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Coordinador: Armando Verdín Galán Contacto: pijyotan@yahoo.com.mx |
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Cultura Aproximaciones al concepto de cultura.
Tal vez sea "cultura" uno de esos conceptos escurridizos que difícilmente pueden asirse en una definición. No obstante es fácil constatar que casi cualquier persona tiene acceso, aunque sea de manera intuitiva, a su significado.
¿Es o no definible el concepto de cultura? ¿Es necesaria una definición para saber a lo que nos referimos cuando usamos este término? ¿Podemos entendernos cuando en un diálogo intercultural hablamos de cultura si cada quien (cada teoría) aporta un significado distinto de ésta? ¿Cómo decidiríamos el significado y el contenido de las prácticas sociales (y del diálogo y conversación transcultural e intercultural) sin un concepto de cultura que sirviera como clave para su interpretación?
Este planteamiento no es trivial, como se desprende de los cuestionamientos que hace Marshall Sahlins en el documento titulado A Brief Cultural History of Culture, preparado para la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo, agosto de 1994.
Hay además significados fosilizados en el uso cotidiano que fragmentan la comprensión de 'cultura', como aquellos que la ven como un mercado de artesanías, o sólo como los productos de la actividad artística como la música, la danza, la poesía, la literatura, entre otros.
Entre la gran diversidad de interpretaciones de 'cultura' encontramos inclusive el movimiento de la contracultura. ¿Cómo podría alguien oponerse a la cultura sin generar cultura desde la cultura misma? ¿O será que no hay cosa tal como "cultura", sino prácticas y contenidos culturales, de modo que un tipo de práctica cultural pueda competir con u oponerse a otro?
Si el ámbito al que se aplica 'cultura' puede ser tan variado como para referirse a cualquier práctica social como "cultura del respeto", "cultura de la impunidad", "cultura de la corrupción", "cultura del trabajo", etc., ¿cómo extraer de estas prácticas tan contrastantes rasgos que las hagan comunes para poder entender a qué se refiere 'cultura' en cada caso?
También podemos encontrar, entre muchas otras formas de usar 'cultura', aquella que la ve como una entidad inmaterial (y tal vez sin contenido propio) a la que se recurre para explicar y justificar casi cualquier tipo de fenómeno o de evento. Si se pregunta por el significado de una acción o de un objeto mostrado por una persona, porque contrasta con lo que nos es familiar, respondemos que se debe a la "cultura". Es como si se tratara de dos cosas distintas: la acción y el objeto, por un lado y una entidad de tipo causal que se llama 'cultura', por el otro, de la que se deriva cualquier explicación. Una repuesta de este tipo nos da la sensación de haber comprendido de lo que se trata dicha acción o dicho objeto, sin necesidad de indagar más por el término 'cultura'.
Muy probablemente, entonces, podríamos suponer que 'cultura' puede ser un término que no necesita definirse para poder seguir usándolo, incluso, para llevar a cabo un estudio sistemático de la cultura.
De cualquier forma, quien necesita temporalmente una definición, encontrará numerosos trabajos que la definen desde diferentes perspectivas. Cabe resaltar la propuesta por Clifford Geertz (1973) en su libro La interpretación de las culturas.
Dificultades para una caracterización de la cultura.
El tener que emplear la lengua para la definición de cultura, es tal vez una de las dificultades más sobresalientes que enfrentamos; en otras palabras, una definición de cultura sólo es posible a partir de una de sus manifestaciones, en este caso, el lenguaje escrito u oral que es un aspecto o elemento del fenómeno que se intenta definir.
De manera más específica: si un concepto de cultura pretende hacer referencia a la totalidad de las prácticas humanas o a la totalidad de las formas de vida de un pueblo, entonces dicha definición resulta paradójica o por lo menos falaz, pues se estaría empleando un aspecto (el lenguaje), el cual forma parte de la totalidad que se intenta definir (cultura).
Otra dificultad se enfrenta al suponer, en la construcción del concepto, la existencia objetiva de hechos universales o particulares a los que una definición pudiera hacer referencia y que, incorporados en tal definición, pudieran ser reconocidos por cualquiera que tuviera acceso a dicha definición, con lo cual se puede incurrir en la falacia naturalista; esto es, si se afirma algo a nivel conceptual, es porque existe en a realidad.
