de decisiones en situaciones de incertidumbre y a partir de datos que tienen cierto grado de imprecisión. Este tipo de razonamiento es el método del que se vale la lógica borrosa[1], una de las lógicas polivalentes, que tiene como objetivo principal “proporcionar un marco de cálculo para la representación del conocimiento y para la obtención de inferencias en un entorno de incertidumbre e imprecisión”. (E. Trillas 1995: 40)

No sólo se trata de un recurso metódico para la percepción y el pensamiento humano, que desde esta teoría se consideran difusos, vagos, inciertos e imprecisos; sino sobre todo de un enfoque que considera que también lo real es borroso, disperso, y que sólo es posible conocerlo por medio de procesos sucesivos de aproximación. En este enfoque, la precisión es substituida por la proximidad, de modo que la precisión se convierte en el límite de la vaguedad, y no a la inversa como se acostumbraba en la lógica y en la ciencia de corte positivista.

La teoría de conjuntos borrosos, define un conjunto borroso como una clase en la que puede haber un continuo de grados de pertenencia, como podría ser, por poner un ejemplo, la clase de “objetos largos” (Lotfi A. Zadeh 1975: 9), o para nuestro ámbito de interés, la clase de los pueblos indios. La construcción de dichos conjuntos resalta la capacidad humana de sintetizar, comunicar y tomar decisiones ante información parcial o incierta. Para Zadeh, los conjuntos borrosos desempeñan un papel fundamental en la cognición humana; de manera particular, en relación con la formación de conceptos, con la clasificación de patrones y con el razonamiento lógico.

Para la lógica borrosa, el valor de verdad de una proposición se establece mediante un proceso de asignación de grados de pertenencia al conjunto borroso que se expresa en la proposición; en este caso la “verdad” es una cuestión de grado; sin embargo, como lo mencionan Enric Trillas y colaboradores (1995), la asignación de grado no favorece el relativismo, sino que pone de manifiesto el “carácter relacional de la verdad”. Por el contrario, decidir de forma gradual el valor de verdad de una proposición permite, a la vez, el “pensamiento flexible y riguroso”.

Al parecer, este enfoque puede auxiliarnos en dos sentidos distintos, a) para aproximarnos de una manera pertinente al estudio de los pueblos mesoamericanos y b) como hipótesis de trabajo, de acuerdo con la cual suponemos que el razonamiento aproximado es uno de los modos de conocer de estos pueblos.

En el primer caso, por tratarse de universos culturales diversos, tenemos la sensación de estarnos moviendo en contextos de imprecisión y de incertidumbre; tal vez porque en nuestro lenguaje cotidiano o en el discurso teórico nos encontramos con enunciados o proposiciones respecto al ser o al estado de los pueblos mesoamericanos que no se ajustan “perfectamente” al universo cultural correspondiente; con enunciados que, por sus diversos matices de significado, se entrecruzan con lo que se afirma de ese universo y lo que se niega al mismo tiempo. Este modo de proceder del razonamiento aproximado abre, como se podrá ver en el bloque III de la construcción metódica del problema, nuevos espacios de debate y de construcción teórica más flexible a partir de enunciados vagos que no siempre se pueden precisar, y que presentan de manera difusa los que podríamos haber afirmado previamente sobre los pueblos mesoamericanos desde la lógica de la precisión y de la certeza. Si bien es cierto que los enunciados difusos sobre los pueblos originarios nos hacen perder ciertos matices en la conceptualización y comprensión que tenemos de ellos, también lo es que este enfoque nos permite aflojar nuestras certezas y dar oportunidad para que emerjan los rasgos o valores difusos que nos permiten generar nuevas formas de comprender la especificidad de los diferentes pueblos, a los que se ha agrupado en la clase, por demás borrosa, de “indígenas” o “indios”.

La lógica borrosa brinda, en este contexto, un recurso para poder orientarnos en contextos imprecisos, pero para ello se requiere flexibilidad de pensamiento, hacer uso de la analogía, de la metáfora, de la sinonimia para poder ver de manera refractada, oblicua, los conceptos y las interpretaciones que hacemos de los real, en este caso de los pueblos mesoamericanos.

Podemos decir con E. Trillas (1995: 41): “El tratamiento de la vaguedad no sólo requiere de una buena técnica, sino también de la adopción de actitudes tan imprescindibles para el trabajo científico como la sensibilidad (para analizar casos y detectar problemas), el rigor (para precisar la argumentación), la intuición o la creatividad (para el desarrollo de nuevas teorías y modelos).”

Lo que para occidente ha significado un desarrollo más o menos pertinente en la manera de producir conocimiento y de tratar con la realidad; es decir, la producción de una lógica, una teoría y un método para tratar con realidades complejas a partir de entornos inciertos y de datos incompletos, podría ser uno de los modos habituales y cotidianos de conocer y de tratar con el mundo de algunos pueblos originarios; en este sentido, si nuestra hipótesis es viable, estaríamos identificando un puente de tránsito que permitiría el entendimiento intercultural y, con ello, se abriría la posibilidad de construir discursos y prácticas pedagógicas desde la perspectiva mesoamericana, a partir de este intersticio metódico, que suponemos está disponible en la cultura occidental.

Si tomamos como punto de referencia la lengua, podríamos decir que ésta representa un conjunto borroso construido histórica y culturalmente a partir de un universo, también borroso, al que habitualmente llamamos realidad. Las distintas lenguas son aproximaciones sucesivas a la construcción lingüística del mundo; de modo que cada una representará maneras diversas de acercamiento; esto en función de las necesidades de comunicación de las culturas que han desarrollado su propio sistema lingüístico. Así pues, la lengua no sólo es la manera lingüística de aproximarnos a la construcción del mundo, sino la manera en la que expresamos y organizamos nuestro conocimiento del mundo y, por lo mismo, representa uno de los medios privilegiados de producir y comunicar dicho conocimiento.

Podemos suponer que habrá culturas en las que la lengua expresará de una manera más transparente esta forma de proceder de la percepción y del pensamiento que llamamos razonamiento aproximado, por ejemplo, en tseltal (y probablemente en la mayoría de las lenguas mesoamericanas, pero con más probabilidad en las lenguas mayas) los conceptos relacionados con la enseñanza y el aprendizaje, así como con el conocer, refieren a la idea de aproximación sucesiva al objeto.

De modo que, conocer será interpretado como una manera de “aproximarse adecuadamente a la situación o al objeto”. Por ello, el aprendizaje será el medio para re-conocer o re-cordar la disposición, la orientación o la actitud pertinente hacia un objeto o situación; así, (s)nopel, aprender, será el aproximar(se) del sujeto; mientas que noptesel, enseñar, es hacer que otro se acerque, se aproxime; que “aproxime la realidad a su corazón”. (A. Paoli 2003: 114)

En ambos casos aparece la palabra nop, que significa cercanía. Como lo dice Antonio Paoli (ibid: 121), “Al parecer para el tseltal el conocer está centrado en el entendimiento, y en asegurarse en que lo entendido, como tendencia, es lo adecuado.” En otras palabras, podríamos decir que se trata de un conocer tendiente a lo verdadero; es decir, de un proceso de asignación de grados de verdad respecto a la manera de orientarse hacia el objeto o situación; para el caso de la lógica borrosa, de un proceso de asignación de valores de verdad a un enunciado o proposición en forma de aproximación sucesiva.

No obstante, el esquema epistémico tseltal (y probablemente el de la mayoría de los pueblos mesoamericanos, pero con mayor probabilidad el de los pueblos mayas), difiere del propuesto por la teoría de conjuntos borrosos, en muchos sentidos, pero por lo menos consideramos que este enfoque nos aproxima de una manera distinta a la habitual a los pueblos mesoamericanos.

Podríamos decir, que mientras que la lógica borrosa establece un continuo en el intervalo [0, 1], en donde cada uno de los valores intermedios que adquiera un elemento, será un criterio para decidir su grado de pertenencia a un conjunto borroso. Un predicado no podría, de acuerdo con esta lógica, adoptar los valores de 0 o de 1, pues de ese modo estaríamos no ante un conjunto borroso, sino en el límite de la borrosidad; es decir, en la verdad absoluta o en la incertidumbre absoluta; lo cual no pasa, por lo general con los conocimientos humanos.

Para el paradigma mesoamericano esta lógica funciona de modo similar. Sin embargo, sólo a manera de hipótesis podemos suponer la existencia de grados intermedios casi infinitos en el intervalo [0, 1], para decidir la pertenencia o no de un elemento a un conjunto, o lo que es lo mismo para decidir sobre el grado de verdad de una proposición. La lógica tetrádica mesoamericana suponemos que tiene un esquema para de cuatro valores para la asignación de grados de verdad o de falsedad para un enunciado. Así, tenemos la siguiente distribución: verdadero, posiblemente verdadero, posiblemente falso y falso; sin embargo, todavía no podemos afirmar la existencia de valores intermedios entre estos cuatro valores; pero consideramos que es muy probable que así sea, pues la lógica mesoamericana asigna valores de verdad con base en un sistema binario, con base cinco, con base diez, con base 20 y, probablemente, con base 40.   

Otro rasgo en común con entre estos dos enfoques es que, en ambos, los criterios para asignar valores de verdad a un enunciado o a una proposición son polivalentes; es decir, en estos dos modos de producir, organizar y comunicar el conocimiento no se tendrá la percepción de haber llegado definitivamente a la verdad, sino por medio de asignación gradual de valores intermedios; de modo que no se puede afirmar que una cosas es así, o de otro modo; por el contrario, en estos dos enfoques las afirmaciones sobre la realidad serán solo probables; esto es, aproximaciones sucesivas al objeto.

“En tseltal pocas veces se dice que algo es así, con mucha frecuencia se dice jich yayel (así se escucha, así se siente). Podemos decir que ellos tienen una conciencia profunda de que se percibe de tal manera, pero que no necesariamente es así.” (A. Paoli 2003: 103) 

Por su lado, la lógica borrosa parte del supuesto de la imprecisión del razonamiento humano, pretende desarrollar un método para tomar decisiones razonables en un entorno lleno de incertidumbre; de modo que podamos obtener respuestas aproximadas a preguntas basadas en el conocimiento disponible, que generalmente es inexacto, incompleto y, algunas veces, no del todo fiable. De modo que se trata de un modo de conocer que no sólo es racional, sino además razonable y basado en gran medida en la intuición y en el conocimiento lingüístico; toda vez que, la asignación graduada de valores de verdad a un conjunto borroso estará basada en gran medida en el estilo de apreciación de lo real y en la capacidad de transformar valores borrosos a valores discretos, cuyo grado de precisión estará definido con anterioridad a partir del conocimiento disponible sobre la clase, por ejemplo, la clase de “pueblos indios”, y de la definición de los rasgos (variables borrosas) que cada individuo deberá tener para decidir si pertenece o no a esta clase.

El método de razonamiento aproximado también abre la posibilidad generar procesos de investigación a partir de la construcción de conjuntos borrosos, como podría ser el caso de los conceptos de “mestizo” o “indio”, donde los límites mínimos y máximos de inclusión en cualquiera de las dos clases resultan borrosos; este enfoque nos posibilita el cuestionamiento crítico del proceso de construir categorías a partir de límites precisos y nos abre el inmenso mundo de los límites difusos, borrosos, vagos que fueron dejados de lado en el proceso de abstracción, propio de la formación de conceptos; en otras palabras, el pensamiento borroso, se nos presenta como una alternativa para la indagación de lo real complejo / diverso, características que identificamos en la constelación de objetos de estudio de Pedagogías Indias.

Algunos de estos planteamientos se tomaron en cuenta para la elaboración del tercer bloque de la construcción metódica del problema “Aproximación metódica al diálogo intercultural y transcultural”; además, la gran mayoría de la producción teórica, metódica, técnica e instrumental, tanto del proceso de producción de conocimiento pedagógico y de la metódica de implicación pedagógica (práctica pedagógica) se ha construido desde estas alternativas de construcción metódica del problema de investigación.

[1] Lotfi A. Zadeh propuso en 1965, en sintonía con las lógicas polivalentes, la Teoría de Conjuntos Borrosos, con lo cual brinda un método para la representación lógica del conocimiento y del razonamiento humano que, generalmente, se caracterizan por ser impreciso y aproximado. En contraste con la lógica clásica; para la lógica borrosa, el razonamiento preciso es sólo un caso límite del razonamiento aproximado. (Ver Lotfi A. Zadeh 1975)

 

 

 


      

 

Berger, P. y Th. Luckmann (2001). La construcción social de la realidad. Argentina: Amorrortu.

Bohm, D. (1998). Ciencia orden y creatividad. Barceona: Kairós.

Briggs, J.  y F.D. Peat (1994). Espejo y reflejos: del orden al caos. Guía ilustrada de la teoría del caos y de la ciencia de la totalidad. Barcelona: Gedisa.

Briggs, J. y F.D. Peat (1999). Las siete leyes del caos. Las ventajas de la vida caótica. Barcelona: Grijalbo.

Castaneda, Carlos (2001). Las enseñanzas de don Juan. México: FCE.

Ciompi, L. (1997). Die Emotionalen Grundlagen des Denkens. Entwurf einer fraktalen Affeklogik. Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht.

Coulon, Alain (1995). Etnometodología y educación. Barcelona: Paidós.

Erickson, F., “Métodos cualitativos de investigación sobre la enseñanza” en Wittrock, M. (1989).  La investigación de la enseñanza, II. Métodos cualitativos y de observación. Barcelona: Paidós. 195-301.

Galindo, Jesús (1994). Entre la exterioridad y la interioridad. Apuntes para una metodología cualitativa. Guadalajara: ITESO.

Garfinkel, Harold (2002). Ethnometodology’s Program. Oxford: Rowman & Littlefield Plublisher. INC.

Geertz, C. (1997). La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa.

Goetz, J. P. y M. D. LeCompte (1988). Etnografía y diseño cualitativo en investigación educativa. Madrid: Morata.

Green B. (2001). El universo elegante. Supercuerdas, dimensiones profundas y la búsqueda de una teoría final. Barcelona: Crítica / Planeta.

Lenkensdorf, Carlos (2002). Filosofar en clave tojolabal. México: M. A. Porrúa.

Mead, G. Herbert  (1993). Espíritu, persona y sociedad. México: Paidós.

Martínez M., Miguel (1999). La investigación cualitativa etnográfica en educación. Manual teórico-práctico. México: Trillas.

Paoli, A. (2003). Educación, Autonomía y Lekil kuxlejal. México: UAM-X.

Reguillo, Rossana, “De la pasión metodológica o de la (paradójica) posibilidad de la investigación” en Mejía A. Rebeca y S. Antonio Sandoval; coords. (1999). Tras las venas de la investigación cualitativa. Perspectivas y acercamientos desde la práctica. Guadalajara: ITESO.

Rodríguez, G.; J. Gil Flores y E. García. (1996). Metodología de la investigación cualitativa. Granada: Aljibe.

Taylor, S.J. y R. Bogdan (1996). Introducción a los métodos cualitativos en investigación. Barcelona: Paidós.

Trillas, Enric; et al (1995). Introducción a la lógica borrosa. Barcelona: Ariel.

Verdín, A. (2000). El proceso de investigación en tres enfoques metodológicos. México: Mecanograma.

Woods, Peter (1993). La escuela por dentro. La etnografía en la investigación educativa. Barcelona: Paidós.

Zadeh, Lotfi A. (1975). Fuzzy sets and their applications to cognitive and decision process. New York: Academic Press.