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pedagogías indias

Inteculturalidad

 

 

INCIDIR PARA UNA EDUCACIÓN INTERCULTURAL

Marc Georges Klein[1]

Centro de Iniciativas LATERAL

Colectivo por una Educación Intercultural

 San Cristóbal de Las Casas, Mayo-Agosto del 2009

 

 La emergencia de formas autónomas de organización y de expresión de la sociedad civil, respaldada por un dispositivo legislativo consecuente[2], constituye sin lugar a dudas una de las dinámicas sociales más relevantes y alentadoras que se están desarrollando desde una década en México.

Ciudadanas y ciudadanos de todo origen y estatus social estamos empezando a constituir un contrapeso significativo, aunque todavía frágil, a los poderes establecidos, abriendo dentro del marco legal - sea al nivel local, estatal como nacional – diversos espacios de debate, reflexión y proposición sobre temas de interés público como la salud, la cultura o la educación.

Uno de estos es el Espacio Nacional para la Incidencia de la Sociedad Civil en las Políticas Educativas, más sencillamente conocido como ICE (“Incidencia civil en Educación”), creado en 2003 desde la evidencia que la educación es el asunto de todos, y que la superación de la gravísima crisis actual requiere urgentemente de un compromiso activo por parte de cada ciudadana y ciudadano del país.

Hoy día están participando en ICE más de 30 organizaciones locales, regionales y nacionales, y participa en redes más amplias al nivel tanto nacional como internacional.

Uno de los tres ejes transversales de trabajo definidos por ICE – al lado de “Educación de Jóvenes y Adultos” y “Participación Social en Educación” - es el de “Educación Intercultural”: se trata un tema fundamental pero complejo, que está generando hoy en día bastante confusión, y hasta cierto rechazo por parte de diversos actores de la educación, y de la vida social en general, en nuestro país.

El propósito del presente artículo es intentar explicitar este tema y sus implicaciones de forma accesible a cualquier lector(a) con buena disposición, considerando que no puede ser un asunto que solo atañe a algunos especialistas y toca a unos componentes particulares de la población, sino que urge fomentar su apropiación por parte de todos las ciudadanas y ciudadanos sin distinción. Al mismo tiempo, se espera contribuir al debate ya abierto entre diversos actores tanto institucionales como no institucionales, y señalar  algunas líneas concretas de acción que importaría, según mi punto de vista, implementar y fortalecer en todos los campos de la acción educativa, cultural y social. Se encontraran en las Notas diversos elementos de aclaración, informaciones complementarias y sugerencias para profundizar algunos de los puntos abordados en el texto.

Estas reflexiones se refieren al contexto multicultural específico de México, y particularmente de Chiapas; sin embargo están desarrollando algunos principios generales que me parecen poder extenderse a muchos otros contextos[3].

Aunque se han beneficiado de las observaciones y sugerencias de diversas personas, las opiniones expresadas en estas líneas son de la responsabilidad exclusiva de su autor.

1. Definiciones y aclaraciones: cultura, multiculturalidad, dominación cultural, interculturalidad

Antes que todo, cabe aclarar que el termino “cultura” no se entiende aquí en su acepción discriminatoria, como algo que “poseen” unas personas o sociedades determinadas, las “cultas”, y otras no, las “incultas”; tampoco se pretende reducir a un campo limitado de la experiencia humana: el conocimiento académico, las “artes” oficialmente valoradas, el manejo del “buen lenguaje”, etc., excluyendo otros campos como las múltiples formas de expresión de los pueblos, sus saberes tradicionales y sus artes prácticos.

Cualquier persona, cualquier grupo social existente reciben en herencia, van  reelaborando, se reconocen y se definen por un conjunto dinámico de diversos elementos: costumbres, prácticas, códigos, normas, valores, pensamientos, creencias, sistemas de organización y de producción, formas de expresión y de comportamiento, etc., que constituyen su cultura[4].

No se encuentran culturas más ni menos complejas, validas o desarrolladas que otras; solamente culturas diferentes que merecen, por principio, el mismo respeto[5].

Decir que la sociedad humana es una sociedad multicultural (o pluricultural) no es más que reconocer este hecho. Otra cosa es considerar cuales son las relaciones que se dan entre las diversas culturas, lo que nos conduce a la cuestión de la interculturalidad.

Es una observación común que en la “era de la globalización” estas relaciones se hacen cada vez más estrechas y afectan la vida cotidiana de cada vez más individuos en el planeta.

Pero hay que preguntarse: el hecho de llevar una camisa hecha en China y un reloj hecho en Japón, de comer pizzas o hamburguesas, de escuchar música africana, de ver películas de la India, de chatear con personas al otro lado del océano y de soñar con el “American way of life” ¿a caso será esto una vivencia intercultural?

Se puede decir que sí, más solamente en el sentido más reducido y superficial del término: se trata aquí de la multiplicación de intercambios comerciales entre sociedades diferentes, pero perteneciendo o sometidas al mismo “primer” mundo, o sea al mismo modelo dominante “liberal” de “desarrollo” - intercambios en los cuales las diversas identidades culturales tienden a reducirse a simples mercancías o adornos folclóricos de mercancías.

Tal realidad no impide en absoluto - al contrario, es innegable que va favoreciendo - el crecimiento de múltiples formas de intolerancia, rechazo, segregación y desprecio en contra de formas culturales que no caben en este sistema, es decir: no tienen valor en el mercado internacional, o peor: constituyen unos núcleos de resistencia a la lógica mercantil según la cual algunos pretenden hoy en día apoderarse del planeta.

A fin de cuentas esta seudo-interculturalidad no es más que la máscara de la dominación económico-cultural brutal que esta ejerciendo el modelo “occidental”[6] sobre las demás culturas en el planeta, cada vez más gravemente amenazadas de extinción.

Importa entonces proponer una definición clara de lo que sería, en el sentido pleno del término, una relación intercultural entre diferentes sociedades, grupos o individuos: se trata de una relación simétrica y dinámica basada en el reconocimiento, la valoración, el diálogo y el enriquecimiento mutuo (lo cual no se reduce a lo económico) entre las diversas formas y manifestaciones de sus diversas culturas, consideradas como igualmente valiosas.

Esta definición activa va mucho más allá de la simple aceptación o “tolerancia”, como nivel mínimo y pasivo de reconocimiento: ella implica:

-          al nivel personal, una voluntad y un esfuerzo profundo de descentrar y despegarse de su propio punto de vista para abrirse al del otro - lo que no significa renunciar a su identidad propia, sino dar lugar a la alteridad[7];

-          al nivel político-legislativo-institucional, la implementación – y el respeto efectivo - de un conjunto de medidas que establezcan los derechos de los diversos individuos, grupos y pueblos, y garanticen su ejercicio efectivo en todos los aspectos de la vida pública[8];

-           y al nivel social, la realización de múltiples formas, no solamente económicas, de interacción conciente e intencionada entre ellos, que permitan la construcción de la sociedad global como una “supra-comunidad”, o comunidad de comunidades, valorando y aprovechando la diversidad de todos sus componentes.

Este último punto es de una importancia decisiva para marcar la diferencia entre un modelo intercultural y el modelo multicultural “comunitarista”, hoy día vigente en varios países, que sí pretende reconocer y respetar los derechos específicos de todos los grupos “minoritarios”, pero finalmente evita el diálogo y la interacción entre las diversas comunidades dentro de un marco común, y puede conducir a su encerramiento en “reservas culturales”.

En este sentido cabe afirmar que si estamos viviendo en un mundo multicultural, nos queda urgentemente por construir una sociedad humana verdaderamente intercultural[9].

El caso de México es ejemplar: es el de una nación que reconoce constitucionalmente su carácter multiétnico y multicultural, y la diversidad de sus lenguas nacionales, así como algunos derechos específicos de los pueblos indígenas u originarios que forman parte de su población; pero en el cual dichos pueblos, sus lenguas y culturas, siguen sufriendo en lo cotidiano una profunda opresión y discriminación, de carácter meramente colonial, que en muchos casos toman la forma del racismo más ciego.

Esta incongruencia se manifiesta de manera especialmente cruda en el contexto de Chiapas – uno de los Estados que cuenta con mayor población indígena, y con uno de los niveles más bajos de “desarrollo” en el país[10].

En esta situación la exigencia de interculturalidad se identifica – independientemente de cualquier postura ideológica, religiosa o partidista - como la de cumplir estrictamente con las leyes y los principios que rigen la Republica Federal, así como los diversos acuerdos que ha firmado al nivel internacional[11].

Cabe subrayar que no se trata en absoluto de un sueño utópico, sino de una exigencia ética y jurídica, y en el mismo tiempo de una necesidad histórica de adaptación a la realidad compleja del mundo contemporáneo; en este sentido se puede decir que le toca hoy en día a la sociedad “en general” cumplir una revolución que se ha realizado desde mucho tiempo (por lo menos parcialmente) en los sectores de la producción filosófica, científica, tecnológica o artística[12].

El campo educativo constituye obviamente un terreno decisivo para abrir caminos hacía una sociedad intercultural: por esta razón se trata aquí de educación intercultural; pero esto no significa que el tema se pueda considerar como “reservado” a la población escolarizada o estudiantil; más bien cabe considerar los espacios educativos (tanto formales como no formales) como los primeros en los cuales se ha de implementar el enfoque intercultural, con la perspectiva de extenderlo necesariamente a todos los espacios la vida social en México.

2. El enfoque intercultural en educación: siete implicaciones fundamentales

Conforme a la definición propuesta anteriormente, una educación intercultural sería una educación que promueve entre todos los actores (educandos, educadoras y educadores, directivos, administrativos, responsables y personales de las diversas instituciones tanto gubernamentales como no gubernamentales, autoridades políticas, religiosas y culturales, madres y padres de familia, etc.) involucrados en el proceso educativo - entendido en el sentido más amplio del término, y considerando todos sus espacios posibles de realización - una relación simétrica y dinámica basada en el reconocimiento, la valoración, el diálogo y el enriquecimiento mutuo entre las diversas formas y manifestaciones de sus culturas respectivas y de las que se encuentran en su entorno, así como de las demás culturas del planeta, consideradas como igualmente valiosas.

Para limitarnos al espacio formal de la enseñanza pública, cabe subrayar que dar un impulso decisivo a la implementación de una educación intercultural así entendida no requiere, como condición previa, de una transformación radical del sistema existente, sino más bien del cumplimiento en actos de algunos de los principios fundamentales que lo rigen – y que van sosteniendo, desde la Secretaría de Educación Pública, el loable trabajo de la hoy llamada Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe (CGEIB). Lo que sí requiere, sin lugar a dudas, es de una transformación profunda de actitud por parte de los promotores y actores de dicho sistema, empezando por el personal docente – sea de cultura mestiza o indígena - de cualquier nivel o especialidad.

En este sentido, la educación intercultural no puede ni debe entenderse como un capitulo particular, sino como un eje transversal, del propósito educativo general de la nación; en otros términos, la educación “a secas” no cumplirá con sus metas, y tampoco será capaz de superar la crisis profunda a la cual se enfrenta, mientras que no sea una educación intercultural.

Este punto de vista tiene, a mi parecer, siete implicaciones fundamentales, interconectadas sin orden jerárquico:

  1. Como eje transversal – estrechamente asociado a los de pertinencia, equidad, atención a la diversidad, educación en valores, educación para la paz, cooperación y educación para la vida – el enfoque intercultural traspasa necesariamente las fronteras entre niveles, disciplinas y materias o asignaturas, y tiene que orientar igualmente cualquier proceso específico de enseñanza-aprendizaje: sea tanto en el campo de la educación física o de las matemáticas como de la historia o de las lenguas.
  2. El enfoque intercultural exige dar un papel central a una enseñanza inter-lingüística, la cual tiene como primer objetivo, para los millones de hablantes cuya lengua materna no es la lengua nacional (o sea el español o castellano), el dominio práctico de un bilingüismo óptimo[13] abarcando las cuatro “habilidades lingüísticas” fundamentales[14] en las dos lenguas; lograr este objetivo implica que el planteamiento teórico-metodológico de dicha enseñanza sea basado en una problematización de las diferencias estructurales, funcionales, simbólicas y semióticas[15] entre las lenguas consideradas, en relación con la historia, el contexto cultural y los cimientos epistémicos[16] en lo cual está arraigada cada una de ellas.
  3. Asimismo, exige integrar una reflexión inter-epistémica sobre la diversidad de cosmovisiones, principios y procedimientos de construcción y transmisión de conocimientos y prácticas en la humanidad, haciendo hincapié en las convergencias y divergencias entre la episteme occidental y las que fueron elaboradas a lo largo de los siglos por los pueblos originarios[17].
  4. En este sentido, la educación bilingüe (o multilingüe) no puede ser más que un primer paso – imprescindible – hacía una educación intercultural. En otros términos: sería un error peligroso considerar que basta lograr los objetivos de un bilingüismo (o multilingüismo) óptimo para cumplir el propósito general de una educación intercultural.
  5. Ni la educación intercultural, ni la educación bilingüe o multilingüe, se pueden considerar como reservadas a l@s estudiantes indígenas: es asunto de tod@s l@s estudiantes de la nación mexicana[18].
  6. Las formas y los contenidos concretos de aplicación del enfoque intercultural en educación deben definirse en concertación estrecha con los portavoces culturales y/o las autoridades de las comunidades indígenas, a partir de las necesidades identificadas por ellos, y diversificarse en función de sus contextos socioculturales[19].
  7. En un contexto marcado, desde cinco siglos, por la profunda inequidad y asimetría entre una cultura dominante y unas culturas dominadas, la promoción de una educación intercultural pasa imprescindiblemente por una lucha por el reconocimiento, la ampliación y el respeto efectivo de los derechos – no solamente lingüísticos y culturales, sino sociales y políticos - de los pueblos originarios.

Al desatender cualquier de estos siete puntos, se expondría uno al peligro de debilitar profundamente el concepto de educación intercultural y la posibilidad de su implementación pertinente[20].

3. Hacía una práctica educativa intercultural: siete propuestas básicas dirigidas a l@s maestr@s

Se presentan a continuación siete propuestas básicas, interconectadas sin orden jerárquico, dirigidas a l@s maestr@s – tanto indígenas como no indígenas, trabajando con estudiantes tanto indígenas como no indígenas, a cualquier nivel del sistema escolar - para concretar la implementación del enfoque intercultural en su práctica educativa:

  1. Considerar las diversas lenguas y culturas no solo como vehículo, o recurso auxiliar, sino como objeto y fuente de enseñanza. Esto implica un profundo cambio de visión, de actitud y de práctica por parte de una mayoría de maestr@s indígen@s, quienes en su  quehacer cotidiano - incluido en el marco oficial de la educación indígena y bilingüe - solamente recurren a la lengua y al contexto cultural de sus alumnos para facilitar el acceso a los contenidos académicos de enseñanza en español. Este cambio requiere, por supuesto, por parte del personal docente, de un manejo satisfactorio de las cuatro “habilidades lingüísticas” fundamentales tanto en español como en la lengua de sus estudiantes; pero también de un cierto nivel de conciencia meta-lingüística, que permita entender las relaciones entre aquellas lenguas en referencia a su historia y su substrato cultural respetivo; del manejo de una estrategia pertinente de enseñanza orientada al bilingüismo coordinado dentro de un proyecto coherente de escuela[21]; y de un conocimiento sólido de las culturas consideradas – la mestiza y la(s) indígena(s) – que permita establecer sus elementos de convergencia y de divergencia. Sobre este punto, no se puede negar la ignorancia preocupante que tienen una gran parte de maestr@s indígenas de su propia cultura, tanto pasada como presente, y el desprecio cargado de vergüenza que manifiestan con respecto a ella[22]. Invertir esta tendencia pasa en primer lugar por una postura clara y comprometida en cuanto a la enseñanza bilingüe, pero va mucho más allá: el reto es reapropiarse su propia historia y reconquistar su dignidad indígena. La misma exigencia, en el caso de maestr@s no-indígenas y/o trabajando con estudiantes no-indígenas, implica reconocer plenamente, valorar y transmitir el papel histórico que han tenido y tienen los pueblos originarios, sus lenguas y culturas, en la construcción de la identidad nacional, incluyendo la propia identidad mestiza, lo que supone lógicamente un conocimiento serio tanto de las culturas prehispánicas, como de la historia colonial y postcolonial; una experiencia de la diversidad de las realidades socio-culturales actuales; y un acercamiento por lo menos básico a por lo menos una de las lenguas indígenas principalmente habladas hoy en día en su región.
  2. Replantear la enseñanza de la historia desde una perspectiva descentralizada, pluralista y dialéctica, dando lugar a la visión de cada uno de sus actores y componentes – tanto los “vencidos” como los “vencedores”[23] – afín de sensibilizar l@s estudiantes a la diversidad de puntos de vista sobre los acontecimientos históricos, así como de las normas, costumbres, sistemas de derechos y deberes y modelos de ciudadanía que rigen hoy en día las diferentes comunidades étnico-socio-culturales coexistiendo dentro del marco nacional.
  3. Abrir sistemáticamente, en relación directa con la vivencia cotidiana en el aula – y especialmente a partir de los conflictos que surgen en el curso de ésta -, no tanto espacios formales de “educación en valores” entendida en un sentido moral y normativo, sino más bien espacios informales de discusión y problematización de los diversos valores y modelos culturales que están en juego en el comportamiento de l@s estudiantes. En otros términos: promover un ejercicio constante de democracia estudiantil, en el cual objetivos tan esenciales como los de fomentar el respeto a la diversidad, la cooperación mutua, la equidad de género o la cultura de paz, se puedan poner en práctica desde la experiencia propia de l@s estudiantes, tomando en cuenta los diversos puntos de vista que tienen sobre ella[24].
  4. Aplicar estrategias y metodologías didáctico-pedagógicas que integren no solamente el modelo occidental de enseñanza-aprendizaje – el cual, privilegiando el primero de estos dos términos, esta centrado en la figura del maestro, como transmisor de conocimientos académicos ya elaborados, fuera de todo contexto, frente a alumnos-receptores más o menos pasivos, y va fomentando el individualismo y la competitividad entre ellos –, sino también las formas tradicionales de construcción y difusión de conocimientos en los pueblos originarios – en las cuales no se encuentra un “maestro” en el sentido occidental del término (que no tiene un equivalente literal en las lenguas indígenas), sino más bien un acompañante o “acercador”, facilitando un proceso de aprendizaje centrado en la experiencia práctica del aprendiz como sujeto interactuando con su entorno, y promoviendo la cooperación con los demás[25]. Cabe subrayar que las corrientes pedagógicas “modernas” del siglo XX, por la mayor parte surgidas en el mundo “desarrollado” como alternativas a una crisis reconocida del modelo dominante equivocadamente nombrado tradicional, presentan una convergencia impresionante con estas prácticas arraigadas en una verdadera tradición[26].
  5. Proponer sobre todas las materias/disciplinas/asignaturas del programa curricular una perspectiva epistemológica comparativa, o sea relativizar el modo “occidento-céntrico” (engañosamente presentado como universal) de concebir, organizar y presentarlas, introduciendo otros modos posibles (como por ejemplo el sistema vigesimal prehispánico en matemáticas, o el sistema glífico en lecto-escritura); asimismo, a un nivel más general, buscar identificar con sus estudiantes las divergencias y convergencias fundamentales entre la lógica occidental y la lógica no occidental (especialmente la que rige la cosmovisión y el pensamiento de los pueblos originarios), tal como se van aplicando a los diversos campos – tanto prácticos como teóricos - de la experiencia humana[27]
  6. Buscar sistemáticamente, acorde al modelo constructivista propuesto en las recomendaciones y programas oficiales de la Secretaría de Educación Pública[28] una contextualización de los contenidos de los programas y de los materiales didáctico-pedagógicos en uso, a fín de constituir puentes dialécticos entre los conocimientos académicos y la experiencia cotidiana de l@s estudiantes - lo que implica por parte de l@s educador@s un esfuerzo no solamente de adaptación, sino también de creación, apoyándose en los recursos materiales y humanos que ofrece el contexto mismo de la comunidad[29].
  7. Asociar lo más estrechamente posible, como co-educadores, los padres y madres de familia, así como diversos otros actores de las comunidades a las cuales pertenecen l@s estudiantes, en este replanteamiento del propósito educativo, y su implementación concreta dentro y fuera del aula, de manera a restablecer una conexión e interacción permanente entre los procesos escolares formales basados en los lineamientos oficiales y los procesos sociales no-formales de enseñanza-aprendizaje basados en las tradiciones comunitarias.  

Cabe subrayar que cualquiera de estas siete propuestas básicas puede ser introducida - a un nivel y de forma variable según los contextos - en la práctica educativa cotidiana, sin esperar una revolución institucional. Obviamente, no se trata de convertir de una vez, mágicamente, una educación radicalmente no-intercultural en una educación integralmente intercultural: más bien de realizar, progresivamente, algunos pasos cada vez más significativos desde una visión clara del horizonte que se pretende alcanzar. Lo cierto es que no se puede posponer bajo ningún pretexto la urgencia de unos cambios profundos, cuya responsabilidad toca en primer lugar a l@s maestr@s, tanto indígenas como mestiz@s, de nuestro país. Mucho se puede, y se tiene que hacer, hoy mismo, en el marco del aula, por difíciles que sean las condiciones presentes. Esto no elimina, por supuesto, la necesidad de luchar para la implementación de algunas medidas decisivas a todos los niveles del sistema educativo. Cabe mencionar, entre las más urgentes:

- la elaboración de mapas curriculares coherentes respecto al enfoque bilingüe e intercultural[30];

 - la implementación de un programa nacional de capacitación y de actualización del personal docente (con sus imprescindibles adaptaciones contextuales);

- la constitución de un catálogo, sistemáticamente organizado, de los materiales didáctico-pedagógicos pertinentes hoy disponibles, así como el fomento a la creación de nuevos, y su puesta a disposición de l@s maestr@s del país[31];

- la reorganización consecuente de escuelas completas, desde el nivel preescolar hasta el medio-superior;

- y la revisión crítica de los sistemas y procedimientos hoy vigentes de evaluación[32].

4. Incidir desde la sociedad civil: siete líneas de acción para promover la integración del enfoque intercultural en el campo de la educación tanto formal como no formal, y en la vida social en general

Se propone a continuación siete líneas de acción que puede implementar cualquier organización o grupo de organizaciones de la sociedad civil, que pertenezca o no a la red nacional ICE:

  1. Integrar el enfoque intercultural en la definición de su propia misión y visión, sus principios de organización y de comunicación interna, su metodología de análisis e interpretación de las problemáticas socio-culturales sobre las cuales se pretende intervenir, y sus estrategias de acercamiento a, y de cooperación con los diversos actores involucrados en las acciones que va desarrollando. Tratándose de organizaciones de origen y de composición no-indígena, dedicadas a intervenir en contextos indígenas, esta integración es una de las condiciones necesarias para evitar el error (bastante frecuente) de armar propuestas descontextualizadas, regidas por una visión externa y unilateral de las situaciones, poco respetuosa del punto de vista de l@s “beneficiari@s” supuest@s de su intervención, y del papel que tienen los demás actores en los sistemas de organización y de decisión comunitaria. Esta recomendación vale no solamente para organizaciones que trabajan en el campo estrictamente educativo, sino para todas las demás, trabajando en campos tan diversos como la alfabetización de adultos, el desarrollo sustentable, la resolución de conflictos, la promoción de la salud, la acogida a personas víctimas de violencia intrafamiliar, o la defensa de los derechos humanos en general[33]. Su implementación implica, por supuesto, una política adecuada y consecuente de formación y de capacitación del personal de la organización[34]. Valdría la pena proponer la redacción de un pacto entre las organizaciones comprometidas a integrar el enfoque intercultural, tomando ejemplo en el que se firmó en Chiapas sobre el tema “Cero violencia contra las mujeres”[35], y establecer una matriz de autoevaluación que permita medir concretamente que tanto estamos “interculturactuando”, o sea integrando este enfoque en nuestra organización y su práctica cotidiana[36]. Unos de los productos directos de esta integración serían los materiales educativos y otros, adaptados o más bien creados por la misma organización respecto a este propósito.
  2. Contribuir, por sus medios propios y en referencia a su campo específico de trabajo, a la construcción de un modelo de intervención intercultural, mediante la investigación y documentación de las prácticas socioculturales de las poblaciones con las cuales está interactuando, así como la sistematización y difusión de su experiencia.
  3. Sensibilizar por todos los modos posibles a las demás organizaciones y a la sociedad civil en general sobre el tema, difundiendo las informaciones, las experiencias y los materiales disponibles, y organizando eventos específicos o aprovechando eventos ya inscritos en las agendas públicas[37].
  4. Ejercer dentro del marco de los derechos democráticos una presión propositiva sobre los responsables de las diversas instituciones educativas – empezando, como madres y padres de familia, por las escuelas que están atendiendo a nuestras hijas y nuestros hijos - para exigir el cumplimiento de la ley en materia de educación bilingüe e intercultural.
  5.  Ejercer de la misma manera una presión propositiva sobre los responsables políticos, directivos de diversas instituciones públicas, etc. para exigir y controlar el cumplimiento de las leyes en materia de  atención a la diversidad de los ciudadanos – especialmente la Ley general de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, que, por ejemplo, hace obligación a las instituciones judiciales o médicas de atender a los usuarios en su propia lengua. Este ejercicio puede incluir un procedimiento de “contraloría social”[38].
  6. Impulsar e implementar acciones de sensibilización y capacitación dirigidas a l@s maestr@s, educador@s, directivos y personales administrativos del sistema de Educación Pública, así como al personal de las instituciones públicas y de las organizaciones civiles, a padres y madres de familia, y al público en general[39].
  7. Crear y animar espacios específicos de convivencia intercultural, que permitan intercambiar puntos de vista, conocimientos tanto teóricos como prácticos, usos, costumbres, productos, obras, etc. procediendo de fuentes culturales diversas, aprender y gozar conjuntamente de aquellos, contribuir a la construcción necesaria de una matriz de reflexión inter-epistémica, y co-tejer algunas realidades interculturales significativas que puedan tener un impacto público[40].

El conjunto de propuestas que acabo de presentar no tiene otro propósito que de contribuir a un debate que espero lo más amplio y abierto posible. Al momento de concluir esta contribución, me parece adecuado quedarnos con la metáfora del tejer, que representa la práctica intercultural deseable, posible y necesaria, como una actividad de creación artesanal colectiva.


[1] Centro de Iniciativas LATERAL, Colectivo por una Educación Intercultural, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas - marcgeorgesklein@yahoo.com.mx.

[2] Véanse la Ley Federal de Fomento a las Actividades Realizadas por Organizaciones de la Sociedad Civil, 2004.

[3] En el marco de este artículo se contempla la problemática de la interculturalidad en su aspecto más preocupante hoy en día en México: la relación entre una cultura dominante: la “mestiza”, fundamentalmente basada en el modelo “occidental”, y unas culturas dominadas: las “indígenas”. Existen dos aspectos más, que no se han abordado aquí, pero que también merecerían atención: la relación entre el conjunto complejo que constituyen hoy en día las culturas mexicanas y el dicho modelo occidental en su cara anglosajona, y las relaciones tanto pasadas como presentes entre las diversas culturas indígenas.

[4] Para profundizar el planteamiento del concepto de cultura desde la perspectiva de la antropología simbólica, véanse Geertz Clifford: Conocimiento local: ensayos sobre la interpretación de las culturas, Paidós Ibérica, 1994.

[5] Esta postura ética de respeto no implica la aceptación ciega de cualquier actitud, costumbre o comportamiento por parte de cualquier persona, comunidad o sociedad, bajo el motivo de su “legitimidad cultural”. Se encuentran en diversos países, incluido en México, múltiples casos, obviamente intolerables, de violación de leyes y derechos fundamentales, engañosamente justificados por los “usos y costumbres” de alguna comunidad minoritaria. Más también se encuentran múltiples situaciones, en las cuales la supuesta “ley general” no es más que el sistema de defensa y perpetuación de la cultura (y sobre todo, de los intereses) de una minoría o mayoría dominante. El Estado francés, por ejemplo, nos está dando hoy en día, con el caso del velo islámico, un ejemplo lamentable de intolerancia cultural bajo el motivo de defender el triple principio de “laicidad”, de “integración republicana” y de “dignidad de la mujer”: esta forma de crispamiento inmoderado por parte de las autoridades publicas no sirve, sino para agudizar tensiones intercomunitarias y estigmatizar la cultura islámica, echando leña a la tesis nefasta de un “choque de civilizaciones” promovida por Samuel Huntington y otros apóstoles de una nueva cruzada del Bien contra el Mal.

En los contextos multiculturales cada vez más complejos que conocemos, y frente a todas las formas de manipulación, cabe entonces, más que nunca, mantener con los ojos abiertos esta postura ética de respeto – siempre y cuando se trata de respeto mutuo – como la condición básica de un diálogo productivo; y este diálogo productivo como la condición básica de una negociación eficiente para asegurar una convivencia  intercultural.

[6] Se utiliza aquí por comodidad el término: “occidental”, comúnmente empleado - aunque, a mi parecer, inadecuado - para nombrar el modelo socio-económico-cultural en general, y educativo en particular, hoy en día dominante en el planeta (incluido en países orientales). Sin embargo hace falta identificar con precisión lo que se pretende designar bajo este calificativo, y examinar desde una perspectiva histórica la configuración actual del dicho “modelo occidental”, sin eludir las múltiples contradicciones y formas de heterogeneidad presentes abajo de su aparente homogeneidad.

[7] Sobre el concepto de “alteridad” desarrollado por Emmanuel Levinas, véanse Aguilar López José María: Trascendencia y alteridad. Estudios sobre E. Levinas, Universidad de Navarra, Pamplona, 1992, y García González Juan: Introducción a la filosofía de Levinas, Cuadernos de Anuario Filosófico, Navarra, 2001. En el contexto iberoamericano sería interesante confrontar este concepto con el de “otredad” - término que por tener aparentemente el mismo significado no se refiere a la misma experiencia existencial - utilizado por Octavio Paz (véanse Prasad Ganguly Shyama: La recepción india y la otredad en la poesía de Octavio Paz, Actas del XIV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Nueva York, 2001).

[8] Por supuesto, considerar los derechos propiamente culturales de los diversos componentes de una sociedad o de una nación, independientemente de los derechos sociales, económicos, políticos, etc. que deben necesariamente respaldarles, no es más que un engaño.

[9] Véanse Schmelkes Sylvia, "Multiculturalidad e interculturalidad", in Educación, ciudadanía e interculturalidad. Memoria del I Foro Latinoamericano de Políticas Públicas y Educación. Coord. M. A. Rodríguez, Coordinación General de Educación Intercultural Bilingüe, Secretaría de Educación Pública, México, 2005. pp. 33-37.

[10] El concepto-modelo occidental de “desarrollo”, con su pendiente paradigmático de “subdesarrollo”, y los criterios e instrumentos de medición que se refieren a ellos, así como las desastrosas políticas públicas tanto nacionales como internacionales que se han ido aplicando desde esta perspectiva durante unos decenios, han dado lugar a un profundo trabajo de deconstrucción crítica que no se puede ignorar. Véanse Escobar Arturo: La invención del Tercer Mundo. Construcción y deconstrucción del desarrollo, Ediciones Norma, Bogotá, 1998, y Sachs W. editor, Diccionario del Desarrollo. Una guía del conocimiento como poder, PRADER, Perú, 1996 (especialmente las contribuciones de Gustavo Esteva sobre “Desarrollo” y de Ivan Illich sobre “Necesidades”).

Para un acercamiento a la realidad paradójica del “subdesarrollo” en Chiapas, tal como la perciben sus habitantes (“Chiapas es el Estado más rico del país, y es donde más pobreza hay. ¿Por qué?”), véanse Tinoco Rolando y Bellato Viviana (coordinadores): Representaciones sociales de la pobreza en Chiapas, Secretaría de Desarrollo Social y El Colegio de la Frontera Sur, México 2006.

[11] Al nivel nacional, véanse la Ley General de Educación, artículo 38: ”La educación básica en sus tres niveles tendrá las adaptaciones requeridas para responder a las características lingüísticas y culturales de cada uno de los diversos grupos indígenas del país, así como de la población rural dispersa y grupos migratorios” (1993), y la Ley general de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, artículo 11: “Las autoridades educativas federales y de las entidades federativas, garantizarán que la población indígena tenga acceso a la educación obligatoria, bilingüe e intercultural, y adoptarán las medidas necesarias para que en el sistema educativo se asegure el respeto a la dignidad e identidad de las personas, independientemente de su lengua. Asimismo, en los niveles medio y superior, se fomentará la interculturalidad, el multilingüismo y el respeto a la diversidad y los derechos lingüísticos” (2003).

Al nivel internacional, véanse entre otros el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) (1990), y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, aprobada por su Asamblea general en septiembre de 2007.

[12] De hecho, no se trata solamente de considerar que el mundo presente sea más complejo – en el sentido común del término - que el pasado, lo que no es tan cierto; es la categoría misma de “realidad”, y con ella las bases del pensamiento humano, que tenemos que revisar desde el “paradigma de la complejidad”, tal como lo plantea Edgar Morin en referencia a la “teoría general de los sistemas” propuesta por Ludwig von Bertalanffy en medio del siglo XX (véanse von Bertalanffy L.: Teoría General de los Sistemas, FCE, México, 1998, Roger Ciurana Emilio: Edgar Morin. Introducción al pensamiento complejo, Universidad de Valladolid, España, 1997, y Martínez Miguélez Miguel: Necesidad de un Nuevo Paradigma Epistémico, Universidad Simón Bolívar, Venezuela, http://prof.usb.ve/miguelm/necesidadpe.html). La aplicación de este paradigma en el campo educativo se encuentra expuesta de manera brillante en Morin Edgar: Los siete saberes necesarios para una educación del futuro, Unesco, Paris, 1999. De este punto de vista, la integración del enfoque intercultural no representa más que un componente entre otros de la necesaria “multidimensionalidad” del pensamiento. (Sobre la categoría de lo “epistémico” véanse más adelante la nota 14)

[13] Los especialistas han definido varios paradigmas que permiten organizar diversas tipologías de las formas de bilingüismo. Considerando la relación entre lenguaje y pensamiento, en el bilingüismo “subordinado” una lengua es la dominante y las palabras de la lengua no dominante se interpretan a través de las palabras de la lengua dominante; en el bilingüismo “compuesto” una palabra con un significado debe pasar por una traducción para poder ser expresada en otro idioma, y la adquisición de los dos códigos se hace en contextos iguales; mientras en el bilingüismo “coordinado” no se precisa la traducción, es decir que se trata de dos códigos independientes, cuyo aprendizaje se realiza en contextos distintos: para una palabra el sujeto dispone de dos significantes y dos significados posibles, manejando las dos lenguas, sin ninguna interferencia, como si fuera monolingüe  en cada una de de ellas (véanse Weinreich U.: Language in contact. Findings and problems, Linguistic Circle of New York, 2da edición Mouton, La Haya, 1968). Considerando la competencia alcanzada en cada uno de los idiomas, en el bilingüismo “dominante” el usuario domina mejor un idioma que otro, mientras en el bilingüismo “equilibrado” el usuario tiene una competencia similar en ambas lenguas. Considerando el prestigio sociocultural de las lenguas, en el bilingüismo “sustractivo” o “desigual” la lengua materna pierde espacios a medida que se desarrolla la segunda lengua, así que el proceso lleva el sujeto a una competencia monolingüe en aquella (lo que está pasando en muchas comunidades indígenas con el castellano); mientras en el bilingüismo “aditivo” o “igualitario” las capacidades que se adquieren en la segunda lengua no implican la pérdida de las adquiridas en la primera. Además, considerando el nivel de conocimiento adquirido en cualquier de la dos lenguas, se hace la distinción entre un conocimiento “incompleto” o “superficial” (que se limita a una fluidez en el manejo cotidiano de la lengua) y un conocimiento “completo” o “profundo” (que implica una conciencia lingüística y una proficiencia académico-cognitiva de la lengua).

Así que un bilingüismo óptimo tendría que ser coordinado, equilibrado, aditivo e igualitario, con un conocimiento completo de las dos lenguas (véanse sobre estas tipologías Signoret Dorcasberro Aline: Bilingüismo y cognición: ¿Cuándo iniciar el bilingüismo en el aula?, Perfiles educativos, año/volumen XXV, num. 102, UNAM, 2003, pp. 6-21).

Véanse también Grace L. Jarvis: “Un modelo de bilingüismo: una alternativa educativa para la interculturalidad”, FIAPE, Primer Congreso Internacional “El español, lengua del futuro”, Toledo, 2005 (www.aulaintercultural.org/IMG/pdf/jarvis.pdf) y Cansigno Gutiérrez Yvonne: “El bilingüismo en los contextos lingüístico y cognitivo”, ReLingüística Aplicada num. 4.

[14] Se consideran generalmente cuatro “habilidades lingüísticas” (dos “receptivas” o “de comprensión”: escuchar y leer con entendimiento, y dos “productivas” o “de expresión”: hablar y escribir con sentido) como componentes fundamentales de la “competencia comunicativa” de un sujeto, la cual abarca, además, habilidades “pragmáticas”, “socioculturales” y “discursivas”. Cabe observar que en este modelo muy esquemático, no se toma en cuenta la diversidad de las modalidades de articulación entre los sistemas de oralidad y de escrituralidad según las lenguas y culturas, tampoco el papel fundamental de las habilidades para-verbales y no-verbales - lo que constituye, según mi punto de vista, una doble carencia bastante preocupante, y un ejemplo lamentable de generalización ilegitima de la visión occidental.

[15] Las diferencias entre las lenguas tienen que ver al nivel estructural con su forma de organización, al nivel funcional con su  modo de desempeñar diversas funciones comunicativas, al nivel simbólico con su estatus dentro de las diferentes culturas, y al nivel semiótico con sus mecanismos propios de producción de significación y de sentido.

[16] Los cimientos epistémicos de una cultura – lo que Michel Foucault llama “socle épistémique” – serían el conjunto de presupuestos fundamentales, tanto concientes como no concientes, que determinan su “episteme” o modo de ver, vivir y pensar el mundo en un periodo determinado (como se habla por ejemplo de la “cosmovisión Maya”), y constituyen la base de las diversas prácticas simbólicas de dicha cultura - prácticas que abarcan los diversos lenguajes y sistemas de producción y transmisión de sentido (véanse Foucault Michel: La arqueología del saber, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 2002). El nivel epistémico es entonces más profundo y más amplio que el nivel epistemológico, que solo considera los principios y las condiciones de producción del conocimiento como tal en las prácticas “científicas”. En este sentido la reflexión estrictamente epistemológica, que supone una ruptura fundadora entre dichas prácticas y las consideradas “no científicas”, pertenece exclusivamente a la episteme occidental: no es cierto que tenga valor en otras. Los diversos presupuestos epistémicos se pueden subdividir en presupuestos “ontológicos” (que atañen al “ser” o a la constitución del mundo), “gnoseológicos” (que orientan la teorización), “pragmáticos” (que atañen a los procedimientos que orientan la experiencia) y “mitológicos” (que relacionan todos estos elementos dentro de una matriz narrativa) – pero tal forma de clasificación lógica también es exclusiva de la episteme occidental. El reto fundamental de la interculturalidad para la inteligencia humana es precisamente poder considerar las relaciones inter-epistémicas desde una perspectiva que no sea limitada y falseada por las categorías de una episteme particular – es decir llegar a una visión meta-epistémica.

[17] No contamos hoy en día con una matriz general de problematización inter-epistémica, o sea un marco de referencia en lo cual se identifiquen de forma comparativa las categorías fundamentales que constituyen los cimientos epistémicos de las culturas consideradas, que permita sustentar y fundamentar una reflexión seria sobre la diversidad intercultural en todos sus aspectos, y construir de manera consecuente propuestas educativas mixtas (es decir: que aprovechen y articulen aportaciones de las dos culturas contempladas). Su elaboración constituye sin lugar a dudas una tarea urgente. Algunos miembros del Colectivo por una Educación Intercultural presentaron en 2009 al Programa de Apoyo a la Investigación en Educación de Personas Jóvenes y Adultas del CREFAL (Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe) un proyecto de investigación que pretendía contribuir a este objetivo, bajo el titulo: “Aportaciones significativas de las formas de construcción de conocimiento indígena a la educación de jóvenes en el marco de la diversidad cultural de Chiapas”. Se mencionaba en el argumento: “La gran mayoría de jóvenes escolarizados en Chiapas están sometidos a un modelo educativo no contextualizado, basado en una visión “integradora” y homogeneizadora, que desprecia – o niega - las lenguas y culturas propias de los pueblos originarios,  así como sus modos tradicionales de educación comunitaria. La base fundamental de esta propuesta se sustenta en que de manera general los modelos educativos influenciados por la visión occidental de la educación privilegian el individualismo y el uso principalmente de elementos cognitivos –“la razón o el pensamiento”- como base para el aprendizaje, mientras que las comunidades indígenas utilizan diversas estrategias vinculadas más a lo experiencial, lo oral o lo colectivo, entre otras. El proyecto propone por tanto, la elaboración de un diagnóstico y la sistematización de estrategias comunitarias que se utilizan en contextos indígenas, para la construcción de conocimientos que permitan proponer estrategias educativas a los procesos de formación de jóvenes en la región. La sistematización de las prácticas comunitarias permitirá construir un corpus epistémico metodológico intercultural, que será la base para la elaboración de un manual de estrategias educativas, el diseño de un programa de formación docente y la elaboración de recomendaciones de políticas públicas para mejorar la educación de jóvenes en la región.” Este proyecto no tuvo la suerte de ser aceptado.

[18] Véanse Schmelkes Sylvia, "La educación intercultural para toda la población", Memoria del foro ciudadano Formación y actualización de docentes y su relación con la equidad y la calidad en la educación, Contracorriente, Puebla, 2003, pp. 123-141.

[19] Un ejemplo particularmente relevante es el de la “pedagogía de la comunalidad” desarrollada estos últimos años en Oaxaca por la Coalición de Maestros y Promotores Indígenas de Oaxaca. Véanse Mena Patricia, Muñoz Héctor y Ruiz Arturo: Identidad, lenguaje y enseñanza en escuelas bilingües indígenas de Oaxaca, Universidad Pedagógica Nacional, Oaxaca, 2000, y Meyer Lois, Maldonado Benjamín, Ortiz Ortega Rosalía, y García Víctor Manuel (coordinadores): Entre la normatividad y la comunalidad. Experiencias educativas del Oaxaca indígena actual. Oaxaca, México, Fondo Editorial, IEEPO, 2004. También la revista Educación Comunal, num.1, CSEIIO, Oaxaca, diciembre de 2008.

[20] Cabe observar de este punto de vista que el incumplimiento, por parte del gobierno federal mexicano, de los acuerdos sobre Derechos y Cultura Indígena firmados en 1996 en San Andrés Larrainzar entre sus representantes y los del EZLN – acuerdos que implicaban una modificación de la Constitución reconociendo a los pueblos indígenas como entidades de derecho público – va contradiciendo profundamente las múltiples declaraciones firmadas por el mismo gobierno, y afecta de sospecha todas las políticas públicas implementadas bajo el eslogan de la interculturalidad.

[21] Se han documentado, y parcialmente sistematizado, varias experiencias desarrolladas en diversos Estados del país. Véanse Experiencias innovadoras en educación intercultural,  CGEIB-SEP, México, volumen 1, 2004, y volumen 2, 2006. Véanse también la Memoria del Encuentro de experiencias significativas en Educación Intercultural Bilingüe, realizado en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas en 2008 (www.ined.edu.mx/). Dicho encuentro ha dado lugar a un esfuerzo concertado de definición de los conceptos de “experiencias significativas” y de “experiencias innovadoras”, así como de elaboración de  criterios de análisis, por parte del Colectivo por una Educación Intercultural y de la CGEIB. Cabe subrayar que en esta dinámica de intercambio de experiencias se ha logrado abrir un diálogo fecundo entre los representantes de diversas instancias gubernamentales, y los promotores de algunos proyectos educativos autónomos desarrollados en Chiapas.

[22] Esta observación no tiene que ser recibida como ofensiva. Es obvio que la desvaloración de su propia cultura por una gran parte de los docentes, “intelectuales” y responsables políticos indígenas - como una forma de “internalización del opresor” y de estrategia de sobrevivencia, que se encuentra lamentablemente en muchos otros pueblos del planeta - es producto de cinco siglos de dominación cultural brutal. Sin embargo no se puede ocultar la responsabilidad histórica de aquellos “caciques ilustrados” en cuanto al peligro de extinción que están corriendo hoy en día sus lenguas y culturas propias (véanse por ejemplo Pineda Luz Olivia: Caciques culturales – El caso de los maestros bilingües en los Altos de Chiapas, Altres Costa-Amic, Puebla, 1993).

[23] Véanse León-Portilla Miguel (introducción, selección y notas): Visión de los vencidos, Relaciones indígenas de la conquista, Biblioteca del Estudiante Universitario, UNAM, México, primera edición 1959. En el contexto de Chiapas, un ejemplo destacable de presentación histórica bilingüe desde la visión maya se encuentra en De Vos Jan: Kibeltik / Nuestra raíz, Ciesas, Ed. Clio, México, 2001.

[24] Esta propuesta va más allá de la que se está difundiendo en diversos ámbitos bajo el nombre de “filosofía para niños”. Cabe  aclarar que utilizando aquí, como en otras partes de este documento, el término “democracia”, no pretendo proyectar un modelo (occidental) específico de organización socio-política; pido entenderlo en su sentido básico de “poder compartido entre todos”, lo que puede abarcar diversos modelos no-occidentales de organización y de toma de decisiones. (Un ejemplo que merece una atención crítica es el del “gobierno estudiantil”, que constituye un elemento clave de la estrategia desarrollada desde 25 años en Colombia por el movimiento “Escuela Nueva”.)

[25] Véanse Maurer Ávalos Eugenio: Manual del Diplomado en lengua y cultura tseltal y lengua y cultura nacional, Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe, SEP, 2006 – especialmente el Prólogo. Otros ejemplos relevantes se pueden encontrar en los dos volúmenes dedicados a Experiencias Innovadoras en Educación Intercultural mencionados en la nota 20.

[26] Se alude aquí a corrientes y conceptos de referencia ya “clásica” – aunque todavía no verdaderamente integrados en los sistemas de educación pública - como la escuela moderna, la educación activa, la pedagogía cooperativa, el constructivismo, la educación desescolarizada, la educación popular, la enseñanza situada, o la educación para la vida. Pero algunas de las “innovaciones” más recientemente aparecidas en el pensamiento educativo occidental  (como el modelo de inteligencias múltiples, el planteamiento de una educación desde y para la diversidad, o el de una eco-educación) también se encuentran asombrosamente en acuerdo con los principios que rigen las prácticas educativas tradicionales en los pueblos originarios. Nos falta urgentemente un estudio sistemático de tales convergencias.

[27] Tratándose específicamente de un acercamiento a las culturas mayas, y de la revolución epistémica que implica para una conciencia occidental, son imprescindibles los diversos trabajos de Carlos Lenkersdorf. Para el diseño fundamentado de una propuesta educativa concreta, cabe destacar el planteamiento que propone Armando Verdín Galán en: P’ijyo’tan: pedagogías indias, Fondo para el Desarrollo de la Educación Intercultural Bilingüe, San Cristóbal de Las Casas, proyecto 2007-2008 (www.pijyotan.org.mx). Entre los muchos materiales que se han elaborado en Guatemala, véanse por ejemplo: Manual de Cultura Maya e Interculturalidad,  Proyecto multiplicador de educación maya bilingüe intercultural, Dirección general de Educación Bilingüe Intercultural, Guatemala 2007.

[28] Véanse Programa Nacional de Educación 2001 – 2006, SEP, México, primera edición, 2001, o Aspectos Básicos a considerar en la elaboración de Cursos Estatales de Actualización, Subsecretaría de Educación Básica y Normal, SEP. México, 2002.

Para un análisis crítico de la congruencia del programa de la SEP con el constructivismo, ver Guevara Yolanda (en colaboración con Silvia Macotela): Escuela: del fracaso al éxito, Edición Pax, México, 2005, pp. 124 y siguientes.

[29] Véanse por ejemplo lasTarjetas de autoaprendizaje para los pueblos indígenas mayas elaboradas en Chiapas por los educadores comunitarios de la Unión de Maestros de la Nueva Educación (UNEM) con la participación de educadores ch’oles, tseltales y tsotsiles del Programa de Educación Comunitaria Indígena para el Desarrollo Autónomo (ECIDEA).

[30] Se trata de un tema eminentemente complejo y delicado. La necesidad de la construcción autónoma de un currículo alternativo de educación indígena ha sido subrayada en los diversos Congresos Nacionales de Educación Indígena, así como, al nivel internacional, en la Declaración de Oaxaca sobre la Educación Indígena en América (2006). Hoy en día están trabajando en esto diversas instancias, tanto dentro como fuera de la Dirección de Educación Indígena (véanse por ejemplo las propuestas del Colectivo Muuch’ Kaanbal en Yucatán, o del programa ECIDEA y de la UNEM en Chiapas), pero todavía falta mucho para su generalización y su implementación – necesariamente diversificada según los contextos - en todo el sistema de educación indígena. Y falta mucho más para la elaboración y la implementación de un verdadero currículo bilingüe e intercultural (apenas esbozado en algunos lugares, como las pocas Universidades Interculturales establecidas en el país) en todos los niveles, en todas las escuelas y para todos los estudiantes - tanto indígenas como no indígenas – de México. Además la cuestión ineludible de la articulación necesaria entre un currículo renovado de “educación indígena” para l@s estudiantes indígenas, y un currículo renovado de “educación intercultural” para tod@s l@s estudiantes del país, aparece hoy en día sumamente conflictiva. Entre una postura “indigenista” radical - que considera el tema del currículo intercultural como una “nueva trampa”, destinada a debilitar y diluir la exigencia de respeto a los derechos culturales (y otros) de los pueblos originarios, y finalmente a dar el último toque a una ya larga política de integración-asimilación, y una postura “interculturalista” radical – que considera, al revés, el tema del currículo indígena como una forma especialmente peligrosa de reforzar la marginación histórica de los pueblos originarios, queda bastante camino por recorrer antes de llegar a un consenso.

[31] Cabe destacar, en este sentido, el proyecto “Manos a la obra”, lanzado en junio del 2009 conjuntamente por la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, la Dirección General de Educación Indígena, Innovación Educativa (INED) y el Colectivo por una Educación Intercultural, con el objetivo de conformar un catálogo nacional de los materiales existentes para la educación bilingüe y/o intercultural, tanto en el campo formal como en el campo no formal, y de fomentar la creación, experimentación, adaptación y difusión de nuevos materiales (informaciones: manosalaobra@inali.gob.mx).

[32] Existen argumentos serios para considerar que la prueba ENLACE (Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares) está basada en una lógica a la vez asimilacionista y discriminatoria, que no respeta la identidad cultural de l@s estudiantes indígenas, sus lenguas y sus modos propios de aprendizaje y desarrollo, aplicándoles unos formatos de evaluación descontextualizados e incongruentes.

[33] Se encuentran en todos estos campos casos innegables de fracaso por falta de contextualización desde una perspectiva intercultural: entre otros, valdría la pena evaluar desde este punto de vista el impacto de las diversas campañas de alfabetización que se han ido llevando a cabo tanto al nivel nacional como al nivel estatal.

[34] Un número creciente de las que se dedican a atender personas indígenas se están enterando de esta necesidad, pero esta conciencia no se ha generalizado aún en las administraciones públicas de justicia, de salud, etc. En este sentido cabe mencionar el esfuerzo recientemente dedicado por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) a la formación, capacitación y profesionalización de intérpretes y traductores de lenguas indígenas en materia jurídica.

[35] Este Pacto fue firmado el 11 de julio 2008 en San Cristóbal de Las Casas por más de treinta colectivos y organizaciones, contando con un número muy reducido de instituciones públicas.

[36] Una matriz de este tipo, elaborada por Educreando A.C., fue difundida y experimentada por los miembros del Colectivo por una Educación Intercultural durante el V Encuentro Regional ICE realizado en Mayo de 2008 en la escuela Pequeño Sol, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, sobre el tema “Construyendo comunidad en un mundo multicultural”. Este instrumento está actualmente en curso de reelaboración.

[37] El Festival Internacional de Educación para la Vida (informaciones: www.educacionparalavida.org.mx.) organizado anualmente desde 2005 en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, por el Colectivo por una Educación Intercultural, integra explícitamente este enfoque como uno de sus ejes transversales. Además de las numerosas propuestas específicas que está desarrollando en el campo de la educación y de la formación docente, el mismo Colectivo, o cualquiera de las organizaciones que lo conforman, se van aprovechando de diversos eventos o celebraciones que pueden implicar muchos otros actores - como el Día del Libro, el Día Internacional de la Lengua Materna o el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo - para llevar a cabo acciones concretas de sensibilización intercultural. Actualmente está elaborando un catálogo de propuestas de sensibilización, de formación y de capacitación intercultural, dirigido tanto a los personales de las organizaciones de la sociedad civil y de las instituciones de educación pública, como al público en general. Cabe subrayar que su estrategia de difusión del enfoque intercultural no está basada en discursos académicos o moralizantes, sino en propuestas lúdicas, participativas y creativas, que puedan “tocar el corazón” de cada quien. Unos ejemplos de estas propuestas se encuentran en el manual Técnicas y dinámicas para la Educación Intercultural, publicado en 2006 con apoyo de Ecosur bajo la coordinación de Antonio Saldívar Moreno y con la colaboración de diversos miembros del Colectivo.

[38] El derecho que tiene cualquier ciudadan@ u organización de la sociedad civil de armar un ejercicio de contraloría social está definido y garantizado por la ley. El objetivo de tal ejercicio es averiguar el cumplimiento de sus obligaciones por parte de la autoridad pública, sea municipal, estatal o federal. El núcleo chiapaneco de ICE, en lo cual está participando el Colectivo por una Educación Intercultural, está actualmente armando un ejercicio de contraloría social sobre el dispositivo nacional de la prueba ENLACE, con objetivo de averiguar su pertinencia en contextos comunitarios y su conformidad respecto a los derechos lingüísticos y culturales de los pueblos indígenas.

[39] Cabe subrayar la importancia del enfoque intercultural en acciones de fortalecimiento de personas o grupos socialmente vulnerables, e “invisibles”, como son por ejemplo los migrantes. Muy relevante en este sentido es el proyecto interinstitucional e intersectorial FOMEIM (Fomentar y mejorar la educación intercultural para migrantes) respaldado por la CGEIB.

[40] Tal fue el propósito del espacio informal abierto en 2008 en San Cristóbal de Las Casas bajo el nombre de “telar intercultural” o “sjalel kujlejaletik” (telarintercultural@googlegroups.com). La misma metáfora del tejer está inspirando el proyecto de creación teatral intercultural con jóvenes “Artejo”, lanzado en 2009, que todavía se queda por concretar.