A sí pues, la caracterización misma de cultura representa una problemática que hay que saber plantear, desagregar e intentar resolver para avanzar en el análisis cultural y en la conversación intercultural.
Un posible intento de solución podría sugerirse a partir de la apertura de un marco supracultural de carácter regulativo y abarcador, a partir del cual pudieran contrastarse las definiciones particulares de cultura. Sin embargo este camino no es viable pues implicaría recurrir, de igual modo, a un supralenguaje y a una suprarealidad que validaran cualquier intento de definición.
Entonces lo que tenemos para iniciar nuestro estudio y caracterización de ‘cultura’ son recursos más modestos y restringidos a tradiciones particulares o sistemas lingüísticos específicos, toda vez que no tendría caso hablar de metacultura, metalenguaje o metarealidad.
No sería posible, bajo estos presupuestos, aceptar una definición de cultura como “el conjunto de todas las formas de vida y expresiones de una sociedad determinada. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestirse, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias”.
No es viable, además de lo ya dicho, por dos razones complementarias:
a) no sería posible describir, interpretar, explicar y comprender “todas las formas de vida y expresiones de una sociedad determinada”, aunque se hiciera un esfuerzo serio por lograrlo, tal vez sólo parte de ese “todo” inabarcable podría ser considerado por el análisis cultural y esto sólo de un fragmento de tiempo;
b) es posible que de “todas las formas de vida y expresiones de una sociedad específica” haya algunas que no sean, en principio, de esa “sociedad determinada”; es decir, que gran parte de lo que se considera propio de una sociedad pueda tratarse de “un préstamo” de otra; es decir, que muchos de los contenidos llamados culturales de un pueblo sean, de hecho, aspectos asimilados de otras tradiciones o aspectos en proceso de asimilación.
La dificultad de la mayoría de las definiciones consiste a hacer referencia a la “totalidad” de lo que sea; por ejemplo, hay quienes afirman que la cultura “es toda la información y habilidades que posee el ser humano que resultan útiles para su vida cotidiana”. Pues sabemos que “toda la información y habilidades” no son en realidad todas las que posee o pudiera poseer; pero más que eso, no habría “el ser humano” que poseyera “toda la información y todas las habilidades que resultan útiles para su vida cotidiana”, aunque su vida cotidiana fuera poco compleja.
Como en el caso anterior, siempre habrá más información y habilidades de aquellas que un solo individuo pueda utilizar en la vida cotidiana; además de que hay conocimiento y habilidades que son desconocidas por grupos enteros de personas de una misma sociedad.
Proponemos otros dos intentos plausibles de solución a esta problemática, uno tiene que ver con el uso y los recursos del lenguaje de los que disponemos. Dado que no es posible prescindir de éste, entonces desde el mismo identificamos una posible solución. Una definición de cultura sólo es posible mediante una sinécdoque; pues se trata de una definición del todo por la parte. Si esto se hace extensivo a cada uno de los aspectos o componentes culturales, podría decirse que la política nos permitiría caracterizar la cultura, del mismo modo que lo haría la economía, la religión, la educación, entre otras.
Para que esta manera de proceder fuera posible, se tendría que asumir una postura holográfica en contraposición de las posturas de totalidad, desde la que se afirma que el todo está en la parte y la parte está en el todo; o desde una perspectiva donde se acepta que el todo y la parte son del mismo tamaño. El paradigma holográfico y el recurso de la sinécdoque nos ayudarían a superar lo paradójico y lo circular de las definiciones de cultura con las cuales se trabaja en la actualidad en el análisis cultural.
La segunda alternativa de solución podría encaminarse por la ruta de lo intercultural y lo transcultural, sin suponer la existencia de una "definición" previa de cultura, sino llegar a ella mediante el análisis inter- y transcultural. En este caso, se tendría que aceptar que las culturas no están cerradas o plegadas en sí mismas, sino que la historia y los contenidos de éstas ocurren a través de una inter- y una transformación culturales.
Así pues, la construcción conceptual de ‘cultura’ requiere definir el horizonte de experiencia humana desde el cual se arriesga una definición; es decir, es conveniente especificar el universo cultural para el cual la caracterización de cultura es válida, y el aspecto y momento a partir de los cuales la definición es o no pertinente.
Armando Verdín Galán